¿Qué tiene de atractivo el fútbol americano?

La historia de Peyton Manning reflejó el drama de uno de los espectáculos deportivos más sofisticados del mundo
"Las conferencias de prensa previas al Superbowl suelen ser previsibles. Sin embargo, casi inadvertidamente, Peyton Manning dijo algo que nos debería hacer detener a todos en nuestra obsesión 'cocainómana' del fútbol americano, porque nos recuerda el conflicto inherente a este deporte, el contraste entre el brillo y la pompa del Superbowl con la violencia gutural del deporte. Solemos olvidar las consecuencias físicas que tiene llegar a ese pináculo. Y un hombre como Peyton Manning nos lo recuerda. Manning había sido consultado acerca de Ken Stabbler, mariscal diagnosticado con CTE (encefalopatía traumática crónica, efecto de las lesiones cerebrales que sufrió en su carrera). 'Cuando sufres lesiones y cirugías, el doctor muchas veces te dirá, aunque no le preguntes: probablemente vayas a necesitar una cirugía de transplante de cadera en algún momento de tu vida. Pienso en el día que tenga 52 años y necesite esa cirugía'".

Lo anterior es un extracto de Mike Freeman, uno de los periodistas de fútbol americano más conocidos de EEUU. Y refleja, tras la fanfarria del Superbowl 50 que ganó 24-10 Denver Broncos el domingo ante Carolina Panthers, el drama que se esconde tras el deporte amado por EEUU –y cada vez por más gente en el mundo-. Y como dice Freeman, el elevado costo físico que asumen las multimillonarias estrellas del deporte.

Peyton Manning ganó su segundo Superbowl con Denver. El primero fue con Indianápolis Colts, cuando tenía 30 años. Un tiempo después sufrió una fractura cervical que lo obligó a una delicada operación y puso su carrera y su salud en riesgo. Volvió, aunque los Colts prescindieron de sus servicios. Recaló en Denver, donde renació.

En su temporada más floja y arrastrando un sinnúmero de lesiones, Manning llegó a su cuarto Superbowl con 39 años. No tuvo un buen partido: dos intercepciones y un balón suelto. Pero la defensa sacó la cara por él, como tantas veces hizo él con sus compañeros. Y así, añoso y con un cuerpo dañado, logró un argumento más para ser considerado uno de los mejores de todos los tiempos.

El Superbowl 50 fue un recuerdo más de esa línea fina entre gloria, pompa y drama. Thomas Davis, linebacker de Carolina, jugó con un brazo roto, reparado en dos semanas con una placa de titanio y 12 tornillos. "Por nada del mundo me perdería este partido", había dicho.

Manning también jugó todo el año con una fascitis plantar y con un nervio del brazo dañado por aquella operación de cuello, que le afectó su capacidad para lanzar el balón, su mejor virtud.

Eso, el drama, es uno de los argumentos que hacen que la NFL se haya convertido en el negocio deportivo más floreciente del mundo, con audiencias de millones en Inglaterra, México o Brasil. Es el deporte con mejor marketing del mundo, sí, el más violento también, pero a su vez también es el súmmum de la táctica. Es, quizás, el exacto opuesto al fútbol, donde la improvisación es la norma. Es el ajedrez con vida, aunque con una potencia física exuberante y muchas veces descontrolada. Pero ese pequeño porcentaje de improvisación es lo que muchas veces define todo: el heroísmo, tan retratado por Hollywood, del mariscal que arriesga su físico, que aún herido es capaz de escaparle a los defensas que van a destruirlo para lanzar el pase que signifique la victoria definitiva.

"El Superbowl trata de mantener sus consecuencias bajo llave. Trata de enfocarnos en los objetos brillantes. Y habitualmente lo hacemos. No esta vez. Nadie siente lástima por Manning. Tiene más dinero que algunas naciones pequeñas. Pero la clave es que, mientras disfrutamos del Superbowl, mientras comemos y bebemos con nuestros amigos, tendemos a ignorar el elemento intrínsecamente humano de este juego", escribió Freeman.

Como en la vida, en la cancha de fútbol americano puede pasar cualquier cosa, en cualquier momento. Dentro de eso, el partido del domingo fue aburrido, eminentemente defensivo, pero logró lo impensado: el viejo y deteriorado Manning se impuso cuando no era favorito.

Así, la historia escrita en los libros hablará de ese mariscal herido, lleno de fallos, que en 15 años seguramente camine con una cadera artificial, con los nervios del cuello severamente dañados, pero que dio todo por su última victoria. Es en definitiva, la historia del héroe americano, escrita en vivo y en directo. Y por eso, a pesar de la violencia y de la codicia, es un espectáculo de masas único en el mundo.

El escándalo de doping de Manning

Manning se vio envuelto este año en una dura acusación: un informe de Al Jazeera aseguró que el mariscal consumió hormona de crecimiento (HGH) para mejorar su rendimiento, y que eso era una explicación de su vigencia a los 39 años, que le permitió ser el más veterano en su puesto en ganar un Superbowl.
El testimonio sobre el cual basó Al Jazeera su informe fue un farmacéutico, Charly Sly, que aseguraba que le conseguía la hormona a Manning y a otras estrellas de la liga.
En realidad Sly fue grabado sin su conocimiento. La cadena usó a un ex ciclista, que se acercó al farmacéutico para supuestamente comprarle hormona de crecimiento, y allí Sly se largó a hablar.
Al Jazeera comprobó que Manning recibió HGH en su casa, aunque a nombre de su mujer. La familia aseguró que la esposa del mariscal la usa para un tratamiento médico.
Manning recurrió a Ari Fleischer, ex secretario de prensa de Bush, que mandó dos investigadores privados a la casa del farmacéutico unos días antes de que se emitiera el informe. Dos días después, Sly negó los hechos y sobre la grabación dijo que había tratado de lucirse mintiendo, cayendo en la trampa de que era un potencial cliente. Manning exigió una retractación a Al Jazeera.


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