Rendidos a los pies de los reyes de Salto

Los hinchas jordanos, que silbaron a los futbolistas uruguayos, terminaron coreando el nombre de Cavani, tras el quinto gol, y cuando Luis Suárez se fue de la cancha lo aplaudieron como si fuera uno de ellos

Edinson clava la pelota en el ángulo del arco de Jordania. Y en un hecho instintivo los jordanos se paran en lo que sería la Olímpica del Centenario y gritan el gol como propio. El gesto es inédito. Los mismos aficionados que silbaron a rabiar a Luis Suárez y Edinson Cavani terminaron rendidos a sus pies.

De pronto por el contacto habitual, porque nacieron en el país, o por la propia forma de ser de los uruguayos, no caemos en la real y verdadera dimensión que ganaron estos dos futbolistas de nivel mundial.Pero bastó salir, ya no fuera del país, sino a otro continente, para comprobar que su reconocimiento no tiene fronteras. Suárez y Cavani generaron locura en Turquía, lugar donde se concentró la celeste, y posteriormente en Amán.

Y de pronto, los aficionados uruguayos no tienen la real valoración de lo que significan estos dos salteños. Están a la altura de las principales estrellas mundiales. Pero mire como son las cosas que cuando terminó el partido la gente aplaudió, asumió y reconoció la superioridad celeste. Pero lo más insólito del caso es que el Matador Cavani se fue de la cancha ovacionado. Sí, como lo escucha: “Cavaní, Cavaní, Cavaní”, con la pronunciación en la i al mejor estilo italiano.

La particular forma de vivir el fútbol de los jordanos quedó en clara evidencia. El resto fue la constante. En el contacto común con la gente lo habitual fue recibido un “Welcome to Jordania”. La amabilidad es una marca que identifica al jordano que cuando entrega algo, se toca el corazón. Desde el taxista que invita el café, al comerciante que acepta una rebaja y te dice que es de corazón.

El respeto de esta gente fue tal que algunos aficionados se fueron caminando al estadio Internacional de Amán, con la camiseta de Uruguay puesta, y no recibieron una sola ofensa. Nada fuera de lugar. Ni siquiera un grito. Impensado por tierras sudamericanas donde reina la intolerancia.

Después de desplegar un operativo de seguridad de una magnitud inusual, el jordano inició la tarde embalado y con algunas particularidades fuera de lo común para los uruguayos. La fiesta fue a toda música y arenga de parte del locutor. Cuando aparecieron los jugadores para realizar el calentamiento pusieron música. El plantel apenas llegó al Estadio saltó al campo de juego, se abrazaron entre todos y levantaron los brazos para saludar a las tribunas.
Hasta que llegó el momento de más nacionalismo de la jornada. Cuando se entonaron los himnos patrios.

En ese preciso momento, una chica que no alcanzaba los 15 años y lucía el pañuelo rojo y blanco que identifica al país, se paró al lado del puesto de El Observador, hinchó su pecho y comenzó a cantar el himno.
Pero todo se terminó cuando las bestias del gol de la celeste comenzaron a jugar. La admiración fue tremenda. Cada vez que realizaban algo fuera de lo común se escuchaba la admiración de la tribuna.

Las diferencias futbolísticas entre un rival y otro quedaron claramente evidenciadas en el campo de juego. En la semana El Observador reveló un dato de la realidad: medio Cavani vale más que toda Jordania. El único momento de felicidad del pueblo fue cuando se armó un revuelo en el palco oficial del estadio y se anunció por los altoparlantes la presencia del Rey Abdullah II. ¡Para qué! Se pusieron como locos. Y en lugar de alentar al equipo pasaron a alentar al Rey. Insólito. Abdullah II se sentó en los sillones del palco y a su lado estaba la reina Rania, dueña de una enorme belleza y entre las mujeres más elegantes del mundo, que acompañó a su esposo al partido pese a que para una parte de la sociedad jordana no está bien vista por su estilo.

Pero esta vez el Rey, que se paró en el Palco y levantó una mano al mejor estilo emperador romano, quedó opacado por la figura del salteño Cavani. Aquellos que gritaban “Que nos ayude Abdullah”, terminaron coreando el nombre de uno de los salteños más famosos al mejor estilo de la barra del Napoli; “Cavaní, Cavaní, Cavaní”.


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