Te veo en las finales

En un partido parejo, donde los DT se cuidaron e hicieron cambios para sellar el resultado, todos se fueron con la sensación del deber cumplido

Por un momento se me pasó por la cabeza aquel famoso penal en la cancha de Rampla.

Cacho Silveira era un juvenil recién ascendido al primero de Sud América y nada sabía de que los dirigentes se llevaban tan bien que habían acordado igualar para que Rampla no descendiera. En la hora penal para Sud América y el Cacho agarró la pelota y dijo ‘la meto contra un palo’. El Mono Gambetta, que era el técnico, le gritaba: ‘¡vos no! ¡Te voy a matar!’.

Pero Silveira la metió contra el palo. Movieron, terminó, y lo surtieron a trompadas.

El clásico que jugaron Peñarol y Nacional no fue arreglado ni mucho menos, que no se malinterprete. Pero tuvo síntomas de no agresión que casi se quiebran sobre el cierre del partido.

Es que llegó a un momento donde Nacional se sabía en las finales del Uruguayo y Peñarol líder del Clausura. Entonces primó aquello de, nos vemos en las finales. Para ser justos, ninguno de los dos tenía la obligación de ganar. Y esa fue la sensación que reinó cuando se fueron.

Peñarol comenzó mejor. Después de 10 minutos iniciales para el olvido el diseño aurinegro 4-2-3-1 se impuso sobre el tricolor 4-4-2. Es que Nacional abusó del pelotazo. No sabía cómo atacar, cómo resolver cuando tenía la pelota.

El tema es que su rival tampoco fue una maravilla. Espino dominó a Urretaviscaya, al punto que lo obligó a jugar por el otro sector donde le generó problemas a Gorga como con un centro al que no llegó Aguiar. Con Pacheco apático, todo quedó en los pies de Zalayeta. Pero el leve dominio no se vio reflejado en acciones de gol porque solo un tiro libre de Pacheco fue capaz de poner en alerta a Bava.

Nacional lució contenido, incómodo. De Pena fue aplicado para dar una mano y contener a Urretaviscaya, pero subió poco. El bolso recién despertó a 10’ del final con un remate de Gorga que contuvo Migliore. Y sobre la hora un error de Diogo, al que le robaron la pelota por pretender salir, que casi termina en gol.

En el complemento Nacional salió a presionar arriba y se apoderó rápido de la pelota. Pero el trámite fue similar. Es decir, como pasó con Peñarol en el primer tiempo, fue hasta ahí, no inquietó al golero.

A los 7’ Bengoechea movió piezas. Mandó a Leyes por Pacheco y a los empujones el aurinegro fue. Sobre los 20 y 21 minutos reclamaron dos penales contra Zalayeta. Desde la tribuna el primero pareció penal.

Y enseguida Nacional encontró el gol con su fórmula. Presión alta, Píriz se durmió, robó Romero y Alonso le rompió el arco a Migliore.

Con el resultado a favor el técnico Gutiérrez pretendió cerrar el juego colocando a De los Santos por Barcia y pasó a defender con cinco. Pero su idea se rompió rápidamente porque Novick empató de tiro libre a los 77 minutos. La TV denunció que no fue falta. Pero el juez no tiene televisión.

Entonces fue Bengoechea el que pretendió sellar el empate porque quedaba como único puntero. Entró Gonzalo Viera y se paró delante de la línea de cuatro, como un tapón para defender. Y se entró en los minutos de duda. Voy, pero no voy. ¿Para qué? Si ya estamos prácticamente (porque Peñarol debe sellar el Clausura) y nos vemos en las finales.

A los 36’ Alonso casi rompe el cerrojo con un cabezazo pero la pelota pegó en el palo. Y luego el Chino metió una bola larga a De Pena pero Migliore salvó el mano a mano. El clásico terminó en empate. Los jugadores y los hinchas por la calle se fueron con la sensación de que se volverán a ver en las finales.


Fuente: Jorge Señorans

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