Superado, goleado y humillado

Peñarol tocó fondo ante Atlético Nacional con una goleada 4-0 que le duele en el alma
La caída venía siendo pronunciada e inocultable. Pero ayer Peñarol tocó fondo en este año: Atlético Nacional, un buen equipo, lo desnudó al extremo y lo humilló con un 4-0 que no sólo lo dejó casi afuera de la copa: le golpeó su orgullo copero.

Peñarol entró a la cancha obligado para jugar el partido más importante en su estadía copera, porque buscaba su primer victoria como local, porque tenía una oportunidad única de sacarse la sangre en el ojo producto de la derrota en Medellín y porque lograr tres puntos iba a ser un pasaporte a la ilusión de clasificar.

Pero no. Nada de eso ocurrió. Primero porque Peñarol tenía como rival a uno de los equipos más sólidos del grupo y segundo porque debía, antes de salir a la cancha, ganar el duelo ante la avaricia de una propuesta obsoleta desde lo colectivo y muy exigida desde lo individual.

Por lesiones, Da Silva debió apelar a una defensa inédita compuesta por Matías Aguirregaray, Fabrizio Buzchiazzo, Maximiliano Olivera y Gianni Rodríguez que, si jugaron juntos en alguna práctica, fue demasiado.

Luego de un inicio donde la localía obligó a Peñarol a ser más protagonista con Tomás Costa como volante más retrasado para hacer de lanzador hacia los extremos, Atlético Nacional tomó el control de la pelota y se esfumaron las chances reales de que Peñarol pudiera lastimar a su rival.

Con la paciencia típica de los equipos colombianos, sin la fiebre de tener que jugar siempre hacia adelante, Atlético Nacional desafió el axioma de los visitantes en el Estadio Centenario y jugó aún más cómodo que de local.

Una sola pelota en profundidad para Jonathan Copete evidenció la improvisación de la última zona aurinegra.

Olivera muy adelantado, Rodríguez muy abierto y las coberturas tardías de Buzchiazzo y Aguirregaray hicieron posible el primer festejo cafetero en el Centenario a los 8 minutos.

Peñarol sintió el golpe, se llenó de nervios y fue al frente sin una sola idea.

Atlético Nacional, con la ventaja en el bolsillo y la tranquilidad que le da la tabla, lateralizó las posesiones ante un Peñarol que intentó ser vertical sin el más mínimo atisbo de claridad.

Una jugada entre Luis Aguiar y Rodrigo Viega fue lo más claro para el equipo uruguayo, pero la recarga fue fatal y, tras una infracción en la medialuna, Daniel Bocanegra estampó un golazo de tiro libre cuando el reloj marcaba el tiempo cumplido para poner el 2-0.

La charla en el descanso fue dura y Da Silva dejó bien en claro que ese no era el camino.

Peñarol volvió a tener los mismos problemas colectivos, fue muy pobre en la elaboración y nulo en la ejecución, pero dio muestras de un cambio de actitud que ilusionó a sus hinchas por algunos minutos.

Buzchiazzo ganó por arriba y protagonizó la jugada más clara para Peñarol en toda la Copa Libertadores después del gol de Aguiar en Lima. Así de grave es el déficit del carbonero en esta edición del certamen continental.

En los últimos 30 minutos, Peñarol quedó parado con un 4-3-3 bien definido, con la intención de ganar peso ofensivo pero perdió el total control de la pelota.

Ante ese escenario, Atlético Nacional dio una lección de como defenderse ganando un partido de visitante.

Nada de acumular hombres en defensa. Hizo circular la pelota, jugó con paciencia y profundidad para que los que venían del banco de relevos se lucieran en velocidad. Así Orlando Berrío y Luis Ruiz firmaron la humillación del 4-0.

Peñarol corrió mucho pero el fútbol es otra cosa y, ayer, el juego tuvo aroma a buen café.

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