Razones del fracaso del Seven

Uruguay cayó con Brasil y Chile, quedó 4° y por primera vez en cinco años fuera de Hong Kong
Por dolorosa que resulte, la derrota ante Chile y Brasil en el Seven de Viña, la caída al cuarto lugar de Sudamérica y la eliminación por primera vez en cinco años de la Qualy de Hong Kong -que otorga un lugar en el Circuito Mundial-, no fueron casualidad. Las señales estaban hace tiempo, en base a méritos de los demás, realidades del rugby regional y fallas de Uruguay.

Primero, los resultados: la tendencia de paridad con Chile y Brasil viene de lejos en el tiempo. Con Chile casi siempre se fue parejo, en tanto Brasil se ha ido acercando en los últimos tiempos, de la mano de una apuesta de la federación brasileña al juego reducido, gracias a su ingreso a los Juegos Olímpicos. Eso le valió una invitación a varias etapas del Circuito Mundial para que mejore y logre ser un anfitrión a la altura.

Allí está una de las claves: en los últimos años, los vecinos han ido apostando decididamente al seven, conscientes que Uruguay se les ha despegado en XV. Un "efecto secundario" del trabajo del XV, que, además de ganarle a Brasil y Chile, lograba clasificar a un Mundial, ganar más competencia , transformar su Plan de High Performance y requerir más atención y jugadores. En alguna medida, fue lo que le pasó a Argentina, que ha reconocido que, con el crecimiento que ha tenido el XV, no puede destinarle la atención necesaria al seven.

Pero eso no es un justificativo para el Uruguay, que, aunque se sabe es el segundo objetivo, fue cayendo en su preparación durante este año. De hecho, en este verano jugó cuatro veces ante los rivales directos y solo ganó una: en el Seven de Punta del Este, ante un Chile que jugó con suplentes por una insólita llegada tarde al torneo, que lo obligó a jugar dos partidos seguidos. También quedaron por el camino los torneos de la temporada argentina, entre noviembre y diciembre, que servían de primera base para los jugadores.

Las señales
La posibilidad de que el segundo lugar de Sudamérica cambiara de manos se veía venir hace meses. De hecho, a Los Teros VII les costaba cada vez más ganarle a Brasil, y Chile. En Viña 2015 se logró en la hora, y luego a Brasil se le ganó por un cerrado 7-0 en Hong Kong, y más tarde también en los Panamericanos de 2015 y en el Preolímpico. Uruguay privilegiaba al XV al armar planteles y planificaciones, ante dos rivales que apostaban todas sus fichas al seven. Y así y todo ganaba.

Eso tiene también una explicación económica: World Rugby destina los grandes fondos de preparación al XV, mientras que el seven depende más del sistema olímpico. De esa manera, salvo que las cosas vayan mal en XV -o que tengan poderosos comités olímpicos detrás-, es lógico a donde apuntan las baterías los países.

Más allá de todo eso, se veía que las distancias eran cada vez más escasas, que el juego también, aunque, hasta ahí, todavía se ganaba por la camiseta. "Viene un tiempo de reflexionar bien, ver qué cosas se hicieron bien y cosas hay que mejorar. No podemos perder este tren, si paramos ahora y volvemos a entrenar en noviembre es desperdiciar todo lo hecho. Chile y Brasil juegan muy bien, nos siguen respetando la camiseta, eso nos sigue jugando a favor. Un día se va a acabar eso", reconocía el entonces DT Luis Pedro Achard a Referí tras el cuarto puesto Panamericano.

El cambio
Este año, la URU decidió un cambio en la cabeza del proceso, y terminó con el proceso de siete años de Luis Pedro Achard. Llegó el argentino Diego Rodríguez, quien había sido su ayudante en 2015.

El equipo empezó a entrenar recién el 20 de diciembre, ya que se decidió que los jugadores de selección jugaran por sus clubes el circuito uruguayo, algo lógico desde el punto de vista de los clubes en un año el sistema de selección fue prioridad absoluta por el Mundial, además de apostar a Uruguay XV, segundo seleccionado uruguayo, que tenía el desafío del Argentino de Uniones. Desde el punto de vista del seven, se sintió.

Se llegó al Seven de Punta del Este con tres prácticas. Y se notó: al equipo, con buenos jugadores, le faltaba ritmo y trabajo, y tuvo algunos puntos altos pero muchos signos preocupantes que se repitieron en Mar del Plata con la derrota 28-5 ante Brasil.

El déficit físico fue notorio: de hecho, Uruguay no hizo pretemporada, viajó con once jugadores a Mar del Plata (la lista era de 12), y terminó jugando con nueve por las lesiones. El equipo llegó físicamente muy desgastado a Viña. Pero además se decidió trabajar con un grupos pequeño de sólo 12 jugadores, lo que complicó a la hora de buscar sustitutos ante una lesión.

Con todo eso, se dio lo que se venía evitando en los últimos años: una derrota 19-12 ante Brasil en el final del partido, y otra clarísima por 26-10 ante Chile que terminó con las esperanzas.

"Jugamos con rivales mucho más preparados. La diferencia física con Chile, Brasil y Argentina es notoria, en lo físico sobre todo, selecciones qu se vienen preparando desde agosto. Nosotros nos juntamos el 20 de diciembre", dijo Rodríguez a Referí. "Para atrás no se puede cambiar nada, pero se puede hacer un análisis, hay que ser autocrítico, para que no vuelva a pasar. Al seven le faltó preparación, mis jugadores tienen talento", agregó.

Pese a quedarse sin Hong Kong, ahora queda el objetivo del Preolímpico, en junio. Visto el nivel mostrado, y los rivales (Canadá, Irlanda, Tonga, Samoa, entre otros) conseguir el título parece más que una quimera. De todos modos, quizás sirva para replantearse los errores que llevaron al fracaso de Viña, y empezar a reconstruir. Porque dentro de un panorama más que promisorio para el rugby uruguayo, el Seven terminó siendo una gran decepción. l

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