Recife: si huele a repelente, es uruguayo

Los brasileños no se hacen mucho problema por el dengue, los hinchas celestes sí. Previa del partido en Brasil

Enviado a Recife, Brasil

A las seis de la tarde se apaga el sol en Recife, pero el calor y la humedad continúan las 24 horas. En estos tres días que permaneció la selección, la temperatura rondó siempre los 30 grados. El miércoles, cuando alrededor de las 21 arribó el ómnibus de la celeste al hotel en la zona de Boa Viagem, se empezó a sentir el clima de Eliminatorias. Hasta entonces la gente hablaba del partido solo si alguien se lo preguntaba, pero todos sabían que volvía Suárez, que es amigo de Neymar y que Brasil no tiene un buen presente futbolístico. Están quemados con el Mundial y la paliza que les dio Alemania.

Además Recife no es un lugar donde la selección brasileña juegue habitualmente. El Maracaná de Río de Janeiro era su campo habitual, pero después del Mundial empezó a salir y esta vez llegó al nordeste brasileño, al estado de Pernambuco. Acá donde los hinchas del Sport Recife abundan y cuentan que en los torneos locales su equipo siempre es perjudicado por los arbitrajes. Víctimas de los árbitros existen en todos lados.

Pero el ambiente de Eliminatorias el miércoles lo pusieron los uruguayos, los hinchas, los orientales que llegaron hasta la ciudad de los arrecifes para alentar a la celeste, a Luis Suárez y de paso tomar coco en la playa. El miércoles, a la hora que llegó la delegación de Uruguay al hotel, habría unos 200 metiendo barullo en las puertas del Courtyard Marriot, ubicado a media cuadra de la avenida Ingeniero Domingos Ferreira y de un acueducto de un olor insoportable. Ataviados con banderas, con camisetas, con carteles, la mayoría con leyendas alusivas a Suárez, armaron un mini carnaval esperando a los jugadores.

Pocos lo pudieron ver al crack de Barcelona y a sus compañeros, porque la guardia de seguridad armó un aparato con vallas en la puerta principal y el ómnibus con la selección entró por otro. Corrieron con los celulares en mano cuando se dieron cuenta, pero fue tarde. Los días posteriores continuaron de la misma forma. Cuando la selección salió a entrenar a la cancha del Sport Recife, los policías cortaron la calle por unos minutos y no permitieron que nadie se acercara.

Los locales en tanto, solo exhibían algunas banderas de Brasil colgadas desde los edificios. No andaba gente con la verdeamarelha en el pecho, ni con banderitas en los autos. Es verdad que es una semana especial, pero hasta el jueves el movimiento era intenso en la ciudad. Recién ayer las calles estaban más vacías y el hotel más lleno. Tomar el ascensor era como esperar un ómnibus de madrugada en Montevideo. A toda hora hubo colas de gente para hacer el check in de entrada al hotel donde se alojó Referi.

Además de fútbol, también hay mosquitos y tiburones en Recife. "Un mosquito no puede ganarle a un país entero", dice una publicidad que se escucha en la radio del taxi. Se refiere a los cuidados que debe tener la gente para evitar el dengue. Los uruguayos se lo tomaron a pecho y se untaron repelente a más no poder. No había cómo fallar: si pasabas cerca de una persona hediendo a repelente, era uruguaya. Con respecto a los tiburones, hasta se lo toman en broma y venden remeras en la playa con la cara de un simpático "tubarao". Hay carteles en la rambla de la zona de Boa Viagem donde avisan del peligro de bañarse en la playa y con recomendaciones para hacerlo. Por la mañana la marea está baja y no hay problemas, pero de tarde sube hasta el muro, tapa toda la arena y ahí puede aparecer alguno con los dientes afilados y hambriento.


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