Se retira Leyton Hewitt, el último rebelde

Supo ser el N°1 más joven del mundo y de los más polémicos del circuito; ahora juega su último torneo
Es el ícono de una generación. Un viejo lobo que se despide a partir de mañana, cuando juegue su 20° Australian Open. Lleyton Hewitt, el alguna vez chico maravilla, el más joven en su momento en llegar a ser número 1 del mundo, el símbolo de rebeldía y hasta en algún momento excesos dentro de una cancha, es hoy un referente de la nueva generación de tenistas australianos.

A los 34 años, el australiano juega el último torneo de su carrera. Como Kobe Bryant en la NBA, desde que anunció su retiro el año pasado comenzó un largo recorrido por todas las canchas donde jugó alguna vez. Se ha ido despidiendo de cada una, generalmente con más malos resultados que buenos. Se despidió de esos dirigentes y jueces que alguna vez lo vieron como un maleducado, pero que hoy valoran el ícono que se va.

A esta altura Hewitt está bastante más allá de los malos resultados de sus últimos años, que lo han bajado al lugar 300 del ránking. Ya se ha ganado un lugar en la historia del tenis, a mitad de camino entre sus logros y su personalidad.

A los 16 años, en 1998 le ganó al entonces número 1 del mundo Andre Agassi en su primer torneo en el circuito. Luego, con 20, se transformó en el número 1 más joven en la historia del tenis, mientras ganaba sus dos Grand Slam: US Open 2000 y Australia 2001, y sus Davis 2000 y 2003.

Calzó justo entre dos eras: el final de Agassi-Sampras y la llegada de Federer- Nadal y luego Djokovic. Pero brilló con luz propia, hasta que las lesiones, y las limitaciones físicas, empezaron a dinamitar una carrera que pudo ser de las mejores e la historia.

Quizás su llegada a esa cima fue lo más llamativo. Bajo para la modernidad del tenis (1,78), liviano (61 kilos) y sin un brazo poderoso, no estaba preparado para ser número 1 del mundo, salvo por una devolución espectacular. Suplía sus carencias con enorme tesón y personalidad, y sobre todo con un despliegue físico que con el transcurrir de su carrera ya no pudo sostener.

En 2008 fue una lesión de cadera la que lo obligó a operarse y perder varios meses. En 2011 fue una lesión en la pierna, y en 2012 una en un dedo. Pero en realidad, a esa altura Hewitt ya había perdido el tren: no había podido estar en el cambio de era, que trajo a Federer, Nadal y un tenis superior en lo físico.

Polémicas

La llama de Hewitt se acabó entonces pronto. Pero mientras duró, fue tórrida. Por su juego, sí, pero también por sus varias polémicas.

Quizás la más recordada fue en el US Open 2007. Enfrentaba al local James Blake, y de pronto, tras un cruce con un juez de línea que cobró un fallo en su contra, todo se descalabró: "Míralo", le dijo al juez principal apuntando al asistente, de raza negra. "Y míralo a él", dijo apuntando a Blake, también negro. "¿No ves la similitud"? Le llovieron acusaciones de racista. Pero Hewitt siempre las negó.

Sus cruces con los jugadores argentinos del circuito también le ganaron fama en esta parte del mundo. Lo acusaban de sobrador y de no tener códigos, y por eso sus duelos siempre levantaron temperatura (ver despiece).

Ahora, muchos especulan con que se retira con la tarea cumplida: haber ayudado a formar a una nueva generación de compatriotas, que pueden volver a sacar la cara por el tenis australiano después de mucho tiempo que Hewitt fue la solitaria bandera. Tomic, Khokinakis y Kyrgios son la nueva camada, aunque muchos apuntan a este último, tan polémico como Lleyton.

Ante todo, en tiempos de corrección y buenas costumbres, se va uno de los últimos grandes rebeldes del tenis.

El escupitajo de Chela

Quizás Hewitt fue una de las razones para mantener unida a la siempre problemática legión de tenistas argentinos.
Uno de los más famosos cruces fue en 2005, cuando jugaba contra Juan Ignacio Chela. Con gritos y ademanes levantó a la tribuna, que lo ayudó dar vuelta el partido. Impotente, Chela reaccionó escupiéndolo.
Ese mismo año, durante un partido con David Nalbandian, se pecharon en un cambio de lado, en un nivel de enfrentamiento insólito para el siempre correcto tenis. Pocos años después, se despachó contra todos. "No soy fan de Nalbandian, he escuchado historias de él porque compartimos preparadores físicos. Uno de mis peores viajes fue a la Davis en Argentina en 2006, cuando fui silbado por la gente y me trataron mal", recordó. "Cuando jugué con Nalbandian la final de Wimbledon no hubo problemas entre nosotros y hasta entrenamos juntos, éramos muy jóvenes. Sin embargo, después de haber derrotado a (Juan Ignacio) Chela todo cambió. Jugué contra él en Australia y en un cambio de lado chocamos los hombros, nos dijimos cosas y desde entonces no nos hablamos". Y hasta le pegó a Mariano Puerta, vice campeón de Roland Garros 2005, luego suspendido por doping. "Arruinó ese torneo, uso drogas y le ganó a grandes jugadores. Menos mal que perdió la final con Nadal. Al menos tuvimos un campeón que lo merecía".