Serena Williams vuela en Nueva York

La molestó el viento y Azarenka le presentó una batalla sin cuartel, pero la estadounidense desplegó todo su poderío para quedarse con su quinto US Open y seguir colgada de la cima de su carrera a los 31 años

Todo el esfuerzo posible de la bielorrusa Victoria Azarenka no fue posible para doblegar a la estadounidense Serena Williams, quien se quedó por quinta vez con el US Open y causó la segunda frustración consecutiva a la rival de ayer en definiciones de Flushing Meadows. Williams venció por 7-6, 6-7(6), 6-1.

La potencia sí, pero más que ello la experiencia en estas lides, volcaron la balanza para la estadounidense, pues el temple conseguido en su extensa carrera y con 31 de edad, fueron fundamentales para resolver los puntos en situaciones críticas, hacia donde la llevó la pujante bielorrusa, de 24 años.

Azarenka se la puso muy difícil, incluso superando momentos adversos con su saque y cuando le tocó devolver para defender el partido, en dos oportunidades en el final del segundo set. Sin embargo, desaprovechó varias oportunidades de tomar ventaja luego de conseguir quebrar el servicio de la norteamericana.

Fue un duelo de dos tenistas superlativas, plenas, potentes, con todos los golpes y con un despliegue físico sin igual. Pudo ser para Azarenka. Prueba de ello fue la incontable cantidad de veces que Williams protestó por el viento –que lo había por cierto– o que miró hacia las tribunas buscando explicación en la mirada de su entrenador. Incluso, en momento de mayor desconcierto, golpeó su raqueta contra el piso.

Pero todo eso no fue suficiente ante una jugadora que, hasta el momento, sigue estando un escalón por encima de la bielorrusa (en el ranking y en la realidad) y muchos en comparación con las demás tenistas del circuito.

Desde el renacer de la menor de las Williams luego de su lesión no hubo forma de parar una carrera vertiginosa que encontró una segunda etapa ya después de los 30.

Williams cosechó el quinto US Open, su corona de Grand Slam número 17 y, por ahora, no parece tener rival que pueda hacerle sombra. Azarenka parecía la elegida en este torneo, pero como el año pasado (también en tres sets) a la bielorrusa le tocó mirar, con los ojos llenos de lágrimas de impotencia, como Serena festejaba con su público.

Williams no fue simpática en la cancha. Nunca lo fue, y menos cuando el partido está complicado. Los gritos desafiantes tras conseguir puntos importantes, el puño cerrado en alto, silenciaron cada uno de los “aullidos” que Azarenka acostumbra a soltar con cada golpe.

El primer set fue parejo hasta la definición. Williams tambaleó con su servicio en el undécimo juego pero finalmente puso el 6-5 a su favor y eso desmoralizó a Azarenka, quien perdió luego su juego de saque y vio irse el set por 7-5.

El segundo parcial inició muy prometedor para Williams, que tomó ventaja de 4-1, pero Azarenka se recompuso y sacó lo mejor de sí mientras la estadounidense empezó a quedar desconcertada. Williams tuvo su primera chance de sacar para el partido, pero fue impedida por Azarenka, quien quebró para igualar el set en 5 juegos.

La estadounidense tuvo una nueva posibilidad al quedarse con el servicio de su rival y ponerse 6-5, pero Azarenka volvió a dar todo para obligar al tie break, que ganó con bastante solidez.

El tercer parcial prometía mucha emoción pero, si bien la tuvo, Azarenka pagó caro el desgaste y comenzó a fallar mientras Williams se reinventó en el partido y terminó dominando con toda su potencia.

Williams volvió a celebrar. Su sucesora quedó esperando otra vez. l


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