Torgnascioli, el arquero paciente

La historia de un largo peregrinaje hasta llegar a convertirse en el meta menos vencido

En la cancha de Saladero se generó el problema. “Yo no voy más al arco, que ataje otro”, disparó el botija. Y todos se miraron incrédulos. Entonces, como no había solución porque nadie se ponía los guantes, el técnico disparó para convencerlo: “Si atajás te prometo que entrás un rato a jugar en cancha”.

El plan se puso en marcha pero chocaron con otra salida inesperada: “Me aburría en el arco y, además, cada vez que me hacían goles me calentaba y lloraba”. Fue la realidad de la cancha la que terminó marcando el destino: “me ponían de lateral y ni la tocaba”.

El futuro de Franco Torgnascioli estaba marcado. Pero lo que jamás imaginó fue el sacrificio que le planteó la carrera para convertirse en el golero menos vencido de un campeonato que está a cinco fechas de poder ganar.

“Empecé en el baby de Saladero de Salto hasta que con 10 pasé a Peñarol donde jugué hasta los 15. Luego me fui a Ferrocarril. No llegué a jugar en Primera en Salto pero iba al banco. Cuando estaba en Peñarol jugaba de mañana en la Sub 14 y luego iba al banco de primera”, rememora Torgnascioli en charla con El Observador.

En el año 2007 Danubio se cruzó en su camino. Lo fueron a buscar para una prueba y quedó.

“Fui a la casita de Danubio donde estaba la madre del presidente de juveniles Daniel Linder, Ester, la vieja como le decíamos nosotros, que fue como una madre. Mis padres, para dejarme venir, habían puesto como condición que tenía que estudiar. Pero aquel primer año fue complicada la adaptación”.

Vieja, yo me voy
Franco se traslada en el tiempo para rememorar sus primeros pasos en la capital. No quería ni subirse a un ómnibus. “Fue todo complejo. Cambiar de ciudad, no vivir en casa, era todo muy diferente, me fue mal en el estudio. Todos los años arrancaba el liceo pero me quedé en quinto”.

Y agrega: “Es todo muy diferente, criado en el interior, allá estudiaba y el fútbol era secundario. Acá el fútbol era un trabajo. En Salto tenía moto, acá andaba caminando, no todo el mundo toma ómnibus en el interior. La familia, no vivir en tu casa, vivir con gente que no conocés”.

Como habrá sido la cosa que un día llamó a su casa: “Llamé a mi vieja y le dije que me volvía, pero ella me dijo aguantá que algún día te vas a arrepentir. No jugaba y era suplente. El titular medía dos metros y me acuerdo que le decía ‘mirá mamá, acá no atajo nunca más’.

De cuadro en cuadro
Cuando cumplía su segundo año de Cuarta división, Franco fue ascendido al primero como tercer golero. Eran tiempos donde el arco tenía como dueño a Esteban Conde y el suplente era Mauro Goicoechea.

El tema es que cuando se fue Conde el club trajo a Javier Irazún y para el siguiente semestre
desembarcó Diego Pérez por lo que las posibilidades de jugar fueron nulas. “Me tocaba un partido cada mil años”, recuerda. Y buscó una salida.

“En aquel entonces tenía representante y me dijo de la posibilidad de jugar en Boston River. El tema es que estaba Gonzalo Salgueiro y no jugué ni un partido. Entonces volví a Danubio donde el Pecho Sánchez me pidió que me quedara. Llegó (Juan Ramón) Carrasco y quedé como suplente pero cuando asumió Leo Ramos contrataron a Juan Castillo y volví a pedir para salir”.

El peregrinaje lo llevó a entrenar dos semanas en Miramar y acordar su incorporación a Cerrito. “Me voy a préstamo con la condición de atajar pero el técnico me dijo que empezaba Sergio Migliaccio y que al tercer partido agarraba yo, pero le dije que no eran las condiciones acordadas. En Boston River se enteraron y me llamaron”.

Después de aquel año tuvo la opción de enrolarse en Racing pero Danubio lo llamó porque se iba Goicoechea.

El dueño del arco
Hasta que la venta de Ichazo lo sorprendió porque pasó de tercer golero a la titularidad.

“El Pipa (Rodríguez, entrenador de goleros) me había dicho que me querían dar la confianza si se iba Salvador. Y cuando se fue me cumplieron”, dijo Torgnascioli.

De aquel pasado con llantos de niños al presente pasó mucho tiempo. El golero con cara de niño se consolida en el arco. En los últimos meses realizó un curso intensivo de maduración. Aprendió a convivir con las dificultades.

Por ejemplo a no cobrar: “No estábamos acostumbrados a esto. El club te pagaba incluso antes de fecha. Pero ahora hay problemas. Danubio más allá de que no está al día cuando lo precisamos nos respondió, nos dieron adelantos”.

También a la bronca de la hinchada con el técnico Leonardo  Ramos: “La pintada en su contra son momentos jodidos. Y la pelea del otro día (con el seguridad del club Raúl Píriz) me sorprendió, a cualquiera lo puede sorprender un lío interno”.

Otra dificultad fue la enfermedad de Tabárez: “En principio nos golpeó. Que a un compañero y amigo le pase eso mata, pero nos brindó fuerza para salir a pelear por él”.

Torgnascioli vive el presente  de líder del Clausura con tranquilidad. “Yo no soy el golero menos vencido, yo soy el que defiendo los tres palos del arco de Danubio, nada más. Acá el secreto es la unión”.

Yo no soy el golero menos vencido, yo soy el que defiendo los tres palos del arco de Danubio, nada más”.
En mi debut no me sentía nervioso, tenía una ansiedad tremenda”.
Jugar contra los brasileños fue una experiencia. Me sorprendió la contundencia. No te perdonan”.
Franco Torgnascioli
Golero de danubio


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