Un año después, cayó

La Federación Inglesa sancionó a John Terry por racismo; una perla más para una carrera marcada por borracheras, estafas y hasta una increíble mejicaneada

El zaguero de Chelsea John Terry se disculpó el jueves con Anton Ferdinand, futbolista de Queen’s Park Rangers. Durante un año juró que no le profirió insultos racistas en el partido que jugaron en octubre del año pasado. Pero la investigación de la Federación Inglesa (FA) determinó lo contrario. 

El caso de Terry ocurrió ocho días después del de Luis Suárez con Patrice Evra.

¿Por qué tanto tiempo de diferencia entre una sanción y otra?

Porque el caso de Terry pasó directamente a la justicia ordinaria tras la denuncia de un hincha que permanece en el anonimato.

Ahí, el argumento de Terry pareció convincente: “Solo me limité a repetir lo que Ferdinand me dijo”. En julio fue absuelto por falta de pruebas.

La única consecuencia que sufrió el zaguero fue perder la cinta de capitán de la selección de Inglaterra.

La decisión fue trágica para los ingleses: su entrenador, Fabio Capello, renunció y el equipo quedó afuera en octavos de la Eurocopa. 

Pero después de que la justicia se expidiera, la FA comenzó su investigación.

“Siento que la Federación, acusándome de cargos por los que ya fui absuelto ante un tribunal, hace insostenible mi posición en la selección nacional”, expresó Terry el mes pasado.

Para la FA la justificación del futbolista resultó “artificiosa” y “poco plausible”.

El informe de 63 páginas que elaboró hace dos semanas fue abrumador. Y la sanción contundente:  €  277 mil y cuatro partidos de suspensión.

Terry dejó correr el plazo de apelación y finalmente ayer renunció a su defensa.

El futbolista se expresó en un comunicado. Dijo sentirse “decepcionado” por la decisión de la FA pero confesó que sus palabras no fueron las más acertadas “a pesar del contexto”.

Terry no tenía antecedentes en materia de insultos racistas pero sí tiene un amplio prontuario que demuestra su agresividad, tanto dentro como fuera del campo de juego.

En 2001, cuando apenas llevaba tres temporadas en primera (debutó en Chelsea en 1998 con 17 años), protagonizó una riña junto a sus compañeros de equipo Frank Lampard, Eidur Gudjohnsen y Jody Morris contra turistas estadounidenses en un hotel de Heathrow, una zona de Londres.

Los futbolistas estaban borrachos y no se les ocurrió mejor idea que burlarse del atentado de las Torres Gemelas, el 12 de setiembre, es decir al otro día del acto terrorista. El club los sancionó a los tres con dos semanas de retención de salarios. 

En enero de 2002, Terry fue acusado de agredir a un seguridad de un club nocturno.

En 2007 Inglaterra quedó afuera de la Eurocopa al perder con Rusia y Croacia. Después se supo que los jugadores anduvieron de farra en plena competencia. La banda se juntó por el cumpleaños de Shawn Wright-Phillips en un club de strippers.

¿Quién dio la nota? Acertó: Terry –que estaba lesionado de una rodilla y se la pasó bailando– bebió de más y terminó vomitando y orinando en el suelo del local. 

En 2009 el diario News of the World informó que Terry organizaba visitas guiadas al estadio de su club, Stamford Bridge, en el cual cobraba € 11.280 a los turistas. Los periodistas se hicieron pasar por visitantes y lo retrataron en un video.

Y como todo eso le parecía poco, en 2010 no se le ocurrió mejor idea que mantener una relación con la novia –la modelo francesa Vanessa Perroncel– de otro futbolista, Wayne Bridge. ¿Cualquier jugador? No. Se trataba de su mejor amigo y también de la mejor amiga de su esposa. Eso a Terry le costó la capitanía de la selección en el Mundial de Sudáfrica 2010. Un detalle insignificante en la escala de valores de su moralidad.


Fuente: El Observador

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