Se rompe el encanto de la celeste

En un partido en el que Uruguay salió a buscar el 0-0 pudo resistir hasta los 65 minutos, cuando Argentina encontró el camino para el triunfo y goleó

El camino se puso cuesta arriba. Como antes, como siempre. Y acá está la lectura del partido y de las Eliminatorias. ¿Quién dijo que esto iba a ser sencillo? ¿Quién le vendió a la gente que era un paseo de salud? El hecho de ganar la Copa América en 2011 confundió a mucha gente. Y no salió de los verdaderos protagonistas de esta historia que se escribe en la cancha.

La lectura es clara. Al margen de que fue dolorosa la derrota, que lastimó, que hirió el orgullo, este resultado era previsible. Uruguay enfrentó a una de las mejores selecciones del mundo. Y en la cancha quedaron claramente evidenciadas las diferencias. Acá no existe el ranking FIFA, una novedad barata para algunos. Tampoco la Copa América. Todo quedó atrás. Las Eliminatorias Sudamericanas es el torneo más sufrido del mundo. Y acá están las pruebas.

Antes del partido se sabía que se podía perder. Este juego es de los perdibles. Claro que incomoda la forma. Uruguay sostuvo el partido hasta los 20 minutos del segundo tiempo, luego se derrumbó y terminó pidiendo clemencia a la mejor delantera del mundo.

¿Fue mal planificado el partido? Ahora es sencillo hablar. ¿Pero qué se podía hacer? ¿Poner más delanteros? Es un suicidio. No había otra. Esto era refugiarse, defender y sufrir. Y después si queda una meterla. Que quede claro, no podemos jugar de igual a igual contra Argentina. Tienen al jugador más desnivelante del mundo. Y marcó la diferencia.

Acá no se trata de sacar una lanza. Si vos tenés al mejor, en algún momento vas a desnivelar. A otra cosa. Tabárez y sus jugadores aguantaron hasta donde pudieron. Sucumbieron y terminaron mal.

Las características del primer tiempo eran las previsibles. Que Argentina tendría la pelota no era novedad. Que pisaría el acelerador en procura de desnivelar tampoco. Y la primera media hora fue asfixiante para los celestes que fueron cercados en su última zona.

Y se planteó el partido que se diseñó. Con dos líneas de cuatro para cerrar los caminos a Muslera. En muchas ocasiones fueron cinco atrás cuando Maxi Pereira se metió en las zaga y el lateral lo cerró Tata González.
El dominio argentino no fue comprometedor hasta el cuarto de hora. Tuvieron la pelota, la manejaron, pero siempre encontraron una pierna que los frenó.

Hasta que a los 18 minutos apareció Messi apilando hombres por el medio y asistiendo a Di María que remató bajo y su disparo fue bien contenido por Muslera. Enseguida un pase largo para Agüero volvió a ser bien resuelto por Muslera cuando el delantero del City quedaba solo de cara al gol.

El tema es que el juego se transformó en un frontón porque la defensa uruguaya restaba sin miramientos. No eran pases, era sacarse el problema de arriba. Entonces, como los de arriba no la podían tomar, volvía enseguida a territorio celeste. Y la cancha quedó inclinada. Argentina insistió mucho por derecha con Di María.

Hasta que Uruguay salió de la cueva y se percató de que se podía. Recién a los 25 minutos respondió Cavani encarando y rematando cruzado y abajo. Pero enseguida el genio frotó la picada por encima de Muslera que se perdió apenas afuera.

Tabárez miraba el reloj justo cuando Suárez silenció el estadio entrando al área, tirando un caño y siendo trabado justo cuando se aprestaba a definir. Y después que Muslera salvó ante Messi, Luis Suárez casi sorprende con una definición que contuvo Romero. Por unos minutos Uruguay generó nerviosismo en el Malvinas Argentinas. Es que la defensa local empezó a flaquear y el golero Romero presentó dudas en cada envío aéreo.

Argentina fue un equipo en la primera media hora y luego se fue diluyendo ante un Uruguay que se paró bien, sufrió el juego pero terminó logrando su cometido. Pero quedaban 45 minutos de sufrimiento.

Apenas iniciado el complemento Argentina contó con la primera opción en una pelota quieta que la defensa no logró restar y Garay se lo perdió en la boca del arco. La segunda la tuvieron 10 minutos más tarde cuando Messi tomó mal parado a Uruguay y habilitó a Agüero que encaró y le devolvió la gentileza. Pero cerró justo Gargano.

El juego mantuvo la misma característica. El equipo de Tabárez no podía tener la pelota por el viejo dilema de que los volantes la pierden enseguida y se recurrió permanentemente al pelotazo.

A los 18 minutos salió lesionado Lugano y dos minutos más tarde Messi rompió la muralla uruguaya en otra acción por la derecha de la defensa visitante y la pelota colocada al medio para la entrada de Messi que anticipó y tocó la pelota a la red.

¿Y ahora qué hacer? Uruguay tenía que salir de la cueva. Tabárez metió mano y mandó al Cebolla Rodríguez en lugar de Tata González.

El tema fue que, al desarmar el bloque de la zona central y salir a jugar unos metros más arriba, el equipo se desnudó. Se ampliaron los espacios y todo quedó a merced de Argentina. A la media hora Messi habilitó a Di María que tiró el centro al medio para que Agüero solo tuviera que empujarla.

El partido se fue a la zona del ole de la tribuna. Y Messi volvió a hacer delirar a la gente con un tiro libre que metió por debajo de la barrera y que hizo estéril el esfuerzo de Muslera. A esta altura lo mejor era que terminara el partido porque cada ataque era un sufrimiento.

Uruguay terminó brindando una pálida imagen. Pidió clemencia. Funcionó hasta los 20 minutos del segundo tiempo, luego se derrumbó ante la superioridad de un rival que lo pasó por arriba.

El camino se puso cuesta arriba. Como antes, como siempre, se complicaron las Eliminatorias.


Fuente: J. Señorans, enviado a Mendoza

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