¿Qué problemas? Río transcurre con alegría y buena organización

Pese a los pronósticos oscuros y las críticas previas, Río 2016 marcha sobre ruedas con espíritu brasileño, sin agua contaminada ni mosquitos
Enviado a Río
La pileta del centro acuático no se ajustó al diseño original, el natatorio Maria Lenk no se cerró, las obras del velódromo se terminaron con un atraso de seis meses, una ciclovía se derrumbó en abril matando a dos personas y la Villa Olímpica se abrió con graves deficiencias.

En la previa, la organización de los Juegos Olímpicos de Río generaban todo tipo de críticas y abrían un enorme signo de interrogación. Pero en los hechos, la realidad es muy distinta y todo marcha bien.

Lo dicen los atletas. Lo dice el día a día en Río con su gentío y sus traslados, con sus contrastes y sus inconmensurables dimensiones.

Moverse en el Parque Olímpico, un monstruo de 1,18 millones de metros cuadrados en Barra da Tijuca, es relativamente sencillo dentro del caos que supone moverse entre 20 mil periodistas, líneas de ómnibus internas para trasladarse a ochos estadios deportivos y otras tantas para salir a las instalaciones ubicadas fuera de Barra (Riocentro, Maracaná, Complejo Deodoro, Marina da Gloria o Copacabana).

El control de ingreso es estricto y siempre demanda una fila más o menos larga. Pero una vez en el parque no hay que superar más controles para cada escenario. Sí hay que hacerlo, claro, al llegar a las instalaciones deportivas ubicadas afuera.

El Parque Olímpico es un laberinto de vallas, carpas, andamios, fierros, conos y tablones, cercado por un tejido perimetral por donde hay que moverse en ómnibus, salvo en algunas instalaciones que están pegadas. Pero el flujo de los buses es constante y llegar, se llega siempre.

Los voluntarios locales son una mezcla de lenguas (portugués, inglés, portuñol y español) que resuelven todo más a buena onda que a manejo de situación.

Otra clave positiva es el transporte. En los Panamericanos de 2007, donde El Observador estuvo presente, los traslados fueron un karma. Esta vez, el carril preferencial ("faja olímpica", para los locales) funciona a la perfección dinamizando traslados. Además, se creó el BRT, un bus que se mueve desde el Parque por toda Barra y que conecta con el metro que lleva a Lagoa do Freitas o Copacabana.

Organizar los Panamericanos 2007 le dio a Río una plataforma de infraestructuras que siguen usándose: el natatorio, el velódromo (donde Milton Wynants ganó su última medalla), el Engenhão, el Arena Carioca 1 y lo que fue entonces el centro de prensa (utilizado en el Mundial de 2014) que es ahora un multipropósito para boxeo, halterofilia, tenis de mesa y bádminton.

El Engenhao se refaccionó en plena disputa del Iberoamericano de atletismo en mayo, el Centro Acuático no respetó el diseño original y se cerró con una lona a modo de maquillaje (Julio Maglione, presidente de la FINA quedó enfurecido) y el velódromo terminó refaccionándose con atraso. Pero a la hora de las competencias, cada instalación deportiva impacta por su calidad, colorido y construcción. Y porque además están llena de hinchas.

Dicen quienes tienen varios Juegos que Río está a años luz organizativos de lo que fueron Beijing y Londres. Pero en hinchada, color y fiesta, la Cidade Maravilhosa compensa mucho. Además, el hecho de haber arrancado con una ceremonia de apertura festiva y colorida ya lo hizo pisar fuerte de entrada.

Más allá de andamios y cemento, Río despejó en los hechos dos amenazas previas que terminaron siendo puro humo: la contaminación peligrosa de Guanabara y el virus Zika. "Lo único que ví es alguna bolsa, cada tanto. Habían dicho que si tragabas agua poco menos que te morías. Yo, cuando hay viento, trago agua a lo loco y no pasa nada", contó a Referí Dolores Moreira, competidora de yachting. Varios medios consultaron a Alejandro Foglia al respecto y el uruguayo respondió enfáticamente: "Está muy bien".

¿Y de mosquitos? Por ahora, este periodista no vio ninguno por lo que los golfistas que hicieron cola para bajarse del torneo alegando esa excusa, dejaron mal parado a ese deporte.

tres puntos claves de los juegos en infraestructura

Arena del Futuro
El espectacular escenario de hándbol, para 12 mil personas, se desarmará tras los Juegos para convertirse en cuatro escuelas públicas donde cientos de niños crecerán respirando deporte.
El Arena del Futuro fue la casa del hándbol en todos los partidos. Allí debutó Brasil a estadio lleno ante Noruega para firmar su debut con victoria en el certamen olímpico por 31-28 por el Grupo A y albergará también las fases finales.

la ciclovía
Se derrumbó en el tramo que unía Leblon y São Conrado, en la zona sur de Río y desde entonces está fuera de servicio.

centro de prensa
El edificio luce espectacular en las afueras, pero desde dentro queda claro que se terminó sobre la hora.

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