Richard de la ruta

Mascarañas, el último uruguayo que ganó la Vuelta, contó su historia de 21 años como ciclista profesional en el Uruguay del deporte amateur

Richard Mascarañas lleva 21 años arriba de una bicicleta. Vivió tiempos de crisis pero logró superarlos. Vio con asombro la cara del profesionalismo, usa una pulsera Livestrong y tiene un florido repertorio de anécdotas.

A los 12 años probó con el ciclismo en una prueba de mountain bike tras un fallido intento futbolero: “En mi último año de escuela hice baby fútbol pero era malísimo”, cuenta. Y se ríe.

En 1996 lo fichó Cruz del Sur, club al que defendió hasta 2001.

La crisis

“Me casé muy joven y en el 2000 estuve muy complicado porque el dinero que ganaba no me alcanzaba. Un amigo de Tacuarembó, Luis Rosano, me ayudó con plata”.

Lo salvó el pase a un grande, el Alas Rojas de Santa Lucía. “Aunque justo agarré los tiempos de crisis donde se empezó a pagar menos y en pesos”, agrega.

El techo

Consagrado con el paso de los años como uno de los mejores ciclistas del medio, Mascarañas tiene ahora un buen pasar: “Vivo en el mismo terreno de la casa de mis suegros pero me estoy comprando un terreno para edificar. También tengo auto para salir a pasear con mi familia”, dice.

El profesionalismo, de paso

Cuando disputó los mundiales de Suiza 2002 e Italia 2008, Mascarañas se asombró con el profesionalismo europeo.

“Está todo organizado, todo cuidado al detalle, ganan muchísima plata y todo el cuerpo que rodea al ciclista es profesional”.  ¿Y por casa? “Acá el que se suma es algún conocido de los clubes para dar una mano, entonces no les podés exigir. O si no están los que quieren ir a una Vuelta para recorrer la noche del interior”.

Mascarañas, un tipo afable con el que se puede hablar horas, expresa que un ciclista no se puede prender al tren de la farra.

“Aunque conocí algunos que lo hacían. Recuerdo uno que seguía de largo de la noche y largaba hasta medio entonadito. Entonces hacía un par de kilómetros agarrado del hombro de uno y le contaba todas sus andanzas nocturnas. Al rato se pasaba al hombro de otro y así iba tirando. Y cuando querías acordar llegaba el embalaje final y el tipo ganaba. Un fenómeno”.

El logro

Mascarañas ganó la Vuelta Ciclista del Uruguay en 2008 y 2010

–fue el último uruguayo en obtener la prueba– y resultó tercero en 2007 y 2009.

“En 2010 gané de punta a punta, llevé la malla líder desde que gané la primera etapa y no la perdí más. Nunca nadie lo había logrado antes. Y con el Corcho (Hernán) Cline fuimos primero y segundo toda la Vuelta”, afirma con orgullo.

Las bicicletas

Cuando ganó la Vuelta de 2008 en Tacuarembó la gente organizó colectas, hizo rifas, los comercios donaron dinero, la Intendencia apoyó y le compraron una bicicleta para la contrarreloj que aún usa. “Salió US$ 5.600”, dice. 

En los últimos años en Alas Rojas, un convenio con Trek le permitió usar bicicletas nuevas que después tenía que devolver. Pero para este año se acabó.

“Di mil vueltas para comprarla”, expresa. “Las bicicletas son a medida. Me salió US$ 6.000”. Tiempo de duración óptima: un añito.

El ídolo

“De chico crecí con las fotos de Miguel Indurain en mi cuarto. Una vez, entrenando en España se nos cruzó en sentido opuesto. Dimos vuelta y lo perseguimos, cuando lo alcanzamos nos pusimos a conversar y nos sacamos fotos”.

Livestrong

Mascarañas usa una pulsera amarilla de la Fundación de la lucha contra el cáncer que fundó Lance Armstrong. “En 2011 integré Livestrong Uruguay, es una causa que me toca: mis padres sufrieron esa enfermedad y se salvaron”, cuenta.

“Lo que hicieron con Armstrong está mal. ¿Cómo lo van a suspender si todos los controles que dio le dieron negativo?”. Palabra de ciclista.  


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