Sánchez, de no tener para comer, a candidato a balón de oro

El exjugador de Liverpool tenía 8 años cuando su padre los echó junto a su madre y cuatro hermanos.

La vida no le regaló nada a Carlos Sánchez. Cuando tenía 8 años el padre los dejó en la calle junto a su madre y cuatro hermanos. Se fueron a la casa de un tío donde se las ingeniaban para habitar 10 personas. Le tocaron varias noches de dormir con colchón en el piso y de acostarse sin comer.

Pero el presente le regala una sonrisa al futbolista uruguayo que salió de Liverpool. Consolidado en River Plate, titular en la selección uruguaya, hoy se da el lujo de inscribir su nombre en la selecta lista de candidatos a ganar el Balón de Oro. Carlitos, uando almorzaba en la escuela porque en su casa no había comida, jamás debe haber imaginado ver su nombre al lado de los de Messi, Ronaldo, Suárez, Cavani, Rooney, entre otros.

Cuando tenía 8 años la vida de Sánchez cambió para siempre. "Mi padre nos echó de la casa junto a mi madre y mis cuatro hermanos. Nos dejó en la calle, así de simple. Nunca se lo perdoné. Por suerte mi tío, el hermano de mi mamá, nos hizo un lugar en su casa y tá, ahí fuimos a acomodarnos apretados con él. Se vivía medio incómodo, pero siempre dio una mano para todo", contó a la revista El Gráfico. En aquella nota de octubre de de 2011 Sánchez agregó: "No, no, no lo vi nunca más. Desde los 8 años que no lo veo más".

A partir de ese momento la vida de Carlitos fue a los golpes. Muchas veces faltó comida. Y tenía claro que el almuerzo en la escuela se tenía que aprovechar al máximo porque era el plato más fuerte del día. "Después me arreglaba con lo que se podía. Mi madre trabajaba como empleada doméstica. Salía a las 8 de la mañana y volvía a la noche, tarde. Había días en que no teníamos plata, entonces se hacía difícil".

El otro ingreso de la casa era el que aportaba el tío que "hacía revoques, demolía paredes, casi nunca estaba en casa tampoco, así que andábamos solos y el hermano mayor cuidaba a los demás. Yo pasaba todo el día en la calle jugando a la pelota". Y así se crió Sánchez. En la calle. Jugando al fútbol por todos lados. Y conviviendo con la dura realidad económica de la familia.

Muchas veces le pasó de acostarse tomando un vaso de leche en polvo diluida en agua que acompañaba con algún pedacito de pan. "Con eso me llenaba la panza".

Con el paso del tiempo la situación se fue modificando. La mamá de Carlos consiguió un empleo fijo y los hermanos empezaron a trabajar. Y hasta él salió alguna vez por las calles del barrio a repartir el pan de la panadería de la zona.

Hasta que su destino cambió para siempre. A los 17 años fue con cerca de 300 chiquilines a probarse a Liverpool reveló Referí en una nota de octubre de 2014. Y de entre todos seleccionaron a tres. Carlos estaba entre ellos.

"El técnico era Carlos Iglesias, que lo conocía de Salus. Sánchez fue a un par de prácticas y de inmediato lo fichamos", contó Gonzalo Mattos, dirigente del club a El Observador.

Tras seis meses en los equipos de inferiores, Sánchez fue ascendido a Primera por Iglesias que era ayudante de campo de Carlos Barcos.

En 2009 quedó libre por contrato y lo fichó Godoy Cruz. Las buenas actuaciones en el equipo de Mendoza lo llevaron a River Plate en 2011. En 2013 el técnico millonario Ramón Díaz quería liberar cupos de extranjeros y dejó que Sánchez se fuera al Puebla de México.

Pero volvió a River de la mano de Marcelo Gallardo donde se terminó consolidando y conquistó la Copa Libertadores de América. La vida le regaló una enorme sonrisa cuando el llamado de la selección uruguaya lo sorprendió. Jugó amistosos y fue a la Copa América.

El futuro le plantea el gran desafío de clasificar con Uruguay al Mundial y saber si en diciembre superará el primer filtro de jugadores a obtener el Balón de Oro de la FIFA. Claro que, después de ganarle la batalla a la vida, debe sentir que nadie le quitará el premio que significa integrar la lista primaria de los mejores del mundo.


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