Se cumplen 40 años del rugido épico en Kinshasa

La mítica pelea entre Muhammad Ali y George Foreman en Kinshasa, Zaire, considerada por muchos como el combate del siglo, cumple hoy 40 años

El combate que protagonizaron los pesos pesados Muhammad Ali y George Foreman en Kinshasa, Zaire, en 1974, que se dio a conocer como “el rugido de la selva”, cumple por estas horas 40 años y para muchos sigue siendo la pelea del siglo XX.

No es para menos. El mejor boxeador de la historia, Ali, se enfrentaba a quien ostentaba el cinturón de campeón, Foreman.

Cinco millones de dólares para cada uno fue lo que les prometió un joven empresario Don King a ambos pugilistas para concretar el combate. Pero el promotor no contaba con el dinero para hacerse cargo de sus palabras.

En Kinshasa, el dictador Mobuto Sese Seko mordió el anzuelo y puso los billetes verdes para llevar la pelea a su país, la actual República Democrática del Congo, lo que hizo que el evento se convirtiera en una formidable operación de comunicación para su régimen.

El regreso
Ambos boxeadores llegaban a la cita en distintas situaciones. La carrera de Ali fue truncada en su mejor momento durante tres años y medio debido a su negativa a ingresar en el ejército de Estados Unidos para luchar en la guerra de Vietnam, pero en 1971 la Corte Suprema confirmó su condición de objetor de conciencia, dejando listo el escenario para su pelea con ForemanEn tanto, el ‘Big George’ de Texas, no había necesitado más de dos asaltos para ganar o defender la corona de los pesados en sus anteriores ocho peleas. Llevaba 40 combates invicto.

El escenario era ideal: el campeón vigente contra el retador que volvía para recuperar el cinturón que alguna vez había sido suyo.

La pelea se iba a realizar a fines de setiembre, pero un corte en uno de los ojos de Foreman hizo que se postergara unas semanas. Ahí comenzó a ganar Ali el combate. Durante ese tiempo se acercó a los africanos y se ganó su cariño.

“Ali era de los nuestros. Le consideramos un zaireño que vive en América. A Foreman no le gustaba el contacto con la población negra. No amaba a esta población y esa fue la clave de su fracaso”, asegura Abdelaziz Saliboko Serry, encargado de la seguridad del recinto que albergó la pelea.

Dos afroamericanos con actitudes opuestas, con un Foreman incómodo en el corazón de África y un Ali que parecía sentirse como en casa, símbolo de la lucha contra la segregación racial en Estados Unidos: más que el aspecto deportivo, fue también todo el simbolismo lo que llevó a esta pelea a formar parte de la historia, en un contexto de reivindicación del panafricanismo.

“¡Ali, boma ye!”
Y llegó la noche del duelo, o mejor dicho la madrugada, porque la batalla comenzó a las 04:00 del 31 de octubre debido a un acuerdo para que el evento fuera trasmitido por la TV estadounidense.

Unos 60.000 espectadores concurrieron al Estadio del 20 de Mayo, en referencia al día, del año 1967, en el que se creó el partido único de Mobutu, quien prefirió ver el espectáculo desde su mansión a través de un circuito cerrado de TV, ya que le pelea no se emitió en su país.

Ali, que entonces tenía 32 años, fue el primero en subir al cuadrilátero y comprobó que el público estaba de su lado. Foreman, de 25, lo hizo ocho minutos después, tiempo que su retador aprovechó para contagiar aún más a sus seguidores.

“¡Ali, boma ye!” (“¡Ali, mátalo!”) gritaban enfervorizados los espectadores en lingala, la lengua del país.

Para la cátedra, era muy difícil que el experimentado retador pudiera aguantar los embates del joven boxeador. Pero el uso de una estrategia llamada “Rope-A-Dope” (usar las cuerdas para asimilar los golpes), trazada entre Ali y su entrenador Angelo Dundee, vio a Foreman agotarse de lanzar tantos golpes.

Con aire y fortaleza, Ali se hizo fuerte y en el final del octavo round propinó una serie de puñetazos con los que noqueó a Big George y recuperó el título que le habían arrebatado por no ir a la guerra. “Muhammad me sorprendió, lo admito. Me derrotó. Esa noche, él fue simplemente mejor en el ring”, dijo Foreman tiempo después.

A cuatro décadas, ambos se han convertido en leyendas del boxeo, en parte por su épico combate en África.

Mientras que la enfermedad de Parkinson ha silenciado la soberbia que caracterizó al joven Ali, Foreman ha evolucionado desde un boxeador estoico y callado a un vendedor de parrillas para asados, campeón de los pesos pesados después de rebasar los 50 años, hasta ministro de una orden religiosa.

Pese al paso del tiempo, sus rugidos en aquella noche aún siguen escuchándose. (En base a AFP)


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