Se abre el cambio de era en el tenis

Marin Cilic y kei Nishikori se enfrentan hoy en una histórica final de US Open, en el que empezó a vislumbrarse un nuevo orden en el tenis mundial

El golpe fue tan grande que, casi 48 horas después, el tenis mundial busca respuestas y no las encuentra. Si, las hay macro: que Nadal está lesionado, que Djokovic llegó con la cabeza en otra parte, que Federer está, como dicen los yanquis, “en el lado equivocado de los 30”, o que Murray recién vuelve a ser el de antes tras su lesión de espalda. Explicaciones primarias que no permiten ir al fondo. Porque lo que pasó el sábado en Flushing Meadows fue una auténtica revolución en la forma en que entendemos el tenis en los  últimos 10 años.

Es que el deporte ha tenido un libreto claro desde aquel 2003 en que Federer irrumpió como grande, y sobre todo tras que en 2005 el pibe Rafa Nadal se le sumó como el único capaz de pelear palmo a palmo: la era en que los grandes aplastaban a sus rivales y jugaban un circuito aparte.

¿Terminó el dominio? No. Los grandes seguirán siendo grandes. Djokovic encontrará la forma de volver, aun cuando su vida familiar le saca –por buenas razones– el foco de la cancha. De hecho lo hizo hasta el sábado en el US Open, donde mostró algunos de sus puntos más altos, sobre todo en los espectaculares dos primeros sets ante Murray en cuartos, cuando jugaron con un ritmo y una agresividad –acompañados de aciertos, obvio– difícil de encontrar en el tenis actual.

Pero es seguro que ya no será ese superioridad infinita. Estamos asistiendo al fin de la era del tenis tal como la conocemos. Se estirará, sin duda, durante algunos años. La gran novedad de la final de la final de esta tarde, y del US Open 2014, es que presenciamos las bases que lo cambiarán.

El ranking ATP de hoy muestra muchas de esas pistas, con un pelotón que está ganando su lugar. Nishikori dio la muestra más impactante el sábado, con un tremendo revés a dos manos –el gurú Nick Bolletieri dijo que es uno de los tenistas más capaces con los que ha trabajado en su academia–, pero también Milos Raonic y Grigor Dimitrov supieron llegar a semis de Grand Slam este año, y de hecho Raonic llegó al US Open como el mejor jugador de canchas duras en los torneos previos. Los tres tienen 23 años, y aparecen como la nueva generación que, si le agregan continuidad a su talento, pueden tomar por asalto el tenis mundial. No son genios como sus antecesores, que saltaron más jóvenes a los primeros puestos, pero la renovación se parece mucho a ellos.

A ellos se les puede sumar el croata Marin Cilic, que jugará hoy la final, y que a los 25 años busca renacer luego de una sanción de cuatro meses por doping. Es un gran sacador, que ante Federer le agregó un gran juego desde la base. El otro es Del Potro, envuelto hace meses en un signo de interrogación por su lesión en la muñeca. Si se recupera tiene todo para volver a estar allí, pero la duda es si no le habrá pasado el cuarto de hora.

Pero lo mejor es que el circuito actual tiene muchos otros nombres para sumarse a la pelea:  Wawrinka, que renació a los 29 años y se metió 3°, Thomas Berdych, Gael Monfils o Jo Wilfried Tsonga, con talento pero sin consistencia, además de un Ferrer siempre fuerte canchas lentas. Berdych y Ernest Gulbis se metieron en semifinales de Grand Slam este año, lo que les da credenciales para seguir preocupando a los grandes.

Ante todo, el tenis está empezando a procesar su cambio de guardia. Y es lo mejor que le podría pasar al espectáculo.


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