¿Somos racistas los uruguayos o los brasileños son sensibles?

Brasil acusó pero no denunció a Facundo Castro por llamar “macaco” a Guilherme y el manido tema de la discriminación en el fútbol volvió a ser puesto sobre la mesa, esta vez en el Centenario

El asunto Luis Suárez marcó al país. La gente se embanderó. Su defensa fue una cuestión de Estado en Uruguay. Aquel cruce entre Suárez y el francés Patrice Evra marcó un antes y un después. La acusación de racismo cayó mal en un país acostumbrado a llamar “negro” al amigo, al vecino, al compañero de trabajo.

Pero evidentemente los tiempos cambiaron para todos. En la calle, en la vida cotidiana, en el trato con las personas. Y los cambios involucraron al fútbol, y a sus famosos códigos, esos que dicen que casi todo está permitido siempre que se termine dentro del perímetro de la cancha.

Uruguay recibió en la noche del martes una nueva acusación de racismo: en este caso de parte de la delegación de Brasil, en particular contra el delantero Facundo Castro, por llamar “macaco” al jugador brasileño Guilherme. La novela terminó rápido, luego de que ayer Brasil decidiera dejar de lado la denuncia. Pero dejó planteada una vez más la interrogante: ¿Son racistas los uruguayos?

Los hechos

Al finalizar el partido, Guilherme encaró a Facundo Castro, se generó un pequeño tumulto y finalmente fueron separados. Todo pareció quedar en la cancha, como lo marcan los viejos códigos. Sin embargo, los delegados uruguayos se encontraron con los dirigentes brasileños a los gritos en la puerta del vestuario de los jueces.

Un delegado se cruzó con el dirigente celeste Marcelo García a quien le expresó que el 7 (Castro) había llamado “macaco” a Guilherme. Para los brasileños, “macaco” es mono y, además, un insulto racista grave. García respondió que no entendía el significado de la palabra y que para los uruguayos un macaco es un muñeco.

Ante la situación, los veedores de la Conmebol recomendaron a los brasileños elevar la denuncia. Pero finalmente, el miércoles, la Confederación Brasileña decidió no presentar denuncia formal.

“No van a hacer ninguna denuncia, así me lo comunicó el responsable de la delegación”, expresó García a El Observador.

“Creo que no tenían mucho argumento”, agregó, al hacer hincapié en que la denuncia no aparecía en las cámaras de la TV y que los jueces no mencionaron nada en el formulario. Además, el Comité de Competición decidió cerrar el tema, ya que tampoco lo investigará de oficio.

En la decisión de Brasil también pesaron varios elementos que no los dejaban bien parados: uno fue que ante Uruguay recibieron cinco amarillas, y el otro fue que, luego de ser expulsado, el técnico Alexandre Galo no se retiró del campo y vio los últimos minutos desde el túnel. Una denuncia a Uruguay podría haber hecho volver sobre esos temas.

Las provocaciones

Otro de los elementos que Uruguay tenía sobre la mesa fueron las provocaciones hacia el jugador. El partido fue picado y Castro se retiró de la cancha con un corte en su cara, luego del cruce de palabras que tuvo con un rival.

¿Qué piensan que le dijo el brasileño? ¿Lo trató bien? Evidentemente tiene que existir una provocación que genere la reacción.

¿No es racismo cuando Cristiano Ronaldo le dijo a Pandiani cuánto cobrás? El portugués pretendió marcar claramente las diferencias sociales.

El tema es que cualquier otro insulto no tiene el mismo significado que uno de connotaciones racistas. Para los uruguayos, lo que pasa en la cancha queda adentro de la cancha. No salen a ventilarlo. Es como un código que no está escrito pero que se transmitió. El que revela algo de lo que ocurre en la cancha es condenado por el resto de sus colegas.

Entonces queda la sensación de que los uruguayos deberán aprender a convivir con la nueva realidad y que esos códigos van quedando a un lado, sobre todo contra los brasileños, porque los argentinos o los paraguayos no salen a revelar lo que acontece dentro del campo. Habrá que daptarse a los tiempos nuevos. Se llega al punto de que responder a una provocación se convierte en un serio riesgo de sanción.

Y acá no se trata de poner de un lado a victimas y del otro a victimarios. Ni una cosa ni la otra. Se trata de mostrar los hechos que sucedieron y que llevan a plantearse la interrogante: ¿son racistas los uruguayos?

Antecedentes uruguayos

Juan González. En 1998, el exjugador de Nacional vivió situaciones particulares defendiendo a Oviedo de España. Juanchi reveló que cuando jugaron contra el Sporting Gijón el clásico de la ciudad, le gritaron en más de una oportunidad “sudaca”.

Fabián O’Neill. En el año 2002 reveló que en el fútbol italiano le gritaban de todo. “En Italia te dicen ‘muerto de hambre’ en la cancha y te lo tenés que bancar, por plata”.

Selección Sub 17. En junio de 2011 los jugadores de la selección uruguaya sub 17 fueron acusados por el técnico de Congo, Eddie Hudanski. Dijo que los uruguayos hicieron señas referidas a simios, señalando a los jugadores congoleños.

Luis Suárez. Multado con
US$ 62 mil y una suspensión de ocho partidos por insultos racistas contra Patrice Evra. Suárez sigue afirmando que fue penado sin pruebas.

Jorge Rodríguez. En febrero de 2012 el golero de Progreso, Jorge Rodríguez, fue objeto de insultos racistas por parte de la hinchada de Central Español, que además le arrojó bananas. Jugando en Villa Teresa vivió un hecho similar en Tacuarembó.

Flavio Córdoba. El 14 de mayo de 2013 el zaguero de River fue insultado a coro por la hinchada de Danubio.

Jonathan Álvez. Una característica de Jonathan Álvez como jugador es su permanente choque con los defensas. “Con la mayoría de los defensas rivales me peleo pero con otros ponemos una silla y nos sentamos a charlar y tomar mate. La palabra más chica que me dicen es: ‘Negro de mierda’. Pero no me sorprende ni me alarma. Allá en Vichadero me dicen el Diamante negro o Negro Jonha, así que no lo tomo a mal. Es común. Acá es racismo”.

Ibáñez en Perú. En el duelo por el Torneo Apertura de este año, entre Alianza Lima y Cienciano, los hinchas del cuadro cusqueño gritaron insultos racistas en contra de los jugadores blanquiazules. Tras el hecho, Walter Ibáñez empató el partido de penal y lo celebró imitando a un gorila. La situación se volvió viral en las redes sociales con el hashtag #TodosConElBaileDelGorila.

¿Son victimas o sensibles los brasileños?

La situación denunciada por los brasileños luego del empate 0 a 0 con Uruguay por el Sudamericano sub 20 no es nueva. Es una perla más de un largo collar que, curiosamente, los tiene como principales protagonistas.

Desábato detenido

En 2005 el futbolista argentino Leandro Desábato fue detenido en San Pablo al ser acusado de injuria agravada por racismo.
El futbolista argentino fue detenido luego de una denuncia del delantero brasileño Grafite, que lo acusó de llamarlo “negro” y “macaco”.

Tinga en Huancayo

Otro hecho recordado fue el vivido por el volante de Cruzeiro, Tinga. El jugador fue víctima de insultos racistas en duelo con Real Garcilaso por la Copa Libertadores en febrero de 2014. El tema llegó a la arena política al intervenir la presidenta Dilma Rousseff.

Bananas contra Alves

En setiembre de 2014 al defensa brasileño de Barcelona, Dani Alves, le lanzaron una banana cuando se disponía a sacar un córner y se la comió. En la visita a Espanyol, el brasileño y su compatriota Neymar se quejaron por los gritos proferidos por un sector de la grada. Asimismo cayó una cáscara de plátano a la cancha.

Cantos contra Marcelo

En partido contra Atlético de Madrid por la Copa del Rey de 2014, el brasileño Marcelo, que defiende a Real Madrid, vivió otro hecho de racismo. Cuando terminó el encuentro, el lateral brasileño fue increpado por los seguidores rojiblancos. “Marcelo, eres un mono” fue el cántico proferido contra el jugador de Real Madrid.

Roberto Carlos

En 2011, defendiendo al club Anzhi de Rusia, Roberto Carlos recibió insultos racistas de parte de hinchas de Krylia Sovetov, y le lanzaron una banana. Lo que pocos esperaban era la reacción de Roberto Carlos que decidió abandonar el terreno de juego.

Ronaldinho

En noviembre de 2014, Ronaldinho fichó por Querétaro y el exfuncionario del gobierno de la ciudad, Carlos Treviño, escribió: “En serio, trato de ser tolerante, pero detesto el fútbol y el fenómeno idiotizante que produce, lo detesto aún más porque la gente estorba e inunda las avenidas para hacer que tarde dos años para llegar a casa. Y todo para ver a un SIMIO… Brasileño, pero simio aún. Esto ya es un circo ridículo”.

 


Fuente: Por Jorge Señorans

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