Rogel: el pibe de Nacional que destroza los prejuicios

Agustín Rogel juega en Nacional donde ya debutó en Primera División estuvo en la selección juvenil y fue el mejor alumno de los liceos públicos de Montevideo
Era una de sus primeras noches de concentración en Primera, luego que el DT Gustavo Munúa le diera una oportunidad en la pretemporada.

Agustín Rogel mezclaba con la misma intensidad los nervios por el debut con los del examen de filosofía que tenía a los pocos días. Pero cuando menos se lo esperaba, tuvo dos aliados de lujo: "Esa noche entré al cuarto con mis cuadernolas y Carlitos (De Pena) y Alfonso (Espino), que estaban mirando televisión, me preguntaron en qué andaba. Cuando les conté la apagaron y se durmieron para que yo pudiera estudiar".

Agustín Rogel, sin proponérselo, es un chico que destroza el obsoleto prejuicio de que los deportistas de alta dedicación no pueden cumplir con sus estudios. Se recibió de bachiller con las mejores notas, y ahora estudia Radioterapia en la Facultad de Medicina, todo mientras se ilusiona con un lugar en la primera de Nacional.

La exigencia de entrenamientos en doble horario, las lesiones, viajes y frustraciones de la carrera deportiva suelen ser los lugares comunes donde caen las excusas.

Muchos cargan con la responsabilidad desde muy temprano de ser el rescate financiero de sus familias y el tiempo dedicado a estudiar pasa a ser un desperdicio por la urgencia de comer todos los días: Pero no para Agustín:"El soporte de mi familia es vital, siempre me acompañaron a todos lados. En cualquier cancha ellos estaban, cuando no llegaba al liceo por los horarios hacían un esfuerzo para llevarme".

Se hizo conocido como Agustín Lapido, nombre con el cual llegó a jugar en selecciones juveniles y debutó en la Primera de Nacional (en un amistoso ante Estudiantes de La Plata con triunfo tricolor 1-0), pero decidió cambiarse el apellido para reconocer a su padre adoptivo, que lo acompaña desde niño de forma incondicional.

El premio por estudiar.

"Perdoname por llegar tarde a la práctica, pero me dieron un premio en el liceo y me demoré", dijo un día tras llegar tarde a entrenar. "Si si, dale, cambiate y entrá", fue la respuesta del entrenador casi como acto reflejo a las excusas impuntuales.

Pero no. El protagonista no era igual al resto y, aún en la inocencia de su edad, tenía una madurez atípica. Rudy Rodríguez, DT de este diálogo, no se sorprendió cuando Agustín le mostró un certificado del Consejo de Educación Secundaria que premiaba su excelencia: "Fui abanderado de la uruguaya y hubo una ceremonia donde me premió Danilo Astori, que en ese momento era vicepresidente, junto al Consejo de Educación Secundaria. Yo en lo único que pensaba era que no llegaba en hora a la práctica".

Agustín Rogel
Agustín Rogel en la puerta de su casa de Malvín Norte, con la cancha del barrio de fondo.
Agustín Rogel en la puerta de su casa de Malvín Norte, con la cancha del barrio de fondo.

La familia Rogel-Paita hace años que vive en Malvín Norte, en una calle de tierra que tiene frente por frente una cancha de baby fútbol. "Nací acá. Yo soy de perfil bajo, no me gusta andar faranduleando, los que me conocen bárbaro y los que no, no. Algunos ni saben que soy futbolista", dice el zaguero, que volvió a jugar luego de una operación de ligamentos cruzados que le llevó seis meses de recuperación.

La vuelta al fútbol fue especial. Luego de una semana donde fue convocado al plantel principal por Martín Lasarte, le dieron la cinta de capitán en el clásico de cuarta división y fue impasable. Recio y seguro en la cancha, ante el grabador muestra su cara más humilde y le baja decibeles a su retorno: "Fue un partido tranquilo, por suerte ellos no nos llegaron mucho".

"Hay gente que trabaja ocho horas en una oficina y también va a una facultad. Hay que tener un poco de voluntad y nada más, no hay excusas para no estudiar. Si uno se lo propone puede jugar y hacer una carrera profesional al mismo tiempo".
La lesión lo agarró en un momento dulce: había debutado en Primera y era jugador de selecciones juveniles. Sin embargo, visto en perspectiva, fue un golpe que le sirvió para reflexionar: "Me operé el 3 de diciembre y fue una recuperación de seis meses. No estar tanto en el ambiente del fútbol me hizo reflexionar que si no tengo una carrera deportiva tengo que agarrar para la construcción porque no tengo otra opción".

Los horarios del fútbol fueron menos que su voluntad y terminó el liceo de noche con cartas de la AUF justificando faltas por concentraciones. Sin embargo eso no le impidió aprobar todas las notas con la mejor calificación: "Soy responsable y además no se necesita ser Einstein para jugar al fútbol e ir al liceo. Hay gente que trabaja ocho horas en una oficina y va a una facultad. No hay excusas para no estudiar".

Rogel valora tanto el camino educativo como el deportivo. La escuela 130, el liceo 31 y el liceo 10 fueron en paralelo a su recorrido tras la pelota. Jugó en los clubes de baby fútbol América, Deportivo Oriental y Rincón de Carrasco hasta que entró a Nacional en pre séptima: "Hay que sacrificarse por lo que te gusta. Yo tenía bien claro mis objetivos. Me perdí fiestas, cumpleaños de 15 y bailes, pero el tiempo te recompensa y además me pagan por hacer lo que me gusta, no me puedo quejar".

"De chiquito mis padres siempre me daban valores y ya de grande uno solo se va dando cuenta lo que es el ambiente del fútbol. Yo desde séptima vi un montón de chiquilines jugando en Nacional y la mayoría ya no está. Dejan eso y no tienen otra cosa que hacer, algunos tienen malas juntas y andan en otras cosas. El estudio te despeja la mente".

El único exceso que se permite Agustín es muy sano, fiel a los colores que abrazó desde niño y hoy defiende en la cancha: "Siempre fui hincha de Nacional, al menos desde que tengo consciencia. Mi familia también, salvo mi hermano mayor que es la oveja negra de la casa (risas). Pasa que justo cumple años el 28 de setiembre y está marcado. Mis hermanos siempre me acompañaron".

El futuro deportivo le puede deparar muchas cosas, pero hay algo claro: Rogel ya le ganó a los prejuicios.

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