Reconstrucción a medias en Peñarol

Víctor Púa tomó las juveniles aurinegras en un momento caótico y si bien hizo cosas positivas y dejó ganancias económicas, en lo deportivo los resultados no lo acompañaron tanto

Víctor Púa llegó a Peñarol hace cinco años por pedido expreso de Juan Pedro Damiani con la condición –entre otras cosas– de que construyera un Centro de Alto Rendimiento (CAR) para tener un espacio propio.

Damiani se vio seducido por la idea y en dos años quedó terminado.

De allí en adelante han sucedido hechos positivos y negativos como en cualquier gestión.

Cuando Púa se hizo cargo de su puesto de coordinador de juveniles, Peñarol venía de un desastre tras otro en esa materia y con graves problemas en los que el contador José Pedro Damiani había hincado el diente luego de una denuncia de El Observador de abril de 2007 en la que se dio a conocer que en la gestión de Raúl Möller –su antecesor– se había suministrado creatina para caballos a los jugadores juveniles quienes disputaron la Punta Cup. Eso terminó con Möller y el preparador físico que la suministró, fuera del club.

Un trabajo difícil
El comienzo de la reconstrucción de las juveniles, por más buena voluntad de todas las partes que se pusiera, no iba a ser de un día para el otro. Y, obviamente, eso quedó demostrado.

Por más conocimientos que Púa pudiera tener del tema juveniles, lo bueno –o no– de su trabajo se iba a ver con el paso de los años.

Y es justo decir que en estos cinco años que trabajó al frente de las juveniles de Peñarol, el club en materia de campeonatos ganó muy poco comparado. Claro que el parámetro son clubes que hace muchos años que trabajan mucho mejor en la materia.

Por citar lo que sucedió el pasado fin de semana –y que desencadenó en el adiós de Púa– ante Nacional se obtuvieron dos puntos de 15. En este mismo Uruguayo, ante Defensor, otro rival de fuste, Peñarol consiguió una unidad de 15 entre todas las categorías. Es decir que fueron tres de 30, muy poco.

Sin embargo, a la hora de hacer números, Púa cobró en este lapso aproximadamente US$ 1 millón, pero el club colocó jugadores juveniles por US$ 2.600.000, sin tener en cuenta a Gastón Ramírez que lo llevó Möller a Peñarol, ni a Albín, que llegó directo a la Tercera.

El futuro dirá si los jugadores de las formativas de Peñarol que hoy apuntan a tener un despegue importante y que “se hicieron” con Púa, realmente llegan. En materia de resultados, es obvio que se debe mejorar.


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