Tabárez, en 20 años te lo van a agradecer

Un proceso de selección de ocho años, saber esperar la maduración de los proyectos y jugar para los costados en el Centenario sin que bajen silbidos, son señales que derribaron mitos

En octubre de 2012, después que Uruguay sumó solo un punto en cuatro partidos (Colombia en Barranquilla, Ecuador en Montevideo, Argentina en Mendoza y Bolivia en La Paz) y recibió 12 goles, que lo bajaron a la séptima posición en la tabla de las Eliminatorias y el Mundial de Brasil 2014 quedaba lejísimos, los niveles de aprobación de Tabárez se empezaron a desplomar. Según datos de Factum, en octubre de 2011 el técnico tenía el 96% de aprobación de la población uruguaya (eso tras el título de la Copa América), en noviembre-diciembre de 2012 había caído a cerca del 80% y en abril-mayo de 2013 apenas 58%. Pero, con esos pases mágicos que suele transmitir un éxito deportivo, en agosto-setiembre pasados había comenzado a repuntar y ya estaba otra vez en 83%.

Eso es solo un dato de la realidad. De la misma realidad que hace un año, tenía a muchos, gente del fútbol y fuera de él, pidiendo a gritos el cambio de entrenador porque de octubre 2012 a marzo 2013 había cinco meses para que un nuevo entrenador iniciara la recuperación de los mismos jugadores. ¿Cómo si Tabárez no fuera capaz de hacerlo, después de seis años de trabajo bien planificado?

En otros tiempos, sin la confianza que había ganado Tabárez con el cuarto puesto en Sudáfrica 2010 y el título de la Copa América, los dirigentes hubieran tomado por el camino más corto y tan recurrente de cambiar el entrenador en medio de las crisis deportivas. Como si con eso solucionaran todos los problemas y no aceptaran que todos los grupos tienen ciclos y que es de inteligentes aceptar los bajones como parte de una realidad y brindarle tiempo suficiente para recuperarse. Bauzá y el resto del cuerpo de neutrales decidió confiar porque la espalda de Tabárez era muy ancha. Entonces una noche, en junio de este año, en Venezuela resurgió ese espíritu que marcó a la selección y volvió a ser Uruguay.

Hoy pasa como un detalle más del día a día, pero la decisión de Bauzá de mantener a Tabárez se transformó en todo un símbolo. Una señal de cambios, que la gimnasia que hacían los dirigentes de variar el rumbo ante el primer revolcón, pasaba a formar parte del pasado. Por eso, actualmente Uruguay está sufriendo un extraño fenómeno: su proceso de selecciones (desde la mayor a las juveniles) desde hace ocho años se ejecuta bajo el mismo proyecto y en la cabeza se mantiene al mismo entrenador. Eso que admirábamos en Argentina, Brasil y en las grandes potencias, lo estamos viviendo en la AUF.

Si este nuevo comportamiento perdurara en el tiempo, se habrá impuesto un cambio de mentalidad, un cambio cultural. El de entender que los proyectos necesitan un tiempo de maduración, consolidación y luego llega el tiempo de recoger los resultados. Y que también los proyectos caducan, pero no porque en el medio de un camino un equipo sufre cuatro resultados adversos sino porque al final del recorrido no se consiguieron los objetivos. Aquello de emparchar puede ayudar una vez, pero no siempre brinda soluciones mágicas. Eso sí, a quienes gobiernan o  toman decisiones le hacen todo más fácil porque calman a las masas en tiempos de crisis.

En noviembre de 2013, en un mundo en el que vivimos con vértigo impropio, en las puertas de una nueva clasificación al Mundial, de ocho años inéditos para Uruguay bajo el mismo entrenador, Tabárez y sus futbolistas le dejaron a Uruguay mucho más que triunfos, promovieron un cambio cultural. Ese que permite que ahora en el Centenario la selección pueda tocar para los costados esperando el mejor momento para liquidar el partido que no bajan los silbidos de la tribuna. Que los dirigentes entiendan que no es necesario interrumpir abruptamente un proyecto para iniciar otro por la inestabilidad y nerviosismo que genera un par de derrotas. Que los uruguayos podemos ser capaces de desarrollar proyectos a largo plazo. Eso no tiene precio.


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