Un arco sin paz

La contratación de un golero por parte de los aurinegros se transformó en un teleatro en el cual desfilaron varios actores y del cual se desconoce el final

Peñarol jamás imaginó que aquella tarde. Era Liverpool el rival. Era un viejo conocido el golero a vencer. El aurinegro fue una y otra vez. Pero no pudo con Juan Guillermo Castillo. La gente pasó de mirarse incrédula a buscar dirigentes en el Palco a los cuales insultar. La salida fue un pandemonium para los presididos por Juan Pedro Damiani. Los hinchas no entendían cómo Castillo atajaba en Liverpool y ellos estaban penando por sus goleros. A partir de ese momento se instauró el síndrome de un arco que no tiene paz.

El cuerpo técnico solicitó un golero con nombre propio: Pablo Migliore. Se habló de que se pretendía tener el puesto cubierto por un hombre de experiencia y, sobre todo, con fuerte personalidad.

Cuando lo escucharon se abrió el grifo. Empezaron a llover ofrecimientos desde todos lados. Golero que andaba en la vuelta, golero que le ofrecían al carbonero.

Las fichas fueron cayendo como un juego de dominó. La primera intención, al menos de los dirigentes, fue volver a contar con Castillo. Pero se lo llevaron a México.

Luego la telenovela de Migliore. Cuando parecía alejarse levantaron el teléfono para preguntar por Sebastián Sosa. Pero la lesión del titular de Boca alejó a los carboneros. Entonces las miradas apuntaron a Marcelo Barovero, de Vélez, que recaló en River Plate. Después se pusieron fichas a Mauricio Caranta, ex Boca, pero desembarcó en Rosario Central.

El desconcierto era generalizado. También anduvo en la vuelta el paraguayo Justo Villar y hasta se mencionó a Mariano Andujar. La interminable lista contó con el local Martín Campaña, pero desistieron porque les avisaron que luego de los Juegos Olímpicos emigra. Y también desfilaron Javier García, Nereo Champagne y Nicolás Navarro.

En medio de toda esta locura saltó Fabián Carini que puso en twitter: ““Sería bueno que

alguien me lo dijera”. Y luego declaró: “Estaría bueno que me lo digan (si no lo quieren). Hasta este momento no me lo han dicho. Lo que sé, me enteré por la prensa. Trataré de estar bien y si llega alguien de último momento tengo que estar preparado para tener algo encaminado”.

Como el tiempo pasó y el golero no llegó, como por arte de magia aparecieron voces diciendo que Peñarol tenía el puesto cubierto. Entonces, aquellos que no servían (Carini, Gelpi y Lerda) pasaron a ser insustituibles.

Claro que, ante tanto rumor, apareció una nueva bomba: Carini interesa en el exterior. ¿Quién lo quiere? Primero Cerro Porteño, que ya contrató al hijo del Gato Fernández. Y ahora dicen que Instituto de Córdoba quiere a Carini. Los diarios de la referida ciudad ni se enteraron y la Gloria (como le dicen al club) jugó un amistoso con Julio Chiarini en el arco. En medio de todo este entuerto Chiarini desconcertó a todos diciendo: “Mi representante me dijo del interés de Peñarol”. Que locura. La verdad, inentendible desde todo punto de vista.

Pero el arco de Peñarol parece no estar cerrado. El club teme que Carini emigre y los tres palos queden desamparados porque Gelpi está en los Juegos Olímpicos y queda Lerda, que es el tercer golero y al que pretendían rescindirle el contrato.

Por si fuera poco en las últimas horas se sumó el nombre de Enrique Bologna, golero de Unión de Santa Fe.

El síndrome sigue instalado. El arco de Peñarol no tiene paz.


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