"Se me pasó por la cabeza robar", Walter Vaz, jugador de River Plate

El francés Walter Vaz, jugador de River Plate, no tenía para darle de comer a su hermano cuando emigró
En busca de un mejor porvenir, la madre de Walter Vaz tomó la decisión de ir por el sueño americano. Tomó a sus seis hijos y marcharon. Indocumentados. Cuando descendieron del avión en Miami chocaron con los controles aduaneros que impidieron el ingreso. Pasaron un día entero en el aeropuerto hasta lograr su cometido.

El tema es que el sueño se terminó transformando en una pesadilla. Y de vivir en Francia se pasó a sobrevivir en Estados Unidos. Sin entender ni hablar una palabra del idioma se fueron a vivir a un barrio complicado. Faltó comida, tuvieron que salir a pedir y a Vaz, después de escuchar a su hermano llorar de hambre, se le pasó por la cabeza salir a robar.

No es sencilla la vida de Walter Vaz. La felicidad de jugar en River no borra el sufrimiento de llevar dos años sin ver a su madre y sus hermanos. Pero no llora. Dice que ya se quedó sin lágrimas.

Después de entrar al país los Vaz se fueron a vivir a un barrio latino. "Apenas llegamos alquilamos una casa pero era muy cara porque nos pidieron como US$ 2.000 y como no conocíamos nada nos robaron la plata. Luego vendimos una casa en Francia y compramos en Miami. En un barrio afroamericano que no era lo ideal porque había mucha violencia. Pero era lo único que se podía conseguir para vivir. Yo ahí estaba para cumplir 18 años y cada día era bravo. Adaptarse, aprender idioma. No saber hablar fue lo que más me complicó", reveló Vaz a Referí.

El jugador de River aprendió a convivir con el temor de que "mañana puede ser el último día de tu vida. Sin documentos es un control y te mandan de regreso".

Los días fueron eternos. El hambre los invadió muchas veces. Fue duro. No lo olvida. "Vi cosas que nadie quiere ver en la vida. Días donde no había comida. Me pasó de estar días sin comer o preguntarme por qué tenía que estar pasando tan mal".

Conseguir trabajo no fue tarea sencilla. El padre se quedó en Francia y giraba dinero toda la semana.
"Nos llegaban US$ 20, US$ 50, US$ 300. Era complicado. Sobrevivía como podía".

Pero hubo días donde faltó para comer y Vaz pensó en cometer locuras. "Se me pasó por la cabeza
salir a robar pero por suerte no lo hice; mi madre me habló mucho". Escuchar el llanto del bebé de la familia le generaba impotencia. Y salió a pedir.

"Salí a pedir plata a vecinos para poder comprar leche y chocolate porque mis hermanos chicos no habían comido en todo el día. Mi hermano tenía dos años y medio, era un bebé, y teníamos que darle comida. Es difícil pedir, te da vergüenza, pero esas cosas me marcaron en la vida", expresó.

No se quedó quieto. Preguntando conseguía trabajos diarios. "De pronto me pagaban US$ 50 el día. Cortaba pasto, limpiaba la calle, trabajé en la construcción. La sufrí. Fue muy difícil".
A los dos años de estar en Miami decidió salir a correr por un parque de la zona y se metió en los picados de fútbol. Se enroló en equipos amateur y se hizo de un nombre. Le pagaban US$ 50 por partido. La necesidad lo llevó a jugar cinco partidos por fin de semana. Hasta que fichó en el equipo de un uruguayo que lo contactó con el empresario Gabriel Morales y surgió la idea de venir a Uruguay.

Como no conocía, le respondió negativamente. "Yo no podía dejar a mi mamá y mis hermanos". Morales volvió un año después y le dijo que lo colocaba en River, que no tenía que pagar nada.
Vaz se enfrentó a una de las decisiones más duras de su vida. Salir implicaba no entrar más a EEUU y perder contacto con su familia. "Pero me vine. Cuando llegué no sabía nada. Solo 25 palabras, las fundamentales, como buen día, gracias, por favor. Aprendí como todo, a los golpes y día a día". Hoy, Vaz la pelea en River. Dice que es la oportunidad de su vida. "No puedo fallar".

Lleva dos años sin ver a su mamá. Sueña todos los días con encontrarla y darle un beso.
"Pero ya no lloro más. Me quedé sin lágrimas".


"Me siento africano"

Habla cuatro idiomas
"Hablo cuatro idiomas: inglés, francés, español y manjaco de Guinea-Bisáu. De ahí es mi familia y aprendí el idioma porque en casa se hablaba el manjaco. Una vez fui a conocer y me gustó mi país. Mi madre creció allá, tengo familia. Es un país joven pero complicado económicamente. Nací en Francia, pero yo me siento africano porque crecí con esa cultura con mis padres, con la comida, con la ropa".

Mate

"No tiene sabor"
"Acá descubrí el asado, que es buenísimo.Aprendí que con un asado se comparte un buen momento. El mate lo probé y no me gustó (risas); no tiene sabor".

Las llamadas

Viejas costumbres
"Escucho música africana. Acá me encantan las llamadas, el desfile. Me sentí identificado. No sé tocar el tambor pero me preguntaron si quería salir".

El Hospital
La habitación en la concentración
"En River concentro en un cuarto que se llama el hospital porque hay 10 camas. Ahí estamos con el Morro, Alé, Herrera, Lucas Ruiz, el Rayo Ramírez. Al truco no juego, al play tampoco. Miro la tele pero hay muchas cosas uruguayas que no entiendo. Me gusta aprender. No me da vergüenza cometer errores. Era fácil para mí quedarme y no aprender, pero tenía que hablar; entonces siempre estoy preguntando".

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