"Todos nos querían cortar el Quinquenio"

Jorge Gonçalves recordó su gol clave en la remontada del clásico de 1997, su festejo de cara a la hinchada de Nacional y dio detalles de un encuentro con Gregorio Pérez en el túnel

"Gregorio, ¿qué hace? ¿se siente bien? Venga hombre, vamos a festejar", son las palabras que se escuchan en el túnel de un Estadio Centenario que explota y en el que no cabe un alfiler.

En la intimidad del túnel donde solo caminan los protagonistas, el histórico conductor del Quinquenio mirasol está arrodillado, con la mirada desencajada, los pelos revueltos y una corbata que ya se dio por vencida. Pasaron minutos nomás de un clásico electrizante, que Peñarol perdía 3-1 y logró darlo vuelta 4-3. El sueño del Quinquenio estaba vivo aquella tarde del 19 de octubre de 1997.

"Cuando agarro el túnel para irme al vestuario después de que terminó el partido lo veo a Gregorio arrodillado y destruido. Ahí me cayó la ficha. Lo que vivió Gregorio como entrenador esa tarde fue increíble. Se le iba el Quiquenio a él, a Peñarol y a todos, pero lo dimos vuelta de manera milagrosa. Siempre lo vimos tranquilo, aún en los peores momentos pero sabíamos que sufría por dentro. Todo ese 1997 fue una locura. A toda hora, en cualquier lugar, la gente te pedía ir por el Quinquenio y Gregorio lo que hizo bien fue elegir jugadores con mucha personalidad y de la casa. Gregorio no le erró en nada", dice Jorge Gonçalves, autor del 3-3 de aquel día, luego de aceptar la invitación de Referí para hablar de esos clásicos que marcan la carrera.

Peñarol no había ganado el Apertura y estaba muy comprometido en el Clausura. El Quinquenio parecía una utopía a falta de siete fechas. ¿Qué había que hacer para mantener el sueño? Ganar todos los partidos, rezar para que se dieran algunos resultados y esperar ganar la Anual para definir el título.

Con el partido 3-1 abajo, Peñarol fue contra viento y marea y el gol de Luis Romero para el descuento les devolvió el aliento. Tras un centro al área, Peñarol cargó con toda su fuerza área y fue Gonçalves el señalado para marcar el 3-3.

"Cuando me voy de Peñarol a Cruz Azul ya había jugado el 8 contra 11, había atajado en un clásico, había salido campeón acá y habíamos ganado la Copa Libertadores. Sin embargo cuando me entrevistan el último día antes de irme me preguntan si me iba satisfecho y les dije que no. Que me faltaba hacerle un gol a Nacional para cerrar el ciclo. Por suerte me di el gusto varios años después", agrega el hijo de Néstor Gonçalves, un mito de la historia aurinegra.

peñarol 4-3 nacional

En el festejo salió corriendo desbocado y se encontró con la hinchada de Nacional, a quien le dedicó la conquista. Otra época, otro clima. Sin embargo el festejo guarda una anécdota: "Nosotros no podíamos ni empatar. Estábamos obligados a ganar todos los partidos pero era mi primer gol clásico y salí como loco a festejar pero nadie venía. Cuando miro para atrás veo que mis compañeros me esperaban en la mitad de la cancha porque el empate nos dejaba afuera de todo".

En ese plantel que terminó ganando la Anual Gregorio tenía a José Enrique De Los Santos, Marcelo De Souza, Robert Lima, Nicolás Rotundo, Nelson Olveira y al propio Gonçalves: "No te podías ni resfriar porque perdías el puesto. Teníamos un plantel de hombres muy pesados. Yo los sufrí en contra y los disfrute como compañero. Se te tiraban encima y eran una muralla, no había formar de parar a esos tipos cuando caía una pelota en el área".

El fútbol de esos años guarda ribetes que hoy parecerían insólitos. Danilo Baltierra, autor del primer gol de Nacional esa tarde, hizo la pretemporada de ese año con Peñarol y tras no arreglar terminó en Nacional: "Danilo era terrible jugador, lo demostró en todos los equipos donde estuvo y ese año lo empezó con nosotros. De Nacional tenía muy buena relación con Ruben Sosa, fuimos compañeros en la selección y era un crack. Tenía una humildad increíble pese a ser de los mejores jugadores del mundo cuando estuvo en Europa".

Luego de llegar a su casa, tras ganar un clásico histórico y anotar un gol, se encontró con su padre que le dejó una enseñanza marcada a fuego y que pinta de cuerpo entero las obligaciones de Peñarol: "Llegamos contentos porque se había ganado el clásico pero si no ganábamos el resto de los partidos no servía para nada. Todos los equipos nos querían sacar el Quinquenio. Cuando me encontré con mi padre me dio la mano y me dijo ` te felicito, ahora hay que ganar el fin de semana que viene'. No me dijo nada más. El fue Campeón del Mundo, Campeón de América y ganó dos millones de clásicos. ¿Te pensás que lo iba a impresionar con un clásico nomás?".


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