Se fue Berardi, jamás su legado

Dejó de existir el exentrenador de la selección uruguaya de básquetbol

Sucre, la ciudad joya de los bolivianos. Corría 1984 y aún no la habían declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad. El poderoso Cirio de Brasil la pasaba mal con Bohemios por el Sudamericano de básquetbol. El albimarrón ganaba por un doble y en la hora un brasileño toma la pelota, corre desesperado y lanza un tiro volado que entra. El tiempo se había consumido pero el técnico de los brasileños, Claudio Mortari, salió corriendo a los gritos y gesticulando. Los jueces se encargaron de hacer el resto. Doble que forzaba el alargue. Los uruguayos quedaron petrificados. Todos menos uno: el entrenador de Bohemios.

El hombre se había acordado que al encargado del audio del estadio le había pedido un prendedor de regalo. Se lo llevó y se lo entregó con una condición. "Me permitís el micrófono". Cuando el hombre lo encendió inició un discurso: "Querido pueblo sucreño, el club Bohemios de Uruguay fue despojado de un legítimo triunfo, pero solamente por ustedes Bohemios se va a presentar en este tiempo suplementario. Ustedes saben bien que Bohemios ganó el partido en buena ley. Gracias pueblo".

Ese hombre no era otro que Víctor Hugo Berardi, uno de los entrenadores más ganadores de la historia del básquetbol uruguayo que murió en las últimas horas en la ciudad de Buenos Aires.

Berardi fue uno de los grandes técnicos que pasaron por la selección y entró en la historia al ser el segundo profesional en ganar dos Sudamericanos. En 1995 en Montevideo y dos años después en Maracaibo.

Con Uruguay se recuerda el infarto que sufrió dirigiendo a la Celeste ante Brasil en 1997 en el Premundial disputado en el Cilindro.

Fue asistente técnico en los Juegos Olímpicos de 1984. Y su récord internacional es de 47 partidos con 21 ganados y 26 perdidos, según Urubasket.

Pero por sobre todas las cosas, la mayor parte de sus dirigidos y quienes convivieron con él lo recuerdan como "un gran tipo".

"Aquella vez en Bolivia no nos dimos cuenta quién era el que hablaba por la voz del estadio porque supuestamente estaba dirigiendo. Un grande, todavía me acuerdo de sus palabras 'pueblo sucreño, (se ríe) nos quedamos simplemente por ustedes'; a partir de ahí ese estadio era todo nuestro", rememoró Luis Eduardo Pierri a Referí.

"Era un constante provocador. Desde tirar agua a la cancha para intentar parar el juego; hasta lo he visto hacer cosas que hoy son impensadas en un mercado tan profesional, cosas diferentes para la época. Un ganador, hacía lo que tenía que hacer para buscar la victoria", acotó Pierri.

Pero acaso lo que más se recuerda de Berardi es su don de gente. "Un gran tipo, muy honesto, sincero, de barrio, te decía las cosas como te las tenía que decir. Siempre tenía un consejo. Padre de familia, abuelo, un ejemplo y como entrenador lo que saben todos, un tipo que literalmente dejaba el alma dirigiendo, se comprometía con cada situación, con cada lugar donde estaba, un ganador, un tipo que tenía facilidad para armar grupos, gran estratega. Una lástima su pérdida", dijo Pierri.

Estaba en Buenos Aires con la selección, ya que viajó invitado por la FUBB a un amistoso con Arggentina; ayer de mañana se sintió mal y falleció. Se fue Berardi, pero jamás se perderá su legado.

Anécdotas

¿Arturo o barbudo?

"En un torneo en Paraná contra Argentina me gritaban desde la tribuna: ¡barbudo, barbudo, dejate de joder, llevate esos caballos!". Ya en el hotel mi señora me dice: '¡Qué insoportables estos argentinos con eso de Arturo, Arturo!'; ni atención le prestó al partido".

El infarto

"En el Premundial de 1997 faltaban 15 minutos y sentí un dolor en el pecho que no era normal", contó una vez. Fue un infarto. Berardi terminó internado y con la prohibición de recibir noticias

La enseñanza a Alfie

"Yo jugaba en Atenas y como andaba bien me relajé un poco. En una práctica Berardi me hizo jugar con los suplentes. Volaba de calentura. El día del partido fui titular. 'Jugó bien, espero que siga así', me dijo. Fue una enseñanza".

Uno libre

Contó Marcelo Sánchez a Referí que en 1984, "en un partido contra Sporting, perdíamos bien y Berardi pidió un minuto de tiempo. Ordenó hacer un cuadrado y que cuatro de nosotros marcáramos a cinco de ellos y que Julio Pereyra quedara en la llave contraria. Entonces Pierri bajaba el rebote y la boleaba a Julio. Así ganamos".


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