Tony Pacheco: el mejor de los últimos 20 años

Su idilio con el hincha de Peñarol le valió a Antonio Pacheco ser distinguido por su trayectoria

En 20 años pasa muchísimo. Varios de los protagonistas que ocupan estas páginas no habían nacido en 1994, o eran niños que solo conocían la pelota como un juguete, y no podían entender nada del fútbol profesional en el que hoy están inmersos.

Hace 20 años Antonio Pacheco era un pibe como Ichazo, Velázquez, Álvez, De Arrascaeta o Jonathan Rodríguez. Intentaba ganarse un lugar en un Peñarol de grandes, que acababa de cortar su peor sequía de siete años sin títulos. Lo dirigía Gregorio Pérez y había jugadores de la talla de
Pablo Bengoechea, Darío Silva o Gabriel Cedrés. Y empezaba a colarse un pibe, de pelo largo y desparpajo.

Fue en la Copa Conmebol de 1993, en la que el aurinegro puso a la Tercera porque la Primera estaba de gira por Europa. Allí empezó a demostrar talento: la clase vendría después, para convertirse en pieza clave desde 1995, y entrar en la historia como figura del segundo quinquenio del club en 1997.

Hay algo en este tipo de ídolos. Como Morena en su momento: quedan tan impregnados en la historia del club que es difícil despegarse y brillar en otro lado. Pacheco se fue a Europa en 2001, pero su carrera nunca despegó más allá de dos años en Albacete, entre 2004 y 2006. Antes jugó en Inter y Espanyol. Después en Málaga, Alavés y Gimnasia y Esgrima.

Pero en ningún lugar generó el amor incondicional de Peñarol. Eso, que es lógico con los ídolos, va más allá con Tony. Porque es un poco más que amor lo que generó una cruzada de indignación
cuando el DT Diego Aguirre le dijo que no lo quería más. Es un poco más que amor la ovación que recibió cuando entró con Wanderers a enfrentar a su exequipo. ¿Cuándo la hinchada de Peñarol ovacionó a alguien con otra camiseta?

En realidad no tenía otra camiseta. Por encima quizás sí, pero su corazón nunca dejó de ser amarillo y negro, y por eso su vuelta fue inexorable. Por encima de la voluntad de cualquier dirigente o entrenador, o de hasta de él mismo: era una cuestión del destino.

Quizá el Tony no haya sido el más talentoso de los últimos 20 años y el Chino Recoba lo haya superado. Quizá Pablo Bengoechea haya sido más decisivo para el quinquenio, el hito más importante del fútbol uruguayo en estos 20 años. Quizá Pacheco tampoco haya sido el más decisivo de los carboneros en el vicecampeonato de la Libertadores 2011.

Pero muchas cosas de Pacheco están más allá de él mismo. Porque generó una estatura de símbolo que lo excede.

Por eso sigue siendo una pieza fundamental, a pesar de que tras el histórico 5-0 ante Nacional en el Clausura –anótele otro hito– dijo que era su último clásico.

El Tony persona no podía decidirlo, porque el Tony ídolo es algo que va más allá de él mismo. Y lo ha llevado al bronce sin estatua, a la leyenda en plena actividad. 


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