Rafael Nadal, el todoterreno

El español doblegó al número uno del mundo, Novak Djokovic, y se quedó con su segundo título en el cemento del US Open, demostrando que puede convertirse en el mejor del mundo jugando en cualquier superficie

Aplastante, pero no sin derrochar esfuerzo, demoledor, pero no sin pasar momentos críticos en el partido que resolvió, en general con una jerarquía y un corazón pocas veces vistos. Así el español Rafael Nadal se quedó con un nuevo título, el segundo del US Open y el decimotercero de Grand Slam, tras plasmar un marcador de 2-6, 6-3, 6-4, 6-1 ante el serbio Novak Djokovic.

No fue fácil, aunque por momentos parece que fuera de otro planeta e hiciera sencillo lo que es realmente posible para pocos en el mundo.

Y es que esa, quizás, sea la única manera de poder vencer al número uno del mundo, que ayer estuvo a la altura de los acontecimientos pero que se vio neutralizado por un inconmensurable Nadal.

“No hay nadie que me haga elevar mi nivel de juego como Novak (Djokovic)”, dijo el español al recibir el trofeo. No se trató de una frase hecha, sino de lo que durante tres horas y 21 minutos se vio en la cancha principal de Flushing Meadows.

Todo arrancó muy bien para Nadal y, aunque terminó mejor, debió sortear momentos muy complicados en el partido, donde Djokovic desplegó su mejor tenis y demostró todo su poderío, con el que recordó que sigue siendo el número uno del ranking de la ATP.

Pero Nadal ya está acostumbrado a pasar por estas instancias. No solo en el partido, sino en su carrera. Porque el año pasado se perdió la segunda parte de la temporada aquejado por las lesiones en sus rodillas y se pensó hasta en el adiós definitivo del español. Sin embargo, se rearmó, recuperó su condición física y retornó cuando creyó estar preparado. No titubeó en cancelar su regreso una y otra vez. Y tampoco en reaparecer en torneos chicos, en ATP 250 sobre el polvo de ladrillo de América del Sur. Desde allí construyó su gran retorno y, de la misma manera que su cabeza puede discernir qué es lo correcto sin apresurarse, así lo hace adentro de la cancha.

Porque en el momento más crítico fue cuando construyó su victoria de ayer. El primer set demoledor había pasado y llegó el momento de Djokovic, quien ganó el segundo parcial y se fue adelante en el tercero, casi expreso a lo que bien pudo ser un golpe de nocáut para el español.

Pero con el marcador 4-4, 0-40 y el saque, el español levantó un triple break point que luego confirmó ganando el set. Y allí pisó el acelerador, se hizo fuerte de nuevo, intimidó al serbio y no dejó pelota por correr y rincón de la cancha por cubrir.

Decir que basó su triunfo en tal o cual golpe sería desmerecer cada uno de los tiros ganadores que tuvo en el partido, o cada férrea defensa a la que Djokovic obligó.

Decir que ganó gracias a su despliegue físico, sería desmerecer la técnica única del español. Por eso, en el nivel de juego que pueden presentar tanto Nadal como Djokovic, ninguno de los ingredientes puede quedar afuera, porque cualquier error puede costar carísimo si queda en manos del rival. Si no, basta con preguntarle a Djokovic cuando dejó pasar tres posibilidades para quebrar y sacar por el tercer set.

Nadal volvió a ser el mejor y cerró el último Grand Slam del año con el título, un cheque de US$ 2,6 millones más otro millón por ser el mejor en la temporada de cemento, algo que otrora podía ser solo un sueño para el especialista sobre polvo de ladrillo.

El español alcanzó su décimo título en la temporada de 13 torneos jugados. La de ayer fue la duodécima final del año y completó 22 partidos consecutivos sin perder. El récord de la temporada, lo elevó a 60 victorias y tres derrotas.

Las cifras cantan y la cima del ranking quedó a la vuelta de la esquina.

 

54
Veces. fue las que golpearon la pelota Nadal y Djokovic en un solo punto. Fue en el segundo set y el punto sirvió para que el serbio quebrara y se adelantara 4-2.

 


Populares de la sección

Acerca del autor

Comentarios