Sufriendo por un sueño

Nacional y San Lorenzo igualaron 1-1 en la primera final de la Copa Libertadores de América

No apto para cardíacos. Tampoco para aquellos hinchas creyentes que se encomendaron a dios por una victoria del santo argentino. Al equipo del Papa Franciso lo amargó Santa Cruz. Nacional y San Lorenzo se repartieron puntos en el Defensores del Chaco e igualaron 1-1 en el primer capítulo de la final continental.

San Lorenzo dueño de la mitad
El primer tiempo tuvo una tónica marcada: San Lorenzo se adueñó de la pelota en la medular y Nacional de Paraguay se dedicó a cercar el arco de Don con la intención de salir rápido en el contragolpe.

Al contrario de lo que marcan los manuales coperos en llaves de eliminación tras ida y vuelta, el local, Nacional de Paraguay, se dedicó a defenderse de un San Lorenzo ambicioso que salió con la intención de marcar la cancha y adueñarse de la pelota.

El equipo guaraní paró un 4-4-1-1, con la misión de frenar las incursiones ofensivas de Ignacio Piatti y Leandro Romagnoli.

San Lorenzo, con esos jugadores controlados, apostó al tándem ubicado en la calle central como vía de elaboración para la transición defensa-ataque.

En ese rol, Juan Mercier y Néstor Ortigoza, ganaron protagonismo en el trámite y colaboraron en la creación, hasta ahora en la Copa Libertadores destinada a la inspiración de Romagnoli.
Ante semejante predisposición defensiva en la calle central, Bauza tuvo que apelar al juego de sus laterales por las bandas para intentar desactivar la muralla de contención.

A partir de ese quiebre, el partido se volcó hacia la izquierda de San Lorenzo, ya que el equipo argentino buscó atacar siempre por el lado de Emmanuel Más, ante la nula capacidad ofensiva de Julio Buffarini, un jugador mucho más identificado con la marca en la mitad de la cancha y su buena disciplina táctica.

Quien estuvo en el debe fue Mauro Matos, quien sistemáticamente cayó entre los zagueros rivales Raúl Píris y José Cáceres, aunque luego pudo reivindicarse.

En el equipo de Morínigo se destacaron Marcos Melgarejo y Julián Benítez por las bandas, para intentar asistir a un Fredy Barreiro que brilló por su ausencia.

Por el instinto de Matos
El complemento repitió la tendencia, con un San Lorenzo volcado al ataque y un Nacional que parecía querer cerrar la primera final con un empate. El equipo de Bauza jugó en todo momento para abrir el marcador, y la llave, ante un rival que buscó conservar una diferencia en su favor inexistente.

Pese a las ganas, ambos repitieron las mismas dificultades que en el primer tiempo. El ciclón no lograba tener una chance clara pese al dominió territorial con la pelota y los guaraníes estaban lejos de inquietar la valla de Sebastián Torrico.

Ante la inoperancia ofensiva, Bauza mandó a calentar de forma diferenciada al delantero uruguayo Martín Cauteruccio cuando, quizás con el mismo olfato goleador que demostró durante la temporada, el artillero Mauro Matos, se discreto partido hasta ese momento, capitalizó en un gol la única llegada a fondo del ciclón.

La jugada comenzó en los pies de Romagnoli que buscó la única incursión ofensiva por el lateral derecho de Julio Buffarini y la triangulación con Héctor Villalba para el centro preciso que Matos cambió por gol. A partir de ese momento, Bauza cambió el libreto conforme al resultado. Volvió a sentar a Cauteruccio y dio ingresó a Gonzalo Verón y Pablo Barrientos por Romagnoli y Villalba.

La maniobra detrás de sacar a dos de los jugadores que participaron en los goles tuvo una intención clara: ganar aire en la medular, controlar a los dos atacantes paraguayos y cerrar el resultado para definir en el Nuevo Gasómetro.

Tanta fue la apuesta defensiva del ciclón que, naturalmente, Nacional se fue al ataque buscando una igualdad que sonaba a utopía, dado el trámite del partido y porque Torrico había tenido una de las noches más tranquilas en la Copa Libertadores.

Cuando el júbilo se hacía cuervo en Paraguay apareció Julio Santa Cruz, hermano de Roque, histórico goleador de la selección guaraní, para dejar la llave abierta. El equipo de Tinelli deberá seguir sufriendo por un sueño.


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