Tony es histórico

Antonio Pacheco entró en la eternidad y logró el récord de ser el futbolista que más clásicos ganó en la historia con 27

Hace solamente ocho días atrás, Peñarol enfrentaba a Fénix por este mismo Apertura. Tito Goncálvez, el DT aurinegro, sorprendió dejando por primera vez en 26 partidos a Antonio Pacheco sin  jugar. Porque fue al banco y no le tocó entrar.

La lesión de Carlos Núñez le abrió una puerta al clásico en ese partido en el que tan a gusto se siente.

En la edición del jueves pasado, El Observador informaba que Tony podía pasar a la historia si le ganaba otra vez a Nacional. Porque, de hacerlo, superaría a Pablo Bengoechea y se transformaría en el jugador que ganó más clásicos.

Y así fue. En su partido 55 ante el rival eterno, Tony entró en la eternidad sin pedir permiso. Consiguió su tercer triunfo consecutivo con una victoria que tiene menos trascendencia que otras por el lugar que ocupa Peñarol en la tabla, pero que no hay que olvidar que no deja trepar a la punta del certamen a Nacional.

No fue la figura de la cancha como otras veces. No hizo goles. Sigue con 11. Pero ya son 27 clásicos ganados, más que nadie.

El propio Pablo Bengoechea pasó algunas horas del sábado en Los Aromos. Compartió con los jugadores lo que él conoce muy bien: las concentraciones clásicas. Y seguramente le auguró a su amigo un encuentro para la historia. Sin egoísmos. Todo fuera por el bien de Peñarol.

“Los muchachos me regalaron una victoria importante para ser el jugador más ganador de los clásicos, me llena de orgullo, y esto es la carrera, la profesión, el respeto y, sobre todo, el ganar porque eso es importantísimo”, dijo emocionado Tony después del triunfo.

Y seguramente en la intimidad del vestuario se abrazó con Rosita, la esposa de Cacho Caetano, quien ya no está pero está. Porque es el único futbolista que tiene más clásicos jugados que él: 57. Y porque casualmente fue quien lo llevó a vestir la camiseta de Peñarol hace varios años.

Pacheco siempre se las ingenia para que alguien hable o escriba de él y más en estos partidos.

Es más: cuando volvió a Peñarol, lo hizo porque quería batir el récord de Caetano. Sin embargo, primero se quedó con este.

Su magia habitual, un poco cascoteada con el paso del tiempo y aquella doble fractura que no se olvida, apareció de a ratos. Pero dejó solo al botija Jonathan Rodríguez de cara al tercero cuando empezó el segundo tiempo, en el momento justo, cuando más le podía doler al rival.

Desde 2003 y principios de 2004 que Peñarol no conseguía ganar en tres clásicos seguidos. Aquella vez no lo vivió por poco porque meses antes, se fue a Albacete.

Esta vez, sí. No desaprovechó la oportunidad. Y promete más. No está para jubilarse. Ni habla de colgar los botines.

El estadio descansa. Ya pasó un día para la leyenda. La misma que se escribió con su magia eterna.


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