Riolfo, la cárcel y los alfajores

Comió golosinas con Luis Gorocito en su visita a la cárcel, postergó su carrera y debe cuidar su peso

"Ni bien pude entrar en confianza con mis compañeros les pedí un contacto en la cárcel para visitar a Luis Gorocito. Yo no lo conocía, nunca había hablado con él más allá de un partido donde nos hizo un gol jugando para Racing y fue muy duro verlo así. No me dejaron entrar y tuvimos que hablar a través de unas rejas, pero le dejé una caja de alfajores uruguayos y estaba contento. Lo vi muy fuerte de cabeza y me dijo que la cárcel, al lado de las que hay en Uruguay, es un paraíso. Igual perdió la noción del tiempo. Me decía 'en tres meses va a pasar esto', como si fuera mañana y para mi es una eternidad".

Quien habla es Diego Riolfo, un futbolista atípico por varias razones. No hizo formativas en ningún equipo, siempre priorizó el estudio (le faltan dos materias para ser economista) y tiene una técnica exquisita en la tierra donde nacen chiquilines con la marca registrada del sacrificio.

Igual su rasgo distintivo pasa por su calidad humana, que lo llevó a visitar el Centro de Reinserción Social de Aguascalientes, la prisión con mejor calificación de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH).

Perfectamente podría haberse quedado disfrutando de su pareja embarazada en la piscina del barrio privado Los Fresnos, donde vive. Sin embargo, fue hasta una cárcel para apoyar y escuchar a un compatriota: "Nunca habíamos hablado, no nos conocíamos, pero es uruguayo y quería ir a verlo".

Apenas pisó Aguascalientes, el dueño de Necaxa le habló de sus dos pasiones, fútbol y economía: "El dueño del equipo estaba interiorizado sobre mi carrera, sabía que me faltaban dos materias para recibirme y me motivó para terminar la carrera acá porque tengo contrato por tres años. Pero luego de averiguar todo para revalidar las materias decidí que voy a terminar cuando vuelva".

Sin embargo, la inquietud del estudiante no lo deja quedarse quieto y buscó actividades: "Llego a casa y tengo toda la tarde libre. Me empecé a sentir improductivo y me anoté para estudiar inglés".

Riolfo, ex Wanderers, vive con su pareja, con quien espera agrandar la familia en suelo mexicano: "Queríamos que naciera en Uruguay, pero por mi trabajo no podía viajar y el parto no me lo quiero perder. Va a nacer acá. Aguascalientes es la ciudad más segura de México: no hay crímenes por narcotráfico".

La tecnología le permite estar en contacto con su familia y su confidente, el psicólogo que comenzó cuando tras una buena Copa Libertadores se rompió la rodilla: "Empecé el psicólogo cuando me lastimé la rodilla porque quería salir del bajón anímico. Eso me sirvió para recuperarme al 100%. Tuve resultados porque encontré regularidad mental y anímica para estabilizarme".

Cerca de su casa hay una tienda uruguaya donde encuentra todos los productos típicos menos dulce de leche y alfajores, algo que lo desvela: "Cada amigo o familiar que viene a México le ofrezco quedarse en casa, pero me tienen que pagar con alfajores (risas)".

Sin embargo, los mismos alfajores que le permitieron acercarse a la cárcel lo metieron en un problema: "El desayuno es obligatorio en el club y me costó adaptarme. Tengo compañeros que desayunan frijoles o panchos y yo no puedo. Además, tenemos una nutricionista todo el tiempo porque hay sesiones de peso y análisis del porcentaje de grasa todas las semanas. El que sube tiene que pagar multas económicas. Un día llevé alfajores a la concentración y a los mexicanos les encantó. Ahora me los piden siempre".

Partidos con cerveza para todos

A diferencia del fútbol uruguayo, donde los hinchas deben separarse por tribunas, hay alambrados, policías y pulmones de división, en México el fútbol como un espectáculo: "Acá todas las hinchadas van juntas a la cancha. Me tocó jugar contra Cruz Azul o América, que son equipos muy grandes, que llevan mucha gente y veías en la tribuna a sus hinchas mezclados con los de Necaxa sin problema. Ellos van a ver un espectáculo deportivo, no van a una guerra donde descargan sus emociones. Todos toman cerveza, se ríen y disfrutan el partido como lo que es".

Fotos sin saber su nombre

Riolfo hace tres meses que está en México; sin embargo, el poco tiempo no fue impedimento para que le pidan muchas fotos en la calle. Aquí el motivo: "El hincha mexicano admira mucho a los jugadores y a veces no los conocen. A mí me pasó que me pidieran fotos y no sabían quién era. Saben que sos jugador y ya te ponen allá arriba. La idolatría se gana muy rápido, hacés dos o tres goles y corean tu nombre en el estadio. Eso no me había pasado ni en Uruguay ni en España. El hincha mexicano es muy apasionado, pero también muy respetuoso; nunca me trataron mal".

Superclásico entre compañeros

"Somos un grupo muy unido. Con Marcelo Barovero vamos seguido a comer y con Claudio Riaño, además de jugar juntos, estudiamos inglés de tarde".


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