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Récords históricos como el del cubano Javier Sotomayor en salto alto permanecen imbatidos durante el Mundial de de Moscú donde aún no cayó ninguna plusmarca

El ucraniano Bohdan Bondarenko festeja. Es campeón mundial de salto alto en el Mundial que se disputa en Moscú. Su registro de 2,41 metros le valió para superar al catarí Mutaz Essa Barshim (2,38m). Ya con el oro en el bolso intentó algo más grande: el récord mundial del cubano Javier Sotomayor (2,45m). Pero no lo alcanzó. 

Y esa es una constante del actual certamen mundial. Hasta el momento, disputadas ya 28 pruebas no cayó ningún récord mundial.

El de Sotomayor, que data del 27 de julio de 1993, es de los más longevos.

Pero antes de la marca del cubano hay otros cinco récords masculinos que lo superan en años.

Las tres más antiguas son las de los tres lanzamientos: disco, martillo y bala.  

Milton Cardozo, entrenador uruguayo especializado en lanzamientos, dio a El Observador una respuesta contundente: “dopaje”.

“En esa época (los récords sonde 1986 y 1990) los controles fallaban y la gran persecución contra el dopaje empezó en la década de 1990, por lo que esas marcas son bastante sospechadas”, comentó.

“Esa era, además, una era de gran rivalidad entre los países de la Cortina de Hierro y Occidente, y con tal de ganar valía todo”, agregó.

“El deporte siempre ha tenido una gran lucha entre los laboratorios que fabrican sustancias que enmascaran los dopajes y los laboratorios que luchan por detectar el dopaje. Y en esa época, estos últimos estaban muy atrasados”, dijo Cardozo que concluyó con una frase demoledora: “Es muy difícil, aún hoy en día, estar en la elite mundial sin estar en la frontera con el dopaje”.

Jürgen Schult es el dueño del récord mundial masculino más antiguo: el lanzamiento de disco. Su marca data de junio de 1986: 74,08 metros. Nunca jamás un atleta superó la barrera de los 74 metros. El que más se le acercó fue el lituano Virgilijus Alekna, en el año 2000: 73,88 m.

Schult era de Alemania Oriental cuyos atletas siempre tuvieron fama de practicar fórmulas non sanctas para mejorar sus rendimientos deportivos.

Sin embargo, Schult nunca dio positivo al igual que el soviético Yuriy Sedykh, dueño del récord de martillo también desde 1986.

El que sí tiene una historia probadamente sucia es el estadounidense Randy Barnes, récord en bala desde 1990.

El hombre dio positivo de esteroides cuatro meses después de batir su récord. En 1998 reincidió con un suplemento nutricional. Fue suspendido de por vida.

El propio Sotomayor también fue suspendido por dopaje: en los Juegos Panamericanos de Winnipeg 1999 dio positivo de cocaína. Hasta intercedió Fidel Castro quien acusó a la CIA. Al final estuvo un año suspendido.

En 2001 reincidió con nandrolona, un anabolizante, pero cuando el resultado salió a la luz ya estaba retirado.

Las otras dos marcas más antiguas que las de Sotomayor pertenecen a dos atletas estadounidenses: Mike Powell y Kevin Young.

Powell quebró con 8,95 m, en el Mundial de Tokio de 1991, el récord de salto largo de Bob Beamon (8,90m) que estuvo vigente 23 años tras asombrar al mundo en los Juegos Olímpicos de 1968.

Para Carl Lewis este récord fue una cuenta pendiente de su brillante carrera ya que llegó a saltar en 8,87m.

La otra marca longeva es el 46.72 de Kevin Young en el 400 vallas de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992. Hasta la fecha ningún atleta pudo rebajar los 47 segundos. Y de eso ya pasaron más de 20 años. 


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