Rendirse jamás: la impactante historia de Alfonsina

Alfonsina Maldonado tenía seis meses cuando perdió la mano debido a un incendio que le demandó años de dolorosos tratamientos; pero hoy le sonríe a la vida y se pone metas: ahora va por Rio 2016


"La mano me duele. Todo el tiempo. Ayer me tuve que infiltrar”, confiesa. Pero ese dolor es incapaz de sacarle la sonrisa de la cara. Ni el brillo de los ojos. Porque una vez que despertó de un infierno, Alfonsina Maldonado tuvo un sueño: montar a caballo el resto de su vida. Y ahora vive para cumplirlo.

Alfonsina tenía seis meses cuando dormía en su cuna y una vela prendió fuego la habitación. Salvó su vida de milagro. Pero perdió la mano izquierda y las quemaduras que sufrió la tuvieron 32 días en coma, un año y medio en una incubadora y cinco años en coma inducido.

“El tratamiento era muy doloroso”, recuerda. “Cuando tenía ocho años me hicieron un tratamiento de injerto cruzado en el cual me abrieron la panza y me metieron la mano adentro y la otra la tenía que tener cruzada sobre el pecho. Así estuve meses y tuve que aprender a comer con los pies”, explica.

Pero las ganas de montar a caballo y convertirse en amazona (así se dice y no “jineta”) fueron más fuertes. “Empecé a montar en San Ramón a los 13 años haciendo saltos ecuestres”.

Pero a los 19 las puertas de Uruguay se le empezaron a cerrar. “Solo porque me faltaba una mano”, dice.

Si su mirada es fuego, su alma es huracán. Porque da la impresión de que nada puede detenerla.

“Me fui a España a cumplir mi sueño”. Así llegó a Yeguada del Lago, en Gerona, 30 kilómetros al norte de Barcelona.

Conoció a Fandango y hubo amor a primera vista. Fandango fue el caballo con el cual hizo campaña para competir en los Juegos Paralímpicos de Londres 2012 en la modalidad de dressage (adiestramiento).

“Quedé afuera por dos puntos. En este deporte se compite con cinco jueces que te evalúan según su criterio personal. A un italiano no le gustó lo que hice en el último concurso que participé”.

¿Frustración? ¿Decepción? ¿Dolor porque el apoyo fue exiguo cuando cada participación en un evento clasificatorio costaba entre € 4.000 y € 6.000? ¿Tristeza porque se costeó la preparación vendiendo remeras y gorros, abriendo una cuenta en Abitab o juntando monedas en estaciones de servicio? Nada de eso. “Solo me dio más ganas de superarme y de luchar. También me hizo ver que no estaba lo suficientemente preparada”.

Y que los ángeles andan a la vuelta de las esquinas. “En un concurso conocí a Francisco Cancela, jefe del equipo ecuestre de Portugal y juez olímpico. Me preguntó si tenía caballo para Rio 2016. Le dije que no. Y me contestó que a partir de ese momento él pasaba a ser mi entrenador”. Su rostro se vuelve a iluminar.

El hombre movió sus contactos y un buen día Alfonsina leyó en Facebook una noticia que la conmovió: Sasa Je, el mayor criador de caballos de competición lusitanos –cuya sede está en Brasil– la incorporaba a su equipo.

“Viajé a San Pablo y me dieron a elegir entre tres caballos. Me quedé con Zig Zag da Sasa Je”. Así se llama su nuevo compañero de aventuras.  

Que un equipo de este poderío le confíe a una uruguaya uno de estos caballos puede parecer una nimiedad para un habitante de estas tierras tan futboleras. Pero un animal de esos ronda los € 500 mil. Nada menos.

Alfonsina revela alguno de sus cuidados y asombra: “Para sacarlo del establo hay que hacerle estiramiento y masajearlo. Cada mes se le hará un chequeo médico completo y para ir a Rio voy a llegar tres meses antes para que pueda aclimatarse”. El equino también tiene equipo de herradores y fisioterapeuta.

El futuro cercano le depara un viaje a un Centro de Alto Rendimiento de Portugal ubicado en Villa Verde.

“Me voy el 16 de junio con un régimen de entrenamiento diario que va de las seis de la mañana a las seis de la tarde. Parte de este entrenamiento me lo pago con mi trabajo, pero preciso costearme la otra parte así como también los viajes para competir”. Sus ojos brillan de expectativa. Y también se le adivina en las pupilas la fe que se tiene para llegar a Río.


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