"Siempre fui un nene mimado de Defensor"

Nicolás Olivera se retira en la penúltima fecha en el Franzini y repasa una carrera plagada de éxitos y vivencias

¿Cómo llegó a Defensor Sporting?

Hice todas las inferiores en La Rinconada. Vivía con mi abuelo (el Morrongo Olivera, excocinero de Nacional y la selección, entre otros), hice todas las categorías. Con Martín Fuentes, un amigo, fuimos a hacer una prueba a Defensor y me quedé por un tiempo y ahí empecé a ligarme lo que era la disciplina deportiva profesionalmente. Ahí empezó todo. Estoy muy agradecido al profe Santos porque fue el primero que me empujó un poquito para seguir en el tema del fútbol y seguir en un club que toda mi familia es hincha.

¿Cómo iba a entrenar?

Era en el Complejo militar enfrente a canal 5. A veces iba caminando, a veces me llevaba mi Tití (sic) (su tía) porque vivía con mis abuelos. Caminaba 50 cuadras e iba con un amigo. Lo recuerdo con mucho cariño porque aún no sabía si quería jugar al fútbol o no en mi futuro.

¿Le daba tiempo para estudiar?

Me gustaba estudiar y mi madre me decía que si no hacía los deberes no podía ir. Cuando fui creciendo y me fui convenciendo lo que quería hacer y me iba bien, tuve que dejar un poco los estudios. Cuando iba al colegio de los Vascos, cada partido tenía que estar al firme porque me veían como un potencial en el fútbol. También iba a colegio de monjas y las profesoras no me dejaban entrar porque estaba todo sudado, con el uniforme todo roto de jugar en el recreo, pero la pasión era el fútbol.

Santos era bastante estricto, ¿no?

Era muy estricto, pero muy sabio de la gente que podía llevar o que podía quedar en el club. Pero al mismo tiempo te daba la tranquilidad de que si estabas ahí, era por algo.

Algún rezongo le pegó.

Sí, obvio, muchos. Pero era para bien. Además conocía a mi abuelo, a mi familia, el cariño que nos teníamos, ese compromiso de familia y también hacía como de tutor o de familia de poder guiarnos a hacer las cosas bien, a tener una conducta, a hacer lo que queríamos con nueve o 10 años. Yo siempre tuve a mi familia que arropó y que siempre me aconsejó.

En Quinta se fue a vivir con su tía Lourdes. ¿Qué papel jugó en su carrera?

Mi tía es como mi segunda mamá. Yo no crecí con un padre, ni siquiera lo conocí. Lo único que sé que cuando era muy chiquito, dejó a mi mamá y no tengo un recuerdo paternal. Por eso digo siempre que mi padre fue mi abuelo. Vivía con él, viajábamos juntos a Rocha, de donde era su familia, me iba a ver a La Rinconada. Era la parte fuerte de hombre que tenía en la casa. Después estaban mi mamá Marta y mi Tití que es su hermana. Entre ellos me ayudaron. Mi mamá trabajaba muchísimo y me daba ese aporte de madre, esas charlas y me compraba zapatos para el colegio y junto con mi Tití eran las que me pagaban el colegio privado y eran las que me mimaban para que hiciera las cosas bien. Entonces en un momento con 14 o 15 años que andaba deambulando y medio callejeando, un día mi Tití se sentó conmigo y estuvo hablando durante dos horas. Me explicó lo que era la familia, lo que eran los valores, la importancia de mi abuelo en la familia. Hablando, entendiendo cómo eran las cosas, qué era lo que quería para mi vida, hice un clic superrápido al punto que Defensor me dio la posibilidad de ir a vivir a su casita en Jaime Zudáñez. Fui a vivir con los chicos del interior un tiempo, con el Flaco Abreu, con Fadeuille, conociendo las inquietudes de gente del interior y sus sueños para poder progresar en Montevideo. Después me fui a vivir con mi Tití y ahí fue cuando empecé a levantar futbolísticamente.

¿Y cómo era su abuelo el Morrongo?

Era increíble. Era una persona que lo quería todo el mundo. Jugaba a las bochas en el club Aldeas y yo iba a verlo o cuando jugaba al truco, andábamos en bicicleta, a montar a caballo, lo acompañaba cuando hacía comidas. Éramos muy unidos y yo estaba superorgulloso de él. Todos lo querían y hablaban bien de él. Cuando venía de jugar en España lo llamaba para decirle cuándo llegaba, me hacía el pastel de carne de boniato con pasas de uva y un banquete. Y él me decía: "M'hijito, usted tiene que comer". Y yo le decía: "Sí, yo como, pero esta es una mesa gigante de comida de todo tipo". Él lo hacía con mucho amor, se quedaba parado viendo cómo comía y él no lo hacía. En mi familia fue un símbolo en muchos aspectos. Muchas veces en la selección o en Europa, cada paso que daba, más allá de los errores que haya cometido, cada paso que daba pensaba en lo que había hablado con mi abuelo y mi Tití, de lo que se trataba la familia y yo entonces no podía defraudar a nadie, especialmente a mi familia, por todo lo que había hecho mi abuelo. Por eso pensaba mucho en las cosas que hacía.

¿Qué fue lo que pasó con el profe Alberto Mena cuando lo subieron a Primera?

Yo estaba con todo ese mundo del reggae y toda esa onda. De hecho, en el colegio era el más raro de todo porque todos iban de uniforme y yo iba con mi gorro rasta de lana y mi mochila de hippie y me miraban raro. Y tenía unas caravanas que eran el símbolo de amor y paz con los colores amarillo, rojo y verde. Y el profe Mena me dijo: 'Caravanas en el Franzini no se pueden usar'. Y me las saqué enseguida y me corté el pelo.

¿De dónde salió el amor por Bob Marley?

Estaba con un amigo e íbamos a lugares a escuchar reggae. En ese entonces, no tanto Marley, sino escuchaba mucho Los Pericos, UB 40. Después me prestaron un disco de Legend de Bob Marley. Y ahí empecé a ver lo que era la cultura rastafari, cómo Marley había influido en la gente, sus canciones, sus letras. Obviamente hay muchas cosas que no comparto como tener muchos hijos con diferentes mujeres, y el tema rastafari tampoco, porque no comen carne, no toman alcohol y se nutren simplemente de medicinas naturales, pero sí el legado que dejó su música. También creció sin un padre. Era un militar inglés –era blanco, todavía-, creció con su madre y sus hermanos. Su música fue el vehículo, su forma de poder crecer, de hacer dinero, de hacerse conocido, de interpretar sus letras y darle un mensaje a la gente, cosa que después hizo. Fue una persona muy influyente en todo el mundo y por eso me fue gustando y lo fui siguiendo. Fue como una inspiración para mí. En todos los partidos necesitaba de cierta armonía y escuchaba a Marley. A tal punto que cuando estaba en Sevilla, antes del calentamiento me ponían su música. Incluso hicieron una bandera gigante, que de los lados estaban los colores de Sevilla y en el frente los colores rastas y la cara de Bob Marley. Fue increíble. Ese día se me puso la piel de gallina porque la gente sintiese esa armonía conmigo y me hiciera esa representación. En mi primer viaje con la selección a Cancún en 1995 me compré una remera toda negra, con un niño rasta moreno y con los colores rojo, amarillo y negro y jugaba con ella abajo en todos los partidos y cuando hacía un gol, la mostraba y bailaba, en símbolo de admiración a Marley de paz.

En su debut en Primera, Ahuntchain le pidió para que entrara y llegó con las canilleras en la mano. Le dijo de todo...

Claro. Debuté en una Liguilla en el Centenario. Para mí estar ahí ya era algo magnífico. Y yo comparaba que hacía poco estaba en Pichincha y estaba en el Centenario, donde nunca había estado. Estaba mi familia mirándome. Eran muchas cosas. No sé si fue el nerviosismo y ni siquiera me imaginé que iba a entrar. Tenía 17 años. Me tocó entrar y Juan Ahuntchain me retó porque tenía las canilleras en las manos y debía estar preparado para entrar. Eso me quedó también para siempre.

Cuando arrancó en Primera concentraba en la misma pieza con Polilla Da Silva y Marcelo Tejera, dos glorias del club.

Eran mis ídolos. El Polilla había jugado en River, había sido goleador en Valladolid que después, como es el fútbol, me llevó a Valladolid y me encontré con gente que me habló maravillas de él. Pero nunca los había visto de cerca y de repente estar con ellos dos en la habitación. Yo hacía caso a todo. "Apagá la luz, levantate, traenos esto", me decían. Estábamos en la misma mesa en el almuerzo y me hacían levantar para llevarles un vaso, un refresco, levantar toda la mesa. Es que antes yo era el único chico y todos los demás grandes y ahora es al revés. Si me dolía algo no podía estar en la camilla porque me secaban a patadas (se ríe). Pero estar con ellos en la habitación estaba muy lindo.

Pasó todo muy rápido y llegó Malasia en donde fue el mejor jugador del mundo con 18 años. ¿Cómo lo asimiló?

Vemos lo de Malasia, pero el tema es que yo iba al colegio y era Nico Olivera que jugaba en la selección, no era uno más. Entonces mi comportamiento tenía que ser ejemplar. Después del Mundial, que todo el mundo hablara de vos, la "Nicomanía", de que era la primera vez que un uruguayo era el mejor del mundo elegido por FIFA y encontrarme con toda la gente en la calle cuando llegamos. La gente hacía cola en la puerta de mi casa con banderas, bombos, yo salía al balcón a saludar. A mi casa llegaban cartas que parecía Papá Noel. No me costó tanto todas las cosas lindas que me pasaban por lo que había mamado de mi familia, esos valores. Yo viví una experiencia de más chico que la había hablado con mi Tití. Entonces sabía cómo venía el tema. Todas esas cosas lindas que me estaban pasando, no podía agarrar para el lado negativo que era creérmela, que era el mejor de todos, salir de joda todo el tiempo, porque en ese momento, los boliches y los amigos de turno estaban al pie del cañón. Debía seguir con mi idea de jugar al fútbol y progresar y aprender cada día más. Arroparme de gente que realmente quería lo mejor para mí, que me ayudara intelectual y emocionalmente. No olvidarme de dónde salí, y que fue lo que me costó para llegar a donde estaba. Ser siempre un agradecido con la gente que me ayudó y con la que estaba a mi lado. Había un montón de cosas que influían en mi cabeza para decir "no puedo y no quiero hacer determinadas cosas para no defraudar a todos los que me ayudaron". Y gracias a Dios me pude ir rápido a jugar a España. Incluso llegando allá fue más de lo mismo porque era un pibe más de 19 años y al lado mío había monstruos del fútbol campeones del mundo. Y yo era uno más. Mi trabajo tenía que ser el doble porque no estaba arropado por mis familias: ni la mía, ni la de Defensor.

A la vuelta lo vendieron a Valencia y hasta hoy en Defensor Sporting dicen que fue el pase que más dinero neto le dejó al club. ¿Qué reflexión le merece?

Fue increíble. Siempre fui un nene mimado de Defensor, fue y es mi familia. El presidente era Arsuaga y me enteré lo que eran los representantes cuando estaba en la selección. Todos hablaban de Paco Casal que tenía a todos los jugadores de Danubio y yo no entendía nada. Cuando vine de Malasia, salían nombres de equipos y números por todos lados. Y mi tío me dijo que nos íbamos para Valencia. Nos encontramos que a Defensor le llegó la propuesta directa de Valencia, no de un representante, ni de Paco que me quería comprar y el club le dijo que no. Lo que rescato es que fui 100% de Defensor, nunca fui de ningún empresario y eso hizo que le dejé un dinero muy importante de esa venta, al punto que Pichincha o los arreglos del Franzini se hicieron en base a ese dinero y eso me alegra, para que siguiera creciendo el club. El club me dio todo y qué cosa mejor que devolverle algo de esa manera.

Tuvo cinco pasajes distintos por la institución y es la única camiseta que vistió en Uruguay. ¿Qué es Defensor Sporting en su vida?

Es eso: mi vida. Fue el club que me abrió las puertas para jugar, que me ayudó a crecer como persona, que me arropó y educó, del cual soy hincha y mi familia también. Cuando uno tiene una experiencia como la mía, es difícil no idolatrar a una institución como Defensor, o hablar bien, o querer a toda su gente. Porque mi historia en Defensor muchos no la saben. Siempre fue mi casa y de por vida siempre voy a estar agradecido. Estuve en esos cinco pasajes por el club porque lo siento. Tuve ofertas de Nacional y de Peñarol, pero en Uruguay quería jugar solo en Defensor. Cuando uno se cría así, en un club que es su casa, pasa eso. Yo soy una persona muy sentimental y muchas veces dejé de lado lo monetario y me guié por el corazón. Y las veces que vine a Defensor, nunca miré la parte del dinero. Vine con el corazón. Para mí eso es mucho más importante que otras cosas. El dinero lo podés gastar mañana y se te va. Lo que me queda como enseñanza de mi abuelo, era su forma de ser. Él no era multimillonario, pero era feliz. Iba por la calle y lo quería todo el mundo. Esas cosas me quedaron a mí. Entonces, ¿por qué tengo que cambiar algo que realmente me dejaron que es bueno, positivo, una forma de vivir? No me cambia nada unos pesos más o menos. Me cambia el hecho de sentirme querido y de poder querer a la gente que siempre me ayudó. Porque después la vida pasa y lo que queda es cómo era la persona, si era buena o mala, lo que dio y lo que no. Siempre pensé que se me recuerde como la persona con lealtad a sus colores.

¿Qué pasó en la Copa Libertadores 2007 cuando lo llevaron a Porto Alegre para despistar a los hinchas de Gremio?

Yo estaba lesionado, pero viajé igual. Poco tiempo antes, había viajado Nacional para enfrentar a Inter y no los dejaron dormir con una gran cohetería. Entonces hicimos dos grupos en dos hoteles distintos para que a los que jugaran, no les pasara eso. De noche fueron saliendo los futbolistas de Defensor desde nuestro hotel al otro vestidos de particular y en autos particulares, mientras los dirigentes venían al nuestro. A mí y al Tata González que no íbamos a jugar, nos pidieron que hiciéramos de carnada para que los periodistas y los hinchas vieran a jugadores en el lobby. Nos quedamos como hasta las 2 de la mañana para despistarlos. Subimos a la habitación y no dormimos nada; los dirigentes tampoco, pero en el otro hotel, los que iban a jugar, durmieron tranquilamente.

¿Qué puede decir de Púa?

Es un excelente entrenador, magnífica persona. Es verdad que al principio en mi proceso con Víctor no la pasaba nada bien porque era muy exigente. Me ponía de "10", de volante por izquierda. Me achacaba todo el tiempo y yo a veces me calentaba. Pero después fui entendiendo por qué lo hacía, para sacarnos el 100% de cada uno de nosotros. Fue un entrenador que recuerdo con mucho cariño y respeto por todo lo que me dio especialmente en las juveniles. Siempre me puso, me bancó.

Lo hizo debutar en la selección mayor en 1997 en la Copa Confederaciones.

Yo había visto la final de Uruguay campeón de América 1995 por la tele. Para mí fue un asombro que me llevaran con la selección mayor y que fuera titular. Se acercó (Julio) Grondona y me dijo que si no hubiéramos perdido el tercer puesto con República Checa –que jugaba Pavel (Nedved), compañero entonces de Paolo (Montero) en Juventus, que de hecho me pegó una patada y Paolo le dijo: "No le pegues al pibe, ya te voy a agarrar allá"-, yo hubiera salido electo como el tercer mejor jugador del torneo detrás de Romário y Ronaldo que habían sido campeones.

En su debut lo sustituyó Tony Pacheco.

Un divino el Tony, un tipazo, humilde que siempre te ayuda. Jugamos juntos en Albacete. Y el Chino (Recoba) también. Cuando jugaba en Sevilla lo llamaba al Chino y le decía que me iba para Milán. A mí me encanta la ropa y él superatento me llevaba a comprar ropa, a comer. Un grande.

¿Qué recuerda de Passarella?

Daniel era un monstruo. Me dio la oportunidad de jugar una Eliminatoria. Lo lamentable es que se fue, vino Púa y estuve en el plantel pero no pude jugar el Mundial de Corea y Japón. Siendo una de las apuestas fuertes de Passarella, de meterme a jugar de doble 5, fue admirable. Además, una figura como él, campeón del mundo, que nos dirigiera con Sabella, era magnífico. Hasta el día de hoy hablo. Hace poco hablé con él porque le pedí que viniera a mi último partido en el Franzini y me dijo que iba a venir.

El Mundial 2002, ¿fue una frustración?

Sí, porque iba con muchas expectativas después de lo que se hizo en la previa del Mundial. Si bien después que se fue Daniel (Passarella) y llegó Víctor (Púa), yo ya no jugaba como titular. Estaba con la ilusión de ir al Mundial, representar a mi país y sentir esa sensación de jugar contra los mejores del mundo. Fue triste no poder ayudar, ir y no poder jugar ni un minuto después de mis antecedentes que no habían sido malos. Pero fueron cosas que pasaron que a mí no me gustaron, pero no se pueden cambiar y hay que mirar hacia adelante.

En 2013 tuvo dos lesiones importantes y escribió una carta. En el posdata decía: "Hay que iluminar la oscuridad".

Es una canción de Bob Marley que habla de eso. Es un poco lo que hay que pensar cuando las cosas están turbias o negras. Con ser positivo, con mirar siempre para adelante, no quedarse con lo que pasó, yo siempre salgo adelante. La oscuridad en ese momento para mí era lo que me estaba pasando. Jugar un partido de fútbol y se me cayó uno encima y me quebró la clavícula. Me operé y al mes estaba jugando. Empecé a jugar y me choqué con el golero y me fracturé el malar y otra vez a operarme. Era todo negativo, un momento oscuro. Por eso lo de iluminar la oscuridad. Iluminarla es siempre ser positivo, rodearse de gente con buena vibra. Pensar que lo que pasó, pasó y lo que viene va a ser siempre mejor.

Con 36 años fue el goleador y electo el mejor jugador de la Copa 2014. ¿Qué significó?

Fue un orgullo, un agradecimiento a Defensor y a mis compañeros por el hecho de vestir esa camiseta, de sudarla como la suda un hincha para que las cosas salgan bien. Para mí fue lindo y me puso superorgulloso porque muchas veces dicen que uno viene con cierta edad a robar la plata, debe darle lugar a los jóvenes y yo siempre viví para el fútbol. Yo ahora vivo con mi novia Florencia, pero tengo 38 años. Antes vivía para el fútbol. Comía, pensaba, meditaba, para el fútbol. La primera casa que le regalé a mi madre y el apartamento que le regalé a mi abuelo, fueron gracias al fútbol. Nunca formé una familia. No tengo hijos porque pensaba que lo esencial era el fútbol y seguía con esas cosas. A raíz de eso, mi novia vino en un excelente momento. Ella es argentina y me ayudó mucho, me dio esa estabilidad que uno necesita cuando va madurando. Y teniendo la edad que tenía, cuando muchos pensaban que ya me tenía que retirar, gané ese trofeo, fue un momento único, pude ser el mejor de todos a nivel internacional que no es para muchos. Al mismo tiempo, representar a Defensor. Yo recuerdo: cuando me fui a Valencia, era el mejor jugador del mundo, pero representaba a Defensor. En 2014, luego de un regreso al club, fui el mejor jugador y goleador de la Libertadores en Defensor. Y soy el goleador internacional histórico en Defensor. Entonces para mí es una satisfacción. Soy un convencido de que si no hubiésemos tenido el parón de la Copa, habríamos sido los campeones.

Cuando fui a recibir el premio a Paraguay, estaba sentado en la mesa con la Brujita Verón, su padre, el presidente Lammens de San Lorenzo (que ganó esa Copa) y el técnico Bauza quien hoy dirige a Argentina y me decían: "Nosotros teníamos un temor enorme de enfrentarnos a ustedes por el potencial que tenían. Y seguro nos podían haber ganado". Yo me encontré recibiendo un premio que no era mío, era de Defensor porque yo era la representación de Defensor y para mí es un orgullo: representar a tu familia. Es como cuando de chico sos abanderado del colegio. Representás a tu familia.

Sé que le pidió a algunos excompañeros que fueran a verlo en la penúltima fecha en el Franzini ante Racing ya que va a ser su último partido en esa cancha. ¿Esa será su despedida o jugará la última fecha ante Peñarol en el Campeón del Siglo?

Me quiero retirar en el Franzini para despedirme de la gente en mi casa. Porque todos me pedían que hiciera un partido de despedida y yo no soy de hacer eso. No porque no me guste. El tema es que no me despido de nadie. Me despido del fútbol y ni siquiera eso, me despido de una etapa de mi vida, pero si Dios quiere, voy a seguir en el club, en la tribuna. No creo mucho en eso. Y además para despedirme tengo que llamar a todos los de Valencia, Sevilla, Valladolid y los demás equipos que jugué, porque todos ellos potenciaron mi fútbol. No puedo elegir dos o tres. Hablé con algunos chicos para que fueran al Franzini porque también es un agradecimiento a ellos porque fueron jugadores que salieron de Defensor y estando presentes, es una forma de agradecimiento para ellos y que la gente les agradezca. Merecen estar allí, no porque yo me retire, sino porque merecen vivir un momento así, como somos todos los hinchas de Defensor.

¿Y después del fútbol? Técnico no va a ser...

Técnico, no. Percibo lo mejor, porque lo mejor está por llegar, como siempre digo. Hay un montón de cosas buenas que se pueden hacer. Lo que quiero, es lo mejor para Defensor.

Y en ese futuro, ¿puede ser que se venga Nico papá?

Sí, claro. Hay etapas. Viví toda mi etapa linda del fútbol. Vine a Defensor, me fui, y esta última cuando vine para quedarme pese a tener propuestas de todos lados, la vida me dio la oportunidad de conocer a Florencia y poder formar una familia. Entonces son etapas: terminaré mi carrera, armonizar estas cuestiones, potenciar la relación. Soy de la idea de formar una familia como lo hizo mi abuelo. Sentar a una mesa a los hijos, a los nietos, a los yernos, pasar las Navidades juntos. De chico, venían mis amigos a buscarme y no podía levantarme de la mesa porque mi abuelo hacía una sobremesa de 15 personas. Estábamos todos juntos hablando. Y eso era lo lindo. No comer y salir corriendo. Yo quiero eso, una estabilidad de una familia fuerte. Con Florencia jodíamos el otro día nos mandábamos fotos y decíamos "va a salir así morochito, el pelo así o asá, lo voy a vestir como a mí me gusta, no se va a llamar Andrés Nicolás como el padre" y ya estamos visualizando ese tema. Lo bueno es que vamos por partes, no estamos apurándonos ni mucho menos. Pero vamos con pasos firmes.



"UN JUGADOR COMO ZALAYETA NO MERECÍA RETIRARSE ASÍ"

En Malasia formaron una dupla impresionante con Marcelo Zalayeta. ¿Tiene relación de amistad con él?

No, hoy en día, no. Si bien lo recuerdo con mucho cariño, la vida nos aleja, nos acerca, o transcurren cosas que uno toma un camino u otro. En esa selección hicimos una amistad entre todos. A mí me gusta jugar con gente que juega realmente bien al fútbol y la unión de la pelota hacía que nos entendiéramos mucho más. Después, lo tuve en Sevilla e intenté que se sintiera cómodo, que se sintiera bien con su familia. Salimos campeones, subimos dos fechas antes y Marcelo y yo hicimos tremendo campeonato. Después seguimos un tiempo en contacto porque se fue a Italia y luego, cada uno tiene su vida. No me gusta llamar o molestar a nadie. Llamaba aquella vez al Chino, pero porque viajaba para Milán. Yo dejo que la gente fluya. Si me quiere llamar, que llame. Si necesita algo sabe que puede contar conmigo. No por eso nos llevamos mal ni mucho menos.

¿Cree que hizo bien en retirarse cuando echaron a Bengoechea de Peñarol?

Son decisiones particulares. A mí me hubiese encantado que siguiese en el fútbol. Es más: un jugador como él, no se merecía retirarse de la forma como se retiró. Para mí es doloroso ver ese tipo de situación, pero ante eso no puedo hacer nada. Puedo dar un consejo, una opinión que la puede tomar o no, pero después, la decisión es de cada uno. Mirándolo de afuera, conociéndolo a Marcelo, me hubiese gustado que terminara de otra forma. Él se lo merecía, primero como persona porque es un tipo sensacional, superquerible, y después también porque es un jugador que hizo mucho por el fútbol uruguayo. Lo que pasa que a veces la gente no tiene memoria. O tiene mala memoria. No sé si es el uruguayo en sí. Se olvida rápido de las cosas buenas y se acuerda rápido de las cosas malas. Como que todo el tiempo están pendiente de lo malo y no de lo bueno que hiciste. En el caso de Marcelo no se pueden olvidar de lo que hizo en Malasia con el grupo, lo que hizo en Danubio, en Peñarol, en Juventus. ¿Quién va a jugar a Juventus? Son elegidos. Yo con el Balón de Oro, no fui a jugar a Juventus. Hay cosas que hay que visualizar y entender. Hay futbolistas que hicieron mucho por el fútbol uruguayo.


LAS FRASES

"El profe Mena me dijo: 'Caravanas en el Franzini no se pueden usar'. Y me las saqué enseguida y me corté el pelo"

"Defensor es mi vida; cuando uno tiene una experiencia como la mía, es difícil no idolatrar a una institución como Defensor, o hablar bien, o querer a toda su gente; Siempre pensé que se me recuerde como la persona con lealtad a sus colores"

"Daniel (Passarella) era un monstruo; me metió a jugar de doble 5 en la selección, fue admirable; lo invité a que venga al Franzini a mi despedida y me dijo que sí"

"Una vez luego de dos lesiones feas escribí 'hay que iluminar la oscuridad'; es de una canción de Bob Marley; iluminarla es siempre ser positivo, rodearse de gente con buena vibra. Pensar que lo que pasó, pasó y lo que viene va a ser siempre mejor"

Nicolás Olivera
Jugador de Defensor Sporting



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