Tan lejos, tan cerca

Gustavo Bueno, exentrenador alterno de Nacional y hoy en la Tercera tricolor, dirigió en La Luz a Sergio Cabrera, ayudante de Jorge Da Silva en Peñarol y son amigos

Gustavo Bueno cumplirá 50 años el día del festejo de Maracaná, el 16 de julio. La hija de Sergio Cabrera cumple el mismo día 13 años. Nació en el cincuentenario de la máxima gesta del fútbol mundial.

Pero no es esto lo que une al hasta hace poco técnico alterno interino y actual entrenador de la Tercera de Nacional y al ayudante del Polilla Da Silva en Peñarol.

Bueno, padre además de Gonzalo –el jugador con más futuro de los tricolores–, era técnico de La Luz en 1993 y pidió a Cabrera para su equipo.

Llegó 10 minutos antes de lo pactado para la nota. Su exdirigido, tardó un poco más, pero fue bastante puntual. El abrazo no ocultó una amistad de años. Uno en Nacional, el otro en Peñarol.

“Lo llevé porque era un zaguero inteligente, con experiencia y condiciones. Me gustó para la idea táctica que íbamos a utilizar con línea de tres en el fondo, algo que casi nadie usaba entonces”, recordó el Zorro Bueno a El Observador.

Extrañamente, el técnico de entonces era menor en edad que el futbolista. Tenía 29 años y Cabrera 34.

“Estaba haciendo el curso de técnico y no iba a jugar más, pero me llamó Gustavo y volví a jugar”, recuerda el hoy ayudante de Da Silva en Peñarol.

Hicieron una gran campaña con La Luz que venía de ascender a la B también con Bueno como DT. Perdieron el ascenso a Primera con Basáñez que tenía a Luis Romero y Juanchi González como puntas y lo dirigía Miguel Puppo, y con Central, cuyo DT era Pepe Urruzmendi.

En ese equipo de La Luz jugaban Beto y Diego Rosa, los hermanos que luego irían a Nacional, Edison De la Iglesia y Jorge “Cabeza” Charquero (padre de Jonathan, extricolor y selección sub 20).

“Tuve técnicos renombrados como Luis y Pedro Cubilla, el profe José Ricardo De León, Baudilio Jauregui, pero el Zorrito fue uno de los mejores. Siempre lo dije. Inclusive, cuando me inicié en Defensor como entrenador de juveniles, copié algunas cosas de él”, explicó Cabrera.

El ayudante del Polilla recuerda que “en ese campeonato, el último partido que jugué fue ante Sud América. La cancha de La Luz era de una mitad barro, y de la otra, totalmente dura. Calenté antes de entrar con unos zapatos espectaculares que me había regalado Daniel Carreño desde Francia y no me los cambié. Fue el 2 de setiembre de 1993. Marito Orta era el delantero, me pasó y se me trabaron los tapones en la cancha. Rompí meniscos y dejé el fútbol. Mario sigue siendo amigo y siempre me dice: ‘¡Cómo te dejé parado aquel día, gordo!’”.

Bueno también se acuerda de cosas importantes que sucedieron en aquel torneo: “Le ganamos a Basáñez en La Bombonera 4-2 y después no nos dejaban salir. Para irnos fue un lío bárbaro”.

Cabrera vuelve a hablar de las dotes de Bueno como técnico: “El Zorro se hacía respetar por la manera de llevar al grupo”.

Gustavo debutó como jugador en Danubio en 1982 con Sergio Markarian de técnico y Osvaldo Giménez –quien recién comenzaba su carrera como ayudante técnico–, con jugadores como Ruben Sosa y Gustavo Dalto en ofensiva. “Era un delantero veloz, pero con esos nenes, no era fácil jugar”.

Como es primo hermano de Darío Pereyra (el segundo apellido del exnotable volante de Nacional y la selección, es Bueno), “me llevó a jugar a San Pablo y defendí a Fernandopolis en la B paulista”.

Cabrera, por su parte, arrancó con los cortos en Defensor en 1979 y tuvo como compañeros a Víctor Púa (“era imbancable porque te la pedía siempre”, recuerda sonriente), el argentino Heber Mastrángelo, Caillava, Montero Castillo –en su único año en el club–, Pablo Forlán, Santelli, Rudy y Pichu Rodríguez, Beethoven Javier y varios más.

La relación entre ambos también tiene otras coincidencias. Es que hace años, ambos vivían en La Blanqueada y se veían en el club Urreta, en el que jugaba Gonzalo en baby.

Ambos también coincidieron en recordar “con mucho cariño aquel equipo de La Luz de 1993. Era un lindo grupo”.

Consultado Cabrera sobre las condiciones que le ve a Gonzalo Bueno, sostuvo: “Gonzalito tiene un futuro espectacular, tiene un juego bárbaro que combina velocidad con visión de cancha. Le veo un  gran futuro en el exterior y en la selección”.

Gustavo Bueno lleva 13 años en sus dos períodos en Nacional. Lo llevó en 1996 José Da Fonte y estuvo hasta 2000 inclusive. Luego retornó en 2005 y sigue tan campante con sus juveniles.

“Si a los juveniles los llevás bien, se pueden ir alternando en Primera. En Nacional lo hicimos y aparecieron una cantidad”, dice.

Cabrera asiente: “Coincido. Pero a veces, la urgencia de tener que ganar, obliga al entrenador a utilizar a jugadores con mayor experiencia. No quiere decir que no tengas confianza en los juveniles, pero el dirigente quiere que ganes y que pongas juveniles. Son dos cosas que no siempre van de la mano”.


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