Schiappacase tiene chapa de crack

El pibe de 16 años que ya marcó un gol en Primera y firmó un precontrato con Atlético de Madrid, cuenta su historia
Se tatuó en el pecho el nombre de Maira, la hermana que falleció a los tres años por una cardiopatía congénita. Dos caravanas brillantes le iluminan los lóbulos de las orejas y la sonrisa de niño. Cuando habla, busca la complicidad de Blanca, su madre. Se descalza y sube al posa brazo del sillón siguiendo las órdenes del fotógrafo. Después de cada clic, se baja y pide para mirar el visor de la cámara.

Mide 1,80 metros, pero de acuerdo a un estudio de proyección de altura que le hicieron hace cuatro años en una clínica deportiva, crecerá hasta 1,86. Se llama Nicolás y le dicen "Chapa", especie de apócope de su apellido italiano: Schiappacasse. Su nombre empezó a sonar entre los futboleros durante el último Sudamericano sub 17. Ahí se supo que había firmado un precontrato con Atlético de Madrid y en la 13ª fecha del Clausura marcó su primer gol en Primera División con la camiseta de River Plate.

Tiene 16 años y una historia de vida que recién comienza, pero que incluye capítulos de alegrías y tristezas, de una tarde de fútbol en la plaza del Paso Molino y de un gol en el Santiago Bernabéu.

Nació en el Cordón. Su familia se mudó después a un apartamento de la calle La Paz, pegado a la escuela 61 donde cursó Primaria. Hoy reside a pasitos de la iglesia San Pancracio.

Fue al liceo 8 hasta tercero. "En tercero repetí, me cambié al 29, pero no me daban los tiempos con los viajes de la selección y dejé", cuenta Nicolás.

Empezó el fútbol en un cuadro de barrio, pero no había una categoría para su edad, por lo que abandonó. Un día su padre Daniel –vendedor en una casa de repuestos– lo llevó a jugar a la pelota a la plaza número 7 del Paso Molino y se le acercó un hombre: "Me vio jugar, me dio su tarjeta y me dijo los horarios de entrenamiento del Universal", un equipo de baby fútbol del barrio. "Me animé, fui y jugué seis años", recuerda Nicolás, que tampoco se olvidó del nombre de aquel buen señor que le vio condiciones en la placita: Marcelo Burgel. En el Universal marcó 326 goles, contados por su amigo Leandro López.

Cuando tenía 11 años, el periodista Alejandro Sanmartín que cubre fútbol infantil, lo vio jugando al fútbol playa y lo recomendó en River Plate: "En esa época River no estaba bien económicamente. Al principio íbamos en un bondi de línea al Saroldi y de ahí en un ómnibus del club hasta el Complejo. Hasta que sacaron el bondi del club y teníamos que ir hasta Colón y caminar como dos kilómetros hasta el entrenamiento. Era complicado, sobre todo en invierno. Pero la vida tiene cosas buenas y malas, y decíamos, 'esto es un sueño, así que hay que romperse el alma para llegar'. El apoyo de mis padres y de mi hermana Erika que a veces me acompañaba, fue fundamental", recuerda.

Su mamá Blanca trabaja hace 27 años en la feria del Cordón y cuenta su versión: "Es un sacrificio, porque uno hipoteca mucho. Te olvidás de los domingos, a veces perdés medio día de trabajo para llevarlo a una práctica. Es difícil, pero lo bueno es que siempre supo lo que quería hacer. Y uno intenta que sea un hombre de bien".

Desde los 12 años es representado por Enrique Espert. "Se nos acercaron muchos contratistas y ellos ofrecen de acuerdo a la necesidad de los padres, pero si bien a nosotros no nos sobra el dinero, trabajamos y lo podemos mantener. Por eso el acuerdo con Espert no fue por ese lado", dijo la mamá.

Con 13 años fue convocado a la selección sub 15 y luego a la sub 17 que le dejó una espina: "En un viaje a Francia me lesioné la rodilla. Me operaron de meniscos y no llegué 100% al Sudamericano" que se jugó este año, donde Uruguay no se clasificó al Mundial.

Un día llegaron a Montevideo enviados de Atlético de Madrid para filmar a juveniles de Nacional en un partido contra River, pero lo vieron jugar a Nicolás y decidieron invertir € 1,5 millones en él, según el diario Marca.

Firmó un precontrato con Atlético y seguirá jugando en River hasta los 18. A esa edad se vinculará definitivamente por cinco años al colchonero. Cuando viajó a Madrid para conocer a su futuro club tuvo un guía de lujo: Diego Godín.

"Manchester City y Liverpool también se interesaron en él, pero optamos por Atlético por un tema cultural", contó la mamá, que tiene en su mente la medida exacta de los vidrios del garaje: Es que Nicolás los rompió tantas veces a pelotazos, que le quedó grabada.

Populares de la sección