Suárez y algo más

La importancia del salteño no está en dudas, se trata del goleador del equipo después del Mundial, pero Uruguay necesita mejorar otros aspectos para enderezar el camino

El martes vuelve Luis Suárez a la selección uruguaya. Después de cumplir la pena de suspensión por acumulación de dos tarjetas amarillas, el delantero de Liverpool inglés retorna al equipo en un momento complicado. La celeste perdió 4-0 contra Colombia en Barranquilla y, pese al calor, que influyó, el rendimiento colectivo no convenció. ¿Es Suárez el único que puede cambiar el juego del equipo dirigido por Óscar Washington Tabárez?

Suárez es actualmente el mejor delantero uruguayo en el mundo. Los números lo avalan. Es el goleador de la selección nacional después del Mundial de Sudáfrica 2010 con 15 tantos. El que le sigue es Edinson Cavani y tiene ocho, pero apenas dos en torneos oficiales. Suárez resultó el artillero celeste de la Copa América con cuatro tantos y también lidera la tabla de goleo de la selección en las Eliminatorias con seis. Después viene Diego Forlán, con dos.

Es más, Suárez no actuó en los últimos dos encuentros de los celestes, contra Francia y Colombia, y Uruguay no marcó goles. Es evidente su importancia. No es habitual que esta selección pase 180 minutos sin convertir. No ocurrió en el Mundial y tampoco después. Una de las veces que sucedió fue en 2009, cuando empató 0-0 con Chile y perdió 4-0 frente a Brasil.

Los números avalan la importancia del salteño. También el juego, su permanente ir y venir. Suárez es importante hasta cuando no tiene la pelota, por lo que irradia, por lo que transmite, tanto a sus compañeros como a los adversarios.

Además, ahora, navega por aguas tranquilas. Pasaron esos meses de sufrimiento en Inglaterra con la acusación de racismo que le hizo el francés Evra. Comenzó una nueva época en la carrera de Luis después de los Juegos Olímpicos, a los que concurrió como gran aporte del sub 23 y no pudo convertir ni un solo tanto.

Pero no es solo Suárez lo que necesita la selección para endulzar el trago amargo que se sirvió en Barranquilla. Uruguay no tuvo solidez defensiva. Flaqueó en varios aspectos. Muslera falló en por lo menos dos goles, aunque después realizó dos atajadas notables. La estrategia de Tabárez, de jugar con tres zagueros, se desmoronó al minuto, cuando Falcao abrió el marcador. Los costados de Uruguay fueron vulnerados por los laterales y delanteros colombianos. Lugano no es el mismo de antes. La inactividad en Francia no le permite tomar ritmo. Tampoco lo fue Egidio. Y Forlán, demasiado estático, recién pudo encontrarse cerca del gol sobre el final del encuentro.

No hubo generación de juego. La positiva aparición del Cebolla Rodríguez, que hasta el viernes siempre había sido suplente en las Eliminatorias, no encontró eco en sus compañeros. Cuando entró Gastón Ramírez, al resultado ya no lo daba vuelta nadie. Deberá encontrar el Maestro la fórmula para hacer más fluido el ataque, para que Suárez se destaque, pero para que también lo hagan Forlán y Cavani.

Hablar de aspectos anímicos a esta altura del proceso no es necesario. El equipo ya dio muestras de que es capaz de recuperarse después de un porrazo.


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