Recompensa dorada

Con dos goles de Oribe Peralta y el gran trabajo de todo un equipo, México recibió lo que empezó a buscar un año antes, en la Copa América de Argentina; el rival nunca encontró el juego para complicarlo

A la suerte hay que acompañarla. El reloj no había llegado a los 30 segundos cuando un grosero y desafortunado error del lateral Rafael, que entregó corto y mal para atrás al capitán Thiago Silva, despejó el camino para que México encontrara el gol de Oribe Peralta. De ahí en más, defender el 1-0, mantener el orden táctico, la disciplina, jugar con convicción, buscar ampliar diferencias en el marcador y sentir consistencia en su fútbol para conquistar la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 fue la consecuencia del trabajo a largo plazo, que el combinado azteca tuvo como preparación.

Nada se consigue por casualidad, aunque, como en toda actividad, siempre existen excepciones, que no se registraron en Londres 2012. Las pruebas están a la vista: Uruguay, que tuvo una muy breve preparación, jugó solo tres partidos amistosos y depositó todas sus esperanzas en los nombres que conformaron el equipo por encima de la estructura sólida que brinda la unidad de una oncena, se fue en primera ronda; México, que empezó a preparar el plantel para los Juegos un año antes, en la Copa América de Argentina 2011, en la que se fue en primera ronda, y jugó 16 amistosos de preparación, se llevó el oro.

Tiene sentido. También porque el entrenador del combinado azteca fue el mismo que sufrió las críticas en la Copa América porque el banco de pruebas con el equipo sub 22 no brindó buenos resultados. Sin embargo, miró al futuro y recogió el prestigio de la medalla de oro.

Se resalta aun más lo que consiguió, en un plantel tan reducido como el de los Juegos (18 futbolistas), porque afrontó la final sin una de sus figuras, Giovani dos Santos, quien había estado en los cinco partidos anteriores y convirtió tres tantos. El futbolista de Tottenham Hotspur inglés llegó lesionado, y vio el partido desde el banco de suplentes.

Tiene mucho más sentido: el técnico Tena, que empezó a armar este equipo en la Copa América de Argentina, conformó un plantel casi exclusivamente con futbolistas que jugaban en su país, situación que le permitió disponer de ellos en diferentes instancias para seguir afinando la preparación, entonces el trabajo cumplió todas las etapas para llegar a Londres en la mejor forma.

Finalmente en la cancha se vieron los resultados y en las fortalezas futbolísticas el éxito de México, incluso cuando Brasil se plantó en el césped de Wembley con algunos de sus mejores hombres de la selección mayor y con los que prometen ser los sucesores del combinado actual. Con la magia de Neymar y con la fuerza de Hulk, que recién ingresó a los 31 minutos, pero nada fue suficiente. Lo que se construye a lo largo de un año no se destruye solo con talento. Al menos en este caso. Y México ahí está, en el medio de la cancha disfrutando, mientras los brasileños yacen en el suelo, golpeados por una historia que le sigue dando la espalda y que los mantiene, increíblemente por todo lo que ganó ese país, fuera de la lista de elegidos para el oro olímpico.

Golpeó de arranque
Un error de la defensa de Brasil y el oportunismo y la presión de México, derivaron en el gol de Peralta a los 30 segundos. Esa incidencia marcó el juego, porque los dirigidos por Mano Menezes tuvieron que salir a buscar la victoria con el 0-1 en contra, frente a un rival que realizó un planteamiento perfecto y en el que los 11 hombres aztecas rindieron el doble.

Con la ventaja a su favor, manejó el partido y esperó a Brasil, que nunca encontró los caminos para llegar al arco de Corona y obligó al técnico brasileño a incluir la primera variante ya a los 31 minutos. Mandó a Hulk para intentar lo que no pudo hacer Alex Sandro, pero el fútbol brasileño se chocó permanentemente con la muralla azteca.

Neymar contra todos
En el inicio del segundo tiempo, Neymar se puso el equipo al hombro y gestionó las jugadas de peligro que llegaron al arco azteca. Quiso resolver todo, y fue imposible que completara una jugada, porque siempre estuvo bien escalonado y rodeado por tres o cuatro defensas rivales que le cerraron los caminos.

De todas formas, Brasil fue lo que hizo el crack de la selección olímpica, que cada vez que encaró hacia el arco de Corona provocó un suspenso en el estadio, aunque nunca lo hizo estallar con el grito de gol, y la potencia de Hulk, que por derecha dejó un surco y promovió el fútbol para buscar la igualdad, que nunca llegó.

México, muy aplicado tácticamente como en el primer tiempo y en todo el partido, esperó con dos líneas de cuatro, que resultaron infranqueables para el anunciado fútbol del equipo de Mano Menezes, que quedó en manos de las genialidades individuales y no del colectivo.

No obstante la aplicación defensiva, los mexicanos tuvieron opciones de ampliar a través de una chilena de Peralta, que se estrelló en el horizontal. Era más el equipo de Tena, y lo reflejó unos instantes después cuando a través de un córner, en el que Brasil defendió muy mal, otra vez Peralta, ahora de cabeza, estableció el 2-0, que parecía definitivo. Sin embargo, en los minutos de descuento, un pelotazo que desde el fondo mandaron a Hulk, y encontró por primera y única vez mal parada a la defensa, elevó el 2-1 al marcador.

El oro era de México, pero el fútbol es así: en la última pelota del partido, cuando el tri defendía y Brasil buscaba el empate milagroso, un centro de Hulk medido a la cabeza de Oscar, increíblemente no se transformó en gol.

Fue así que México, que durante un año se preparó para ganar el oro en Londres 2012, el sábado en Wembley tuvo su recompensa. Y Brasil, que sigue olvidado por la historia olímpica, esa en la que no pudieron ser campeones los más grandes como Ronaldo, Ronaldinho, Bebeto, Romário, Dida y Dunga, entre otros, ve pasar a otra generación de muy buenos futbolistas que frustran su sueño de colgarse la medalla dorada.


Fuente: Enviado a Londres

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