Si te he visto, no me acuerdo

El fútbol de la globalización permite que los vestuarios se transformen en crisoles de razas y nacionalidades. Los argentinos y uruguayos suelen tender puentes de unión

El fútbol de la globalización permite que los vestuarios se transformen en crisoles de razas y nacionalidades. Contaba una vez Gustavo Poyet que en el camarín de Chelsea se hablaban cinco idiomas. Increíble. Lo cierto es que por estos tiempos, donde es normal que los jugadores cambien de equipo y convivan en un mismo club, argentinos y uruguayos suelen tender puentes de unión.

No existe la barrera del idioma. Se tienen las mismas costumbres. El mate, el asado y las familias, generan lazos sentimentales que van más allá de la pelota.

Por eso, el clásico de esta noche es una excusa para reunir en cancha a los “queridos enemigos”. El duelo estará plagado de choques de jugadores que son compañeros en el exterior y que, en muchos casos, comparten sus vivencias y experiencias en lugares donde la tierra se extraña y el vecino del otro lado del Río de la Plata se transforma en parte de la familia.

No llamó la atención que hace unos días Luisito Suárez remitiera señales de agradecimiento a su amigo ayer en Liverpool, Maxi Rodríguez, y enemigo esta noche en Mendoza.

"Que Maxi Rodríguez me respalde es muy importante. El me conoce, pasamos mucho tiempo juntos, sabe cómo soy y yo sé también que es muy buena persona; pero que hable bien de mí es un halago", agradeció Suárez antes los ataques sufridos desde Inglaterra.

Maximiliano Pereira tendrá del otro lado a Enzo Pérez y Ezequiel Garay con quienes comparte el mate en Benfica de Portugal.

Pero acaso el que la tendrá más dura en la cancha será Edinson Cavani debido a que en la zaga lo esperará su compañero en Napoli, Federico Fernández. En el mismo equipo donde antes militaba Walter Gargano, también juega el argentino Hugo Campagnaro.

Diego Forlán tampoco la tendrá sencilla. Es que si Argentina se pone en ventaja seguramente pueda reforzar el medio con quien le brindó la bienvenida en Porto Alegre, el volante Pablo Guiñazú. Y este raspa y raspa en el medio.

Esta historia del fútbol está plagada de amigos de la vida que dentro del terreno de juego se miran de reojo y con la vista parecen decirse: “Si te he visto no me acuerdo”.   


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