Siempre habrá un Forlán

Un histórico. A los 34 años el delantero de Internacional de Porto Alegre sigue con las ganas y las chances intactas de jugar para la selección y cada vez está más cerca de los grandes del mundo

Diego avizora el final. “Hoy tengo 34 años y sigo estando, no con las mismas chances que antes, pero sigo siendo importante en la selección y con miras a un Mundial. Entrando o jugando algún partido sigo teniendo mis oportunidades”, reveló hace un mes el 10 celeste a El Observador.

Diego ya está haciendo la adaptación y agregó luego: “Es que la tenés que ir haciendo”.

Procesa esta etapa de su vida día a día. “Y el nuevo escenario lo tenés que ir procesando. Después son decisiones que tenés que ir aceptando”.

Tiene claro que se avecina el día después. “Y el día después en mi caso es diferente al de los demás, porque el mío, como el de la Tota (Lugano) y varios más que somos grandes, es de jugadores que estamos en otra etapa. Mi día después es uno, dos, tres y son pocos los días después, no es que tenés meses o años para seguir pensando. Entonces es como que lo veo un poco más por fuera”.

Su nombre formará parte del recambio. “Sé que va a haber un cambio grande en general. No sé cómo va a suceder a nivel del cuerpo técnico, pero se cumplen ciclos. Obviamente estoy sobre el final”, admitió sin alejarse de una realidad que se avecina.

Pero al margen de que, por edad, por cuestiones lógicas que marcaron el proceso de Tabárez, que se nutrió siempre de futbolistas de las selecciones juveniles, y hasta por rendimiento futbolístico, la historia siempre tendrá un Forlán.

Del mismo modo que ayer fue su padre Pablo, que fue campeón de América con la celeste y logró títulos importantes con la camiseta de Peñarol, Diego deja grabado a fuego su nombre en Uruguay.

Pasarán los años, se alejará del representativo nacional, ocupará otra posición, pero lo cierto es que su imagen queda grabada para siempre.

Hay una razón en la que pocos reparan: Diego Forlán marcó a fuego a un par de generaciones. Niños y jóvenes que se criaron con el 10 en la espalda y que lo adaptaron como ídolo luego del Mundial de Sudáfrica de 2010.

Está claro que nadie sabe cómo terminará esta historia. En la cabeza de todos quienes están acá no pasa otra cosa que la clasificación. Pero el tema es otro. Mirar más allá. Brasil 2014 está en el horizonte. ¿Diego va? Claro que ponerlo en duda es una locura, pero el tiempo pasa para todos.

El hecho es que, al margen de todo lo que pueda suceder, Diego Forlán quedará colgado para siempre en los murales del Complejo y su figura será siempre requerida com consecuencia de la imagen que logro forjar.

Forlán no se perpetúa en la historia por un campeonato, un partido o un gol, que en muchos casos en el fútbol le cambió la vida a muchos.

Forlán se queda para siempre en la historia por ser hoy el jugador con más partidos con la camiseta celeste. Esto no se logra de un día para el otro: se requiere de una conducta profesional adecuada para estar siempre. Para estar no hay que lesionarse, para no lesionarse hay que cuidarse, para cuidarse se requiere de profesionalismo.

En determinado momento de su carrera terminó con los años de hegemonía goleadora de Héctor Scarone con la blusa de la selección. Se rompió una marca que databa de los años de 1930. Pero con un detalle: Diego no juega amistosos. ¿Qué significa esto? Que la mayor parte de sus goles los marcó en partidos oficiales. Doble mérito. Anota por las que duelen, por los puntos.

Forlán es el único jugador en la historia del fútbol nacional en llegar y meterse en el club de los 100 de la FIFA, un lugar destinado a aquellos seleccionados que alcanzan la barrera centenaria.

Es campeón de América con el detalle de que se le había cerrado el arco, pero rompió la mala racha nada menos que en la final, prueba contundente de categoría.

Fue premiado como el mejor jugador del Mundial de 2010 con todo lo que ello implica, una meta que no pudo alcanzar ningún futbolista uruguayo.

Forlán es la figura de Unicef y la cara visible de varias marcas comerciales que recurren a su imagen para promover y vender sus productos.

Hoy, avizorando el final por cuestiones lógicas de edad, Diego tiene nuevos desafíos. Clasificar, estar presente en otro Mundial, saber ocupar el lugar que le toque e inscribir su nombre entre los mejores de la historia del fútbol mundial. ¿Motivos? Forlán superó a Franz Beckenbauer (Alemania), Andreas Herzog (Austria), Didier Deschamps (Francia), Michael Laudrup (Dinamarca) en cantidad de partidos con su selección.

Hoy, con 105 encuentros disputados con la celeste, si ingresa en los partidos del repechaje, Forlán puede alcanzar al inglés Bobby Moore y, si eleva un poco la mira, quedará a un solo juego de ponerse en el mismo escalón del francés Zinedine Zidane y el alemán Juergen Klinsman, que disputaron 108 partidos con su país.

Pero acaso el premio más grande que tiene Diego es el reconocimiento de la gente. Esa parte no se paga con nada. No tiene precio. l




Fuente: Enviado

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