Todo cambia, hasta en Barcelona

Al equipo blaugrana se le exige como en tiempos de Guardiola, pero tiene como base un plantel entrado en años y un cambio de sistema táctico que impuso en esta nueva era el entrenador Luis Enrique

Hace no mucho, el Barcelona encandilaba a medio mundo con su fútbol de seda, sometía a sus rivales con autoridad aplastante y encadenaba título tras título hasta convertirse en el mejor equipo de la historia.

No hace tanto de eso. Aunque parezca que ha pasado una eternidad, Piqué, Alves, Sergio Busquets, Xavi, Iniesta, Pedro y Messi, todos ellos aún en el Barcelona, formaban la piedra angular de aquel proyecto liderado por Pep Guardiola.

Ahora que se ha reavivado el debate sobre el estilo, la esencia, la filosofía futbolística que el club ha abanderado los últimos 25 años, convendría recordarlo. Porque aquello de que “el fútbol es de los futbolistas” es uno de los tópicos más ciertos de este deporte.

Porque el principal problema del equipo que ahora entrena Luis Enrique Martínez no es el dibujo, ni que se ataque con laterales y se defienda con interiores, o que parezca que se haya abrazado la cultura del vértigo y se le haya dado la espalda a la pausa.

Hasta el debate sobre si los centrocampistas, antes estrellas rutilantes en cada superproducción de Guardiola, han pasado a tener un papel secundario en la ‘no elaboración’ del juego azulgrana parece yermo, estéril, si no se tiene en cuenta lo principal: que Piqué, Alves, Busi, Xavi, Iniesta, Pedro o Messi no son los mismos con los que Pep iba a la guerra sabiendo que, sí o sí, le ganarían cualquier batalla.

Luis Enrique, con sus virtudes y sus defectos, tendrá que lidiar con los talibanes del estilo, y como él mismo dice, hacer su propio camino, aunque no podrá traicionar todo lo que este club ha construido desde que Cruyff se inventó el ‘Dream Team’.

Pero lo cierto es que, haga lo que haga para mantener al Barça en la elite del fútbol, lo tendrá que hacer, de momento, con un puñado de ‘viejos marines’ con una hoja de servicios extensa y más condecoraciones que Rambo.

No hay que llevarse a engaño. Jugadores como Xavi, Iniesta, Alves o Pedro probablemente ya han jugado sus 20 mejores partidos con el Barcelona.

Piqué o Busquets, por edad, quizá todavía puedan recuperar su mejor nivel, y Messi es tan bueno que, sin ser el Messi extraterrestre de hace tres temporadas, es capaz de reiventarse cada día para mantenerse en la excelencia.

Ya lo dijo el malogrado Tito Vilanova cuando un día se refirió a la defensa azulgrana: “Sin Piqué, se nos cae el invento”. Y al Barça hace tiempo que el invento se le ha caído porque a Gerard no está, aunque todavía se le espera, y Puyol se pasó el último año y medio lesionado antes de colgar las botas.

Porque antes, el mejor Barça de la historia jugaba a lo que jugaba Xavi. Y ahora Xavi tiene 34 años. Y Alves, un lateral que compensaba con creces sus pájaras defensivas con un despliegue físico en ataque que no tenía parangón en el fútbol mundial, ha dejado de compensar sus pifias y de llegar a la línea de fondo.

Y porque Iniesta ya no es “Iniesta de mi vida” y Pedro es una sombra de aquel jugador que aparecía de la nada y convertía todo lo que tocaba en gol. Y porque Valdés ya no está para poner el candado a la portería y porque, sin desmerecer el trabajo de Guardiola, Luis Enrique se ha encontrado con una plantilla inferior a aquella que hizo historia.

Y lo peor es que, si el TAS no lo remedia, el club va a quedarse un año sin poder fichar. Cuando probablemente necesite otro central -sí, uno que no llegue lesionado y que siga lesionado- e indudablemente un lateral derecho que supla el adiós de Alves, si es posible.

Y también un par de centrocampistas de toque que recuperen el sello Barça y pongan en aprietos a Iniesta y Busquets, mientras el club madura la opción de Samper.

Porque los debates sobre el sistema, el estilo, la esencia y la ‘filosofía Barça’ dan para mucho, pero en el campo, el fútbol es de los futbolistas.


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