Tony pasó del cielo al infierno

Antonio Pacheco vivía su mejor día en un año tras su regreso a Peñarol, había convertido un gol, pero se fue con una fractura de tibia y peroné con desplazamiento

No es solo el llanto de su madre, Ana, quien llora desconsolada tras hablar con los médicos de Peñarol antes de que lo suban a la ambulancia que lo trasladaría a Casa de Galicia. Se nota un ambiente feo, como de velorio. No murió nadie, pero en la vuelta de Antonio Pacheco a Peñarol, en su día más esperado, se fracturó la tibia y el peroné en un choque fortuito con el panameño Eric Davis.

Llora mucha gente en el estadio. Jóvenes, veteranos, gente de Peñarol, pero, sobre todo, gente de fútbol que lo fue a ver a él más que al partido.

Fue el propio Tony que le avisó a quien tenía más cerca, el técnico de Fénix, Eduardo Favaro. “¡Me quebré, Lolo, me quebré, pará el partido!” Y ahí empezaron los gestos desesperados del entrenador rival para avisarle al árbitro.

Fue en el fatídico minuto 42 después de haber dado una asistencia para el primer gol y de hacer el tercero para el 3-1 transitorio. A partir de allí comenzó el día más negro en la historia futbolística de Pacheco.

Lo que había comenzado como la mayor fiesta aurinegra de los últimos tiempos, pasó a ser una jornada de tristeza. Todos se dieron cuenta enseguida en el estadio que el Tony se había fracturado. Justo él quien nunca sufrió en su toda su carrera lesiones complicadas. Justo ahora, a sus 36 años. Justo en su momento más feliz.

La fiesta
Entró muy serio al vestuario en su llegada al Centenario. Fue el primero en ingresar al camarín. Con el correr de los minutos se acercó mucha gente que quería verlo solo a él. Como sucedió el pasado 13 de julio cuando lloró conmovido ante las 500 personas que lo fueron a recibir en su regreso a Los Aromos.

Memo, su amigo del alma, apareció con el hijo del Tony, Benjamín para que su padre se diera el gustazo de entrar con él a la misma cancha. Sin chupete, este rubio tirando a alemán que es Benjamín solo atinaba a chuparse el pulgar de su mano derecha vestido con una campera negra en la que atrás estaba escrito “carbonero”. Empezó a impacientarse con el paso de los minutos, hasta que vio que papá era el primero que salía del vestuario con el brazalete correspondiente y se tiró a sus brazos.

A un lado, Américo Signorelli, el primer vestuarista que tuvo el periodismo deportivo uruguayo y declarado manya, –tal como hizo en Los Aromos aquel día– fue a ver a Pacheco. Con sus 78 años a cuestas volvió al vestuario, pero solo para saludar a su último ídolo.

A la hora 15.31, un minuto después de lo que estaba pautado para empezar el partido, Pacheco pisó el césped del Centenario. Dos minutos más tarde, la Ámsterdam coreó su nombre con decibeles históricos.

También llegó el momento de retratarse con Fernando Morena en un homenaje que le tributaron quienes hicieron la película “120”.

El delegado aurinegro, Jorge Barrera, le pidió que se tomara una foto con su hijo Juan Pablo de tres años.

Y empezó el partido más esperado por Tony en el último año. Y a los 22 minutos llegó su primer tiro al arco y fue gol. ¿Qué más se podía pedir?

La tristeza
Ese minuto 42 quedará en el peor de los recuerdos. Fue en el que comenzó el dolor de todo el Centenario. Porque hasta los hinchas rivales respetaron el momento.Cuando lo acercaron a la ambulancia, los propios suplentes de Fénix se acercaron a ver el grado de la lesión y dejaron de calentar. Se quedaron varios minutos alrededor del jugador de Peñarol.

Tony fue trasladado con una mueca de dolor a Casa de Galicia a la que comenzaron a llegar futbolistas y amigos del fútbol. Adrián Romero y el Chino Recoba de Nacional, Martín García, el Pato Aguilera, José María Franco Richard Núñez, Hugo Parga y el Lolo Estoyanoff. El presidente de Peñarol, Juan Pedro Damiani, dijo que “estamos tratando de mantener la tranquilidad pero con un dolor muy grande. Fue una tarde negra, empezó todo como una fiesta, pero estos son los imponderables que tiene el deporte. Estuve charlando un rato con Tony, pero va a ser campeón en este campeonato”.

El Dr. Alfredo Rienzi explicó que “es una fractura de tibia y peroné con desplazamiento. Se trata de una lesión grave, pero por las características lo llevaremos al Británico para operarlo allí. Es una lesión similar a la que tuvo Morena. Va a poder volver a jugar al fútbol, pero son varios meses de recuperación, alrededor de cuatro a seis. La edad no significa que tenga más tiempo de recuperación.”

Luego fue trasladado al Hospital Británico en el que el lunes será intervenido quirúrgicamente a la hora 8.

La operación la llevará a cabo el Dr. Daniel Mattera y consistirá en colocarle un clavo de Küntscher, tal como hicieron en 1983 con Morena. 

La camiseta número 8 se volverá a tomar unas vacaciones más en Peñarol.


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