Salto sin red al Mundial

El Arena de Sao Paulo testeará varios sectores de asientos en el partido inaugural

A esta altura ya parece normal, pero si hacer un año se le hubiese dicho a la FIFA que el 2 de junio habría aspectos por terminar en el estadio del partido inaugural y en varios otros, la crisis en Zurich podría haber sido gigantesca.

Sin embargo, es cierto: a 10 días de comenzar el Mundial, y en el medio de la incertidumbre en varios terrenos, una cosa ya se sabe: el Arena de Sao Paulo, el estadio del partido inaugural y también de Uruguay-Inglaterra, no tendrá una prueba a plena capacidad hasta que comience el torneo, lo que significa que las tribunas temporales se llenarán por primera vez cuando no haya margen de error.

Costó unos 420 millones de dólares, y vivió sus peores momentos en noviembre y en marzo, cuando murieron en dos accidentes tres trabajadores. Un total de ocho obreros han fallecido en las obras del Mundial, y desde entonces la fecha de finalización fue postergada al menos tres veces.

Además del Brasil-Croacia, el Itaquerao tiene poco más de 10 días para estar listo no sólo para recibir a los 65.000 espectadores y a las autoridades que acudan al partido, sino también para acoger la ceremonia de apertura, que será retransmitida por más de 600 cadenas de televisión a 1.000 millones de espectadores en el mundo.

La prueba final
El Arena tuvo su segundo evento test el domingo con el empate 1-1 de Corinthians con Botafogo. La tribuna superior norte vacía, con capacidad para 10 mil personas, estuvo vacía, y su gemela sur sólo pudo habilitarse a la mitad, por orden de bomberos.

Además, mientras siguen las obras, llama la atención el impresionante esqueleto de su grada norte todavía visible, varias instalaciones de acceso a la principal puerta oeste aún con andamios y las obras por todos lados, que recuerdan que al estadio le queda todavía mucho por hacer.

Los adelantos más llamativos se encuentran en la parte sur del estadio, donde la estructura de la tribuna temporal ha sido recubierta por una tela gris metalizada que oculta los hierros que la sustentan. Para el encuentro del domingo también se cambiaron las zonas de entrada y se instalaron los detectores de metales y tornos de acceso.

De la misma manera, se adelantó el registro de aficionados con ingresos varios metros antes de la entrada al estadio, para evitar aglomeraciones de hinchas sin entrada en el exterior, y seguir así el patrón de la FIFA.

Ahí es donde quedan trancados los vendedores ambulantes de bebidas que no poseen autorización. A partir de ese momento, y según la regulación brasileña, sólo se puede adquirir cerveza sin alcohol, aunque hubo quien consiguió colarse.

Un “Infierno”.
Pero el Arena Corinthians no es el único dolor de cabeza para la FIFA en esta recta final, que según Valcke ha vivido “un infierno” en Brasil.

A los problemas en Curitiba, que estuvo a punto de quedarse fuera de la Copa en enero, Porto Alegre, con deficiencias en el asfaltado exterior, y  Cuiabá, donde falleció un trabajador el 8 de mayo, se sumaron esta semana los de Arena das Dunas de Natal. “Acabamos de realizar una visita a la Arena das Dunas. Tenemos una carrera contra el reloj, mucho todavía por hacer para los hinchas y los medios”, escribió Valcke el 28 de mayo, ilustrando su mensaje con una foto del estadio donde se ven áreas sin asientos.

En medio de la polémica mundial por los atrasos y de la ola de protestas sociales en Brasil por los 11.000 millones de dolares que costara el Mundial a los contribuyentes brasileños, Joseph Blatter, presidente de la FIFA, contó hace unos días que fue el organismo que frenó las ambiciones de Brasil de celebrar su Mundial en 17 estadios.


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