Respetado hasta por John McEnroe

El brasileño Paulo Pereira –quien fuera juez de silla hace algunos años– es el actual supervisor del Uruguay Open, el torneo que se disputa desde el lunes en el Carrasco Lawn Tennis

Las miradas que no iban hacia el cielo se dirigían hacia él. Él también miraba hacia las nubes y de vez en cuando se daba alguna vuelta por las canchas que estaban bajo agua en la jornada inicial del Uruguay Open. Era optimista en que la actividad llegaría y así fue. El supervisor ATP del torneo, el brasileño Paulo Pereira, fue el primer protagonista de la semana.

Pereira es un libro abierto de tenis, dueño de muchísimas anécdotas, aunque su frágil memoria, según lo confiesa, le impide recordar la mayoría.

Primero fue juez de silla, tarea en la que se ganó el respeto de la mayoría de los jugadores del circuito, incluso del irascible estadounidense John McEnroe, ex número uno del mundo y una de las grandes leyendas del deporte blanco de todos los tiempos. También le tocó tener a un lado de la silla a uruguayos como Diego Pérez (hoy director del Uruguay Open) o Marcelo Filippini.

Sobre Pérez recuerda que era un jugador “muy intenso”, pero también era “muy justo”. “Él no intentaba ganar puntos sin merecerlo”, manifestó Pereira.

El carácter y la fama de ser un hombre apegado al reglamento lo llevaron a crecer en su carrera, al punto que en tono de broma, y entre risas, dijo a El Observador: “Cuando uno es árbitro general y se torna muy ruin, pasa a ser supervisor”.

Con tantos años de torneos encima empezó como juez de silla en 1985, ha visto crecer el tenis sudamericano. Pero, más allá de los jugadores, Pereira prefiere hablar de la organización del circuito y de las características del público y la idiosincrasia de los torneos, lo que muchas veces hace que su tarea sea más difícil.

Pereira dijo que los torneos en el continente han mejorado, que los calendarios permiten armar mejor las giras debido a que hay muchas opciones. Eso explica en parte la gran afluencia de tenistas europeos que llegan a los Challengers del sur americano.

“El público sudamericano es más hincha. No le alcanza con ver un buen partido o un buen espectáculo, porque quiere también hinchar por alguien”, dijo de forma convincente.

Explicó que en los torneos argentinos se ve mucho a la hora de armar la programación, aunque no entiende por qué los directores de los campeonatos siempre prefieren que el partido estelar de la jornada sea entre dos tenistas locales.

“De esa manera el público queda dividido; en cambio, si se dejara un argentino frente a un extranjero toda la gente estaría del mismo lado y eso crea un clima bueno para el torneo”, indicó. En ese sentido, recordó lo sucedido con Pablo Cuevas en Carrasco en torneos realizados algunos años atrás.
 
La anécdota
“Yo soy muy malo para recordar anécdotas, pero hay algo que para mí ha sido muy especial y valoro mucho”, empezó diciendo el supervisor del Uruguay Open, Paulo Pereira. Así fue como se despachó con una historia que data de 1991 y se produjo en Estados Unidos. Allí jugaban un torneo el estadounidense John McEnroe y el brasileño Luiz Mattar, con quien Pereira mantiene una gran relación. Mattar había ganado su partido y esperaba ganador del encuentro entre McEnroe y otro tenista que no recuerda, pero en el que le tocó subirse a la silla.

“McEnroe era siempre difícil, pero yo sentía que él me respetaba, no por mi persona, sino por mi trabajo”, dijo Pereira. Ese partido lo ganó el estadounidense y, al terminar, Pereira se sentó en la sala del supervisor. Minutos después ingresó McEnroe a la sala sin ver al árbitro. En ese momento se dio el siguiente diálogo, recordó Pereira: “John, mañana juegas frente a Luiz Mattar, el brasileño, y tengo que decirte que tengo que colocar un árbitro brasileño”, dijo el supervisor. “¿A quién?”, preguntó el tenista. “A Paulo Pereira”, fue la respuesta. Después de ello, Pereira recuerda un silencio pero luego la voz de McEnroe: “Ponlo sin problemas”. El brasileño fue el juez de silla y ese partido finalizó con victoria del estadounidense, al igual que en los otros dos encuentros en los que enfrentó a Mattar.


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