Silva, el delivery que trae la copa

El lateral uruguayo que fue verdulero, herrero y repartidor de pizza está a punto de cristalizar un sueño en Olimpia de Paraguay

Las puertas se cerraban en todos lados. Poco había servido aquel convenio de Danubio con Huracán Villegas que dice que los botijas que juegan con la camiseta de la franja blanca del club del barrio están destinados a ponerse la franja negra.

Resistió un año entrenando. No quedó por una razón que comenzó a ser el común denominador en todos los equipos que visitaba: como no estaba bien desarrollado se lo consideraba de físico chico. Por aquel entonces tenía 12 años. Y de poco sirvieron los cinco años que salió campeón en el Villegas.

Decidió probar en Central Español pero corrió con la misma suerte. Terminó en Boston River. Pero no había caso.

Decidió entonces que era tiempo de tomar por el camino del trabajo. Habló con sus padres y lo acomodaron en el almacén que tenían en el barrio. Después, por intermedio de un amigo, le salió para trabajar en una herrería. Las perspectivas eran otras, al menos tenía la posibilidad de aprender un oficio.

Y mire como son las cosas, lo mismos dueños de la herrería un buen día abrieron una pizzería y necesitan a un muchacho para hacer el reparto. Terminó arriba de una moto realizando el servicio de delivery. Pasó por una fábrica de cueros.

Pero como quería ir un paso más allá, con unos pesos ahorrados que tenía, armó un puestito de frutas y verduras pegado al almacén de los viejos.

El vicio del fútbol lo despuntaba con algún picado de Fútbol 5. Con los amigos formaron equipo al que denominaron Rangers. Y entre picados reducidos y partidos de los domingos la llevaba, pero claro, volvía todo machucado de las patadas.

Un día le dijeron al padre que lo sacara y que volviera a insistir en el fútbol grande.

“Un día nos juntamos y le dijimos que estaba corriendo el riesgo de lastimarse, y por qué no se dedicaba de nuevo al fútbol y él nos dijo: ‘Dónde voy, cómo hago’, rememoró su mamá Nilda en una nota con D10 el deportivo de Última Hora.

Y el golpe de fortuna llegó cuando por intermedio de su padre consiguió una prueba en Fénix. Allí, en Capurro, Rosario Martínez lo fichó y se lo llevó a la Tercera.

La increíble historia de Alejandro Silva reúne los condimentos de aquel que peleó por un sueño y que, cuando estaba a punto de abandonarlo, es tocado por la diosa fortuna que le permite tener siempre una última oportunidad. Si hasta tiene puntos de contacto con la de Walter Pandiani que fue recolector de residuos y hasta se ganó la vida como seguridad para ayudar a su madre mientras peleaba por el sueño del fútbol.

Silva pasó de aquellos tiempos de desilusión a la gloria de ser el jugador más reconocido de las finales de la Copa Libertadores, que se define el miércoles, opacando al mismísimo Ronaldinho.

Toda Asunción habla de este uruguayo nacido un 4 de setiembre de 1989 en Montevideo. Hijo de Héctor Silva y Nilda González, y que tiene como hermano a Cristian. Es que el golazo que anotó para abrir el camino a una nueva consagración del decano paraguayo lo terminó catapultando a la gloria.

No fue sencillo el camino para Alejandro Silva. La oportunidad grande le llegó cuando tenía 19 años debutando con Fénix en Primera división. Antes todo había sido intentar e intentar en vano.

Fichó en 2009 y fue campeón en la Tercera división. Por aquel entonces Fénix peleaba el descenso. Destituyeron al entrenador y subieron a Rosario Martínez que promovió a Silva al primero.

Terminó brillando en aquel equipo que salvó la categoría lo que determinó que el técnico de la selección uruguaya, Óscar Tabárez, lo llamara para integrar la preselección que concurrió a los Juegos Olímpicos de Londres.

Cuatro años fueron suficientes para construir una carrera maratónica. Gregorio Pérez, por aquel entonces técnico de Olimpia de Paraguay lo recomendó. Y se lo llevaron.

Cuando desembarcó en el club los hinchas se miraban. La única referencia que tenían eran dos partidos jugados con Fénix en la Copa Sudamericana de 2011. Por eso se tuvo que presentarse cuando llegó: “Puedo jugar en varias posiciones y creo que puedo dar una mano en cualquier parte de la cancha. Soy diestro y jugando un poco más adelantado, me siento más cómodo”, afirmó.

En su presentación, un 17 de julio de 2012, comentó: “De Olimpia estoy bien informado, es un cuadro grande que aspira a torneos grandes, como el campeonato (local), la Libertadores, la Sudamericana”. Un año y pocos días después jamás imaginó que estaba tan cerca de cristalizar un sueño.


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