Sub 20, ¿éxito o fracaso?

Las dos bibliótecas para analizar la actuación del combinado juvenil uruguayo: clasificó al quinto mundial consecutivo, pero falló en recuperar la corona sudamericana

Por estas horas flota una extraña sensación entre los uruguayos. Podrán existir muchas maneras de encasillar a los orientales. Conformistas, realistas, negativos. En un país donde a los niños se les inculca a jugar desde siempre con la presión de tener que ganar, la derrota de la selección Sub 20 ante Argentina generó todo tipo de reacciones.

Y cuando de fútbol se trata, en Uruguay no hay término medio. Es ganar o perder, es éxito o fracaso, es champagne o agua de la canilla. Y esa es la cuestión: ¿fue un fracaso o fue un éxito?

Éxito

Están los que consideran que se cumplió. A nivel de la prensa parece ser la sensación que ganó. Basta con ver los titulares de los diarios. Algunos periodistas se apoyan en que a los jugadores les pesó jugar con el Centenario colmado. Es tan relativo como decir que si ganaban no les pesó.

Hay un sector de los aficionados que se queda con esa cara. La de un equipo que entregó todo hasta el final. Con el cual se identificó porque, como gusta decir a los uruguayos, metió. Para ese grupo de hinchas, el equipo cumplió clasificando al Mundial.

A nivel de los profesionales que conducen estos procesos hay una visión un poco más allá del gane o pierda. Se entiende que el juvenil es un proceso de preparación para el gran objetivo que es la selección mayor. Se analiza hasta detalles tales como la cantidad de jugadores que puede disponer una selección como Argentina que tiene mayor población. Y es claro que tienen más posibilidades de ganar. Es obvio que, como todos, los entrenadores quieren ganar, pero no se detienen en el árbol sino que miran el bosque.

Fracaso

Sin embargo, están quienes consideran que el equipo fracasó. Entre los argumentos para reafirmar su postura está aquello de que se compite para salir campeón. Que Uruguay debió aprovechar su condición de local. Y que no alcanza con clasificar a un Mundial, sino que la meta debe ser el campeonato.

Algunos aficionados le apuntan al cuerpo técnico, al proceso de Tabárez, porque consideran que “nunca se ganó un campeonato”. Está claro que el que se sienta en la tribuna paga para ver ganar y poco le importa ser el país que clasificó a más mundiales en el mundo.

Con un Centenario colmado de aficionados, jugando un clásico, y ganando 1 a 0, consideran un fracaso perder una final contra Argentina.

En esta historia de los juveniles hay tantas bibliotecas como libros que se quieran leer. Están los que dicen que todo pasa por un proceso de captación de jugadores para la selección mayor sin importar demasiado los resultados. Y los que consideran que la meta debe ser siempre salir campeón. Por eso se plante la interrogante luego de la final del sábado: ¿fue éxito o fracaso?


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