Se tiraron al suelo y te cobraron penal

Harto de promesas incumplidas y la falsedad del ambiente, Fernando Laforia colgó los guantes, dejó el fútbol y sale a cantar en una murga

"Te largan a la cancha sin preguntarte si querés entrar. Por si fuera poco, de golero; toda una vida tapando agujeros. Y si en una de esas salís bueno, se tiran al suelo y te cobran… Y te cobran penal”. El recitado final del Canario Luna en la inmemorial Brindis por Pierrot le calza como anillo al dedo a esta historia. Es la de Fernando Laforia, exgolero de River Plate que a los 26 años colgó los guantes para cantar en una murga.

Aquel botija que debutó con 17 años en Segunda con Fénix, que después la remó en Rentistas para consolidarse en el darsenero de Juan Ramón Carrasco, se hartó del fútbol.

“Me cansó el tema representantes. Mucho. Estuve con todos. Y nunca pasó nada”, cuenta a El Observador en una banqueta del Club Cultural Jacinto Vera donde minutos después ensayará con la murga Garufa.

“Me aburrí de que me vean cara de gil, de que se piensen que soy un nabo porque soy jugador de fútbol. No, yo soy un guacho de barrio me crié distinto a ellos, de abajo, nunca tuve nada y todo lo que quería lo quería ganar yo, sin que me regalen nada. Eso es lo que se confunden ellos. Te tienen un año parado y te dan plata como si fueras un perro”, dice.

“Me cansé del ambiente del fútbol, de la gente, de muchos jugadores, hay mucha falsedad”.

Y sin embargo, sus palabras no están cargadas de resentimiento. Porque hoy está feliz.

“Todo el mundo me dice que estoy loco, pero la única razón que ponen de por medio es la plata. Pero a mí no me importa tener 40 casas ni 60 autos. Yo quiero ser feliz y como el fútbol no me estaba dando felicidad la voy a buscar a otro lado. Si la vida me dice que en un año o seis meses tengo que volver a jugar, lo voy a pensar. Pero ahora soy un carnavalero”.

Laforia busca en su interior las palabras precisas para definir qué siente por la murga. Por el Carnaval. Es difícil. La respuesta le viene a gritos desde la sangre.

“Mi padre (Luis “Sapo” Laforia) fue un murguista que tuvo una vida complicada, que de chico tuvo que salir a cantar para llevar el puchero a la casa. Tuvo el don que Dios le diera esa garganta”.

El hombre salió en grandes títulos como Saltimbanquis, Falta y Resto o La Reina de La Teja y hace ocho años que está radicado en España.

El “Te vas para acá”, “te vas para allá”, que jamás dejó de escuchar en sus días de futbolista, lo hizo desembarcar a principios de 2013 como suplente en Wanderers tras dos años como titular en River donde llegó a ser capitán de la mano de Eduardo Del Capellán.  

“Hoy en día duermo mucho mejor, estoy tranquilo, contento. Estoy donde quiero estar”.

Y no arranca en una murguita. Larga en un cuadrazo: Rafael Antognazza, el Negro Claudio (Rojo), Julio Pérez, Carlos Melgarejo, Javier Modernell... Y en un título que debutó el año pasado con un sexto puesto.

“Siempre quise hacer esto. Siempre me encantó mucho más cantar que jugar al fútbol”. Tanto que antes de las fiestas recibió una oferta para ir a probar suerte a Colombia. “Les dije que ya había arreglado en la murga”.

Hubo un momento de su vida donde el fútbol tiró más. “Estaba en Fénix y salía en murga joven pero me decidí por el deporte”.

Debutó en 2005 con Fénix al que dirigía Jorge “Culaca” González. Fue contra Juventud de Las Piedras en el Nasazzi. “No me acuerdo de nada. Yo era un guacho que entraba a la cancha a jugar y nada más”.

Sin embargo recuerda que en un 4-1 ante Peñarol se atajó todo. “Tuvieron 20 minutos que nos llegaban por todos lados”. Fue por el Clausura de 2011 en una tarde en que el Rayo Ramírez anotó dos goles. Al equipo ya lo dirigía Guillermo Almada.

Hasta que una bendita tarde recibió un llamado. No era un contratista hablándole de billetes ni destinos exóticos. Era Nicolás Grandal, componente de la murga campeona 2013, Asaltantes con Patente, pidiendo que le hiciera una suplencia para una gira por Argentina.

“Al final hice tres giras. En la última que fue en Córdoba me emocioné. De verdad. Algo que en el fútbol nunca me pasó. Jamás”. Es otra de esas sensaciones que el Sapito solo puede explicar abrazándose la piel murguera.


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