Racing se permite soñar

Un agónico gol de Gonzalo Malán, de tiro penal, propició el triunfo picapiedra 1-0 sobre Wanderers

Match Point es una película de Woody Allen que empieza con una pelotita de tenis corriendo por el filo de la red mientras una voz dice que la historia se va a contar de una manera si cae para un lado y de otra se cae para el otro.

Óscar Tabárez, técnico de la selección, contaba que la película se adapta al fútbol y a la vida: “En el fútbol es lo mismo: si pega en el palo y no entra es una historia y si entra es otra. La gente que no reflexiona demasiado dice “pah, este tiene suerte” o “este tiene mala suerte”.

¿A qué viene el cuento? A que la realidad de Racing se puede adaptar perfectamente a la película. ¿Recuerdan como empezó la Escuelita el campeonato? Al término del primer tiempo que jugaba en Jardines perdía 2 a 0 y se podía haber llevado dos goles más al vestuario. A falta de 12 minutos para el final el resultado era inamovible. Pero la pelotita de tenis cayó para el otro lado. Racing lo dio vuelta y fue el inicio de la construcción de un sueño que se mantiene vivo.

Y ahora, jugadas seis fechas. La gente quiere que la pelotita de tenis caiga para el lado que más le beneficia de la historia sin importar la forma en que se consigue. Ahora el tema pasa por ganar a como dé lugar. Compartir la tribuna con los hinchas permitió comprobar que, al margen del estilo que intenta imponer su entrenador, cuando pasan los minutos los ruegos pasan por otro lugar. Esperan el centro salvador o el remate lejano al arco.

Fue lo que le pasó ante Tacuarembó. El elenco albiverde, que vive sensaciones desconocidas, se topó con uno de los tantos que le empezaron a complicar la historia. Es que Racing, al ser puntero, comienza a ser analizado de otra forma. Y le toman los puntos.

Tacuarembó se paró con línea de cuatro, tres volantes por delante y los delanteros con una misión clara: presionar a Dudok y Carlos Díaz apenas recibieran la pelota. Sin Nicolini en cancha la pelota no salió bien pulida desde el medio. Y Racing, sin generación de juego, se reiteró en el pelotazo largo favoreciendo el trabajo de los centrales de la visita: Padula Castro y Pérez. Las carencias quedaban más evidenciadas cuando se generó un amplio espacio entre los volantes que sacan la pelota y los que deben armar.

Se puede afirmar que la sacó barata el equipo de Sayago al irse 0 a 0 en el primer tiempo. Es que los dos volantes por las bandas, a la hora de volver, no se meten en el medio y el callejón central queda liberado para el contragolpe. Así, Tacuarembó generó cuatro situaciones. A los 6 un remate de Verges que sacó Contreras, a los 24 otro remate del 10 donde el golero hizo vista, sobre los 27 un cabezazo de Martín Rodríguez y a los 29 le quedó a Fagúndez solo y definió mal.

En el complemento Racing inclinó la cancha. De entrada Malrrechaufe amenazó con un cabezazo y enseguida una pelota a modo de centro bajo que metió Juan Pablo Rodríguez y sacó Pérez. Fue una brisa. Es que, cuando Moncecchi se dio cuenta de que Tabó lo estaba desbordando por la izquierda de su defensa, movió piezas. Retrasó unos metros a Franco Sosa para tomar como referencia a Tabó. Lo escalonaron para dominarlo. Y como Racing ataca rengo, porque por la otra zona va poco, se repitió.

El partido entró en un bajón del cual sacaba negocio Tacuarembó. Larriera mandó a Nicolini a la cancha y el 8 cambió el panorama porque empezó a manejar la pelota de otra manera. Pero no había forma de abrir el candado. Recién sobre la hora Juan Pablo Rodríguez sacudió la modorra con un remate donde la pelota se estrelló en el palo.

Pero cuando se jugaban los descuentos aquella pelotita de tenis de la película Macht Point cayó para un lado de la red. Tiro libre, centro de Juan Pablo Rodríguez, un zaguero que intenta restar, el golero descolocado y Sosa que la mete para adentro de su propio arco. El desahogo fue increíble. Racing otra vez en la cima. Ganando con una fórmula distinta a la que pregona su entrenador. Pero todo vale para mantener el sueño en pie.


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