Tony pagó la entrada

En un partido malo, que Peñarol sentenció en 15 minutos ante un rival que no fue al estadio, el gol de Pacheco le devolvió la alegría perdida a la gente que lo terminó ovacionando

Hay cosas que solo puede explicar el sentimiento. No hay lluvia, no hay viento, no hay temporal. No existe el jugue mal, gane o pierda. Es sentimiento. Peñarol desembarcó en el Centenario con moretones por el golpe recibido en Guayaquil. El partido con Cerro Largo tenía escasa convocatoria.

Un encuentro, al margen de la obligación del aurinegro de elevar la autoestima, difícil para motivarse con ese entorno.

Pero el equipo de Da Silva marcó la cancha de entrada. Ejerció una presión poco habitual. Arriba. Conocedor de que su rival asume el excesivo riesgo de querer salir jugando siempre. Y lo indujo al error.

A los cinco minutos ya generó la primera con una pelota que bajó Olivera para el remate desviado de Gallegos.

Y 10 minutos después marcó el primer gol en una acción que fue la constante de los primeros 25 minutos: presión de Peñarol y errores de la defensa arachana.

Un simple centro superó a Leites y se lo comió Flores en su intento por despejar. La pelota le quedó servidita a Olivera para marcar la apertura.

Entonces el juego pasó de partido de campeonato a ritmo de entrenamiento. Es que Cerro Largo faltó a la cita. No fue al Centenario. Padeció una especie de miedo escénico pocas veces visto. La realidad la desnudó su propio entrenador, Danielo Núñez, al decirle a sus dirigidos en el entretiempo: “miren que el partido ya empezó, por si no se dieron cuenta”. Pero ya era demasiado tarde...

Después de un remate de Núñez, el único junto con De Oliveira que mostró rebeldía, Peñarol liquidó el partido.

En la hora Olivera recibió de espaldas, pivoteó y lanzó a Aguirregaray que fue al fondo y tocó al medio para la llegada de Pacheco.

No fue un gol más. Fue el gol que devolvió el dinero de la entrada. El tanto del ídolo eterno que después de un año volvía a sonreír y llorar de la emoción.

Y se terminó la historia. El segundo tiempo fue una eterna siesta, un aburrimiento. El partido fue rematadamente malo.

Al margen de la innumerable cantidad de cambios que debió realizar Peñarol, el equipo sigue sin convencer. Jugó bien apenas 25 minutos donde ejerció una presión acorde a un cuadro grande.

El resto del partido fueron puras imperfecciones y malas entregas en los pases. Todo centralizado y con escaso juego por las bandas.

Cómo habrá sido la cosa que lo más emocionante del segundo tiempo fue la polémica expulsión de Bologna.

¿Qué conclusiones se pudo llevar Da Silva de un encuentro  que empezó por el campeonato y terminó como práctica?

Escasas. Apenas sirvió para levantar un poco la moral y devolver un poco de la tranquilidad que el equipo había perdido. Es que el regreso de Guayaquil tuvo turbulencias. Las declaraciones del presidente Damiani dieron que pensar.

A favor de Da Silva juega el hecho de la gran cantidad de bajas de jugadores importantes que tiene el equipo: Zalayeta y Estoyanoff, los más renombrados.

Pero claro, con Peñarol siempre queda latente esa interrogante de saber cómo puede reaccionar el equipo ante un rival armadito y con otro poder ofensivo.

Por ahora los números le cierran. Sigue primero en la tabla Anual y pelea el Clausura. Pero deberá mejorar mucho.

El sábado Pacheco devolvió el dinero de la entrada. Y como hay cosas que solo el sentimiento puede explicar, la gente se retiró con  rostro de felicidad.


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