Salto vibra con Nacional

El pueblo en el que en cada esquina hay una historia de Suárez o Cavani, vive el alboroto de la pretemporada tricolor

Es increíble que en esta ciudad, en la que nacieron dos de los cracks contemporáneos de la selección nacional, Luis Suárez y Edinson Cavani, la gente se sorprenda tanto con la llegada del plantel principal de Nacional. Porque mire que usted entra al hotel y lo primero que le dice el conserje es “yo jugué al fútbol con el padre de Cavani (el principal portador del apellido ya es el hijo, no su progenitor), un flaco alto, parecido al argentino Gareca y que adentro del área le metía el codo en la cara y no le importaba nada”; o encuentra personas que se acuerdan de la familia de Suárez; o charla con un guardia de seguridad de las canchas de polo donde el plantel tricolor entrena y le cuenta que “Cavani se está haciendo una casa cerca del complejo termal que tiene un muro de cuatro metros de alto, dos canchas de fútbol, dos piscinas, una barbacoa, una casa para el casero… ese muchacho ya no necesita más plata”; sin embargo, los hinchas salteños no paran de agasajar a sus ídolos tricolores.

“Esto es sensacional”, cuenta con entusiasmo a El Observador Heriberto Nan, el cónsul de Nacional en esta ciudad mientras desclava la red de uno de los arcos donde acaba de terminar el entrenamiento, hace un rollo y la lleva él mismo hacia el auto. El veterano de pelo blanco está cansado, pero entusiasmado y feliz con la visita del equipo; él se encargó de la logística para que los técnicos y los futbolistas tuvieran todo a mano durante esta semana.

Hasta el clima se asoció. El sol, a las 10 de la mañana, mostraba el viernes rayos de entusiasmo. El club de polo, donde aún no se ha jugado al polo oficialmente pero sí se hizo un remate de caballos este año “porque acá hay gente con mucha plata,” comenta un locatario, es fantástico. Ubicado sobre la costanera, frente al río, un lugar ideal para el ejercicio físico al aire libre.

Ahí el plantel de Nacional entrenó toda la semana. Ahí, detrás del tejido, se amontonaron diariamente cientos de hinchas (y miles el miércoles feriado del 18 de julio) con banderas, con cámaras de fotos, con cuadernos para recoger y guardar las firmas de los futbolistas. En ese mismo lugar, los fanáticos desinformados permanecían el viernes por la tarde sentados al borde de la calle esperando la llegada de los jugadores que no volverían porque por única vez desde el lunes entrenaron en horario simple.

El primer día de práctica fue el Cacique Medina, que juega de anfitrión, el que acercó a sus compañeros al tejido para que saludaran, porque no todos los salteños que concurrieron pudieron ingresar al predio, donde la severidad de un guardia de seguridad permitía el pasaje solo de aquellos autorizados por el cónsul, por algún jugador, por el amigo de algún jugador o por el amigo del amigo de… “Hay mucha gente acá adentro”, refunfuña uno de los encargados de vigilar el orden.

Pero no molestan mientras los futbolistas intentan aprender lo más rápidamente posible la idea futbolística del DT Gustavo Díaz. Solo los absorben cuando se acercan al ómnibus que los llevará de vuelta al hotel, un coche normal de transporte urbano, sin las comodidades de los súper pullman en la que están acostumbrados a trasladarse los jugadores en Montevideo. Ahí les roban fotos, besos, autógrafos.

La costanera es una romería. A los automóviles y a las motos las estacionan dónde y cómo pueden. Después, cuando el bus con los jugadores parte rumbo al estadio Dickinson, una caravana los sigue a bocina abierta. Los vecinos salen a la calle, saludan y gritan… La ciudad de Suárez y Cavani está conmocionada por Nacional.


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