Simulaciones que no son un juego

Los autos que diseña el británico Adrian Newey para el equipo Red Bull Racing, sumados al manejo de Vettel, se han vuelto inalcanzables para sus rivales

El regreso de la Fórmula 1 a circuitos que requieren elevada carga aerodinámica (downforce) como el callejero de Marina Bay, no ha hecho más que agrandar la brecha existente entre el RB9 que Newey proyectó para Red Bull y los autos rivales.

Los dos trazados previos en el calendario (Spa y Monza) requerían exactamente lo contrario: poca ala para disminuir la resistencia al avance y maximizar la velocidad punta. Vettel y Red Bull salieron victoriosos de ambos, pero sin la contundencia que se observó desde el viernes en Singapur.

Las cubiertas de degradación más progresiva que introdujo Pirelli tras los incidentes en Silverstone le han permitido a Red Bull explotar los beneficios de un diseño aerodinámico superior, pero es en las pruebas fuera de pista donde se destacan.

El equipo basado en Milton Keynes prueba en el túnel de viento cerca de 1.000 nuevos componentes por semana (escala máxima 60%) y estima, mediante avanzadas simulaciones, la incidencia que tendrán en el desempeño del auto. Vale la pena recordar que los testeos en pista son muy escasos y están estrictamente regulados en la Fórmula 1 moderna.

Es en ese juego de simulación donde la genialidad de los diseños de Newey y –especialmente- la capacidad de éste de predecir el impacto que cada pieza tendrá en el rendimiento, se destacan.

La época en que se desarrollaba y probaba en pista cada componente se cerró hace varias temporadas (reduciendo costos) y fue especialmente beneficiosa para equipos de elevado presupuesto y circuito a mano como Ferrari, durante la era Schumacher.


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