¿Quién le pone límites a los inadaptados?

Insultan, salivan, agreden, son "dueños" de los ómnibus, obligan a cerrar comercios y ahora impidieron a un futbolista ejecutar un tiro de esquina
El Peñarol de Gregorio Pérez tenía una extraña virtud. Salía a la cancha con un futbolista que tenía un GPS en el pie. Pablo Bengoechea metía la pelota en un radio donde el rival no podía pestañar. Ahí, en el área, Peñarol fue amo y señor. Su superioridad lo llevó a conquistar el segundo quinquenio en la historia del club.

Contar con un ejecutante de las acciones de pelota quieta no es un detalle menor. Pasó con Bengoechea en Peñarol, con Forlán en la selección y ahora con Carlos Sánchez, que se terminó transformando en su sucesor.

¿A qué viene el tema? A que el pasado fin de semana un jugador de Peñarol fue a ejecutar un tiro de esquina y los hinchas lo impidieron. Fue agredido. Eso generó que el Cebolla Rodríguez sacara a Gastón Rodríguez (foto) del lugar y tomara para sí el papel del ejecutante de los tiros de esquina desde ese sector.

La magnitud que cobró al día siguiente el incidente con un portero en el Parque Central fue capaz de tapar todo. ¿Y si Peñarol tenía planificada una acción de pelota quieta con el ejecutante?

Y a esta altura vale preguntarse: ¿Quién le pone límites a los hinchas? El sábado en la cancha lo debió hacer Ferreyra.

Más ejemplos


Sin embargo, los hechos trascienden el campo. Por ejemplo, los hinchas violentos modificaron los hábitos de la gente para movilizarse en el transporte porque tiene que estar pendiente de que si hay partido en el Estadio Centenario, es posible que pase un mal momento en el ómnibus que pasa por esa zona.

Los barras transformaron los ómnibus en tierra de nadie. Van cantando, agrediendo e insultando y hasta se dan el lujo de hacer detener los vehículos para agredir a alguien con la camiseta del equipo rival.

Obligaron a cerrar comercios en las zonas aledañas a los estadios o en las rutas –cuando los grandes juegan en el interior– porque es habitual que sean saqueados los días de clásico.
Insultan y salivan cuando y como quieren. En ocasiones van armados, y hasta en alguna ocasión llevaron un perro a la tribuna.

Por otro lado, en las redes sociales campea la violencia escondida en el anonimato. A través de esa vía fue amenazado el presidente de River Plate, Willie Tucci.

El detalle más preocupante es que, en el incidente de Peñarol-Wanderers, no fue la hinchada de un equipo grande la protagonista del incidente, sino que fue la del bohemio, una parcialidad históricamente definida como de las más tranquilas del fútbol local.

Entonces el tema no se limita solo a los clubes con mayor poder de convocatoria.

Sin ir más lejos Racing sufre con un grupo que le quita la paz a su tribuna. Y Juan Ramón Carrasco se vio envuelto en problemas con la platea de River en el Saroldi.

A juzgar por lo expuesto, parece que nadie queda libre del mal. La situación inquieta y aumentan las medidas en cada torneo. Y las pruebas de lo que sucede son elocuentes. Los que van a la tribuna gozan de la libertad necesaria para determinar quien patea un córner.

Tal vez hay que detenerse un minuto en la frase que escribió el secretario deportivo de Plaza Colonia, Carlos Manta, en su cuenta de Twitter: "Los que dirigimos este Fútbol somos los arquitectos de estos desmanes por no saber poner límites y dar poderes que no corresponden".

Límites que traspasaron los hinchas


No festejar
Provocación

Los futbolistas han empezado a medirse hasta en el momento más sublime: cuando marcan un gol. El festejo puede ser tomado como una provocación. Si un jugador anota a su exequipo, es más dramática la situación.

Comercios
Cerrados

Algunos locales comerciales que se encuentran en las inmediaciones del Estadio deciden cerrar los días de partidos con clima caliente porque corren riesgo de ser saqueados.

Ómnibus
Tierra de nadie

El transporte público fue transformado por los hinchas en territorio peligroso. Innumerables choferes y guardas solicitan no trabajar los fines de semana por lo mal que la pasan.

Gente
Trastorno

La gente debió modificar algunos hábitos de su vida. Si hay partido hay que mirar bien la hora para asistir a un shopping en ómnibus. Es riesgoso llevar la camiseta de un equipo.

Provocar
Salivar e insultar

Salivar es un acto de violencia sumamente agresivo, sin embargo, en las canchas es común. Es común insultar a jugadores, técnicos, árbitros, dirigentes y periodistas, que también son víctimas.

Amenazas
Avalanchas

Las puertas de ingreso a las canchas son territorio peligroso. Se generan avalanchas, agresiones y amenazas y no hay seguridad que puedan contener a los hinchas violentos.

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